Las ventajas de la inseguridad

¿Qué es estar seguro? Imagina un juego, una competencia deportiva, un ascenso en tu empresa, cuando logras sentirte seguro ahí, qué es lo que ha pasado. Has logrado tener garantía de la presencia de factores necesarios para conseguir algo que quieres. Estar seguro por tanto empieza a ser relacionado con tener control sobre los factores que obstaculizarían lograr algo. Es decir, estás seguro cuando ya estás casi sobre la meta y todos tus oponentes fueron dejados atrás, o ya tienes el marcador ganador asegurado, usualmente sobre el final del partido -que no se te olvide-. Estás seguro cuando ya no puedes ser atacado, cuando ya tienes esas propiedades pagadas, ese ingreso que te da estabilidad, ¿no? La estabilidad es una palabra que aparece asociada a la seguridad, las hemos vuelto codependientes.

Pero, ¿no se puede obtener estabilidad sin seguridad? Pongamos que estás “estable” cuando sientes que pisas con los dos pies, pero entonces ¿si estas cayendo en un paracaídas, no lo estás?, ¿y seguro tampoco? La verdad es que es interesante considerar que la presencia de ambas nociones de forma constante en tu vida, tiene mucho de utopía. En esta era de la ansiedad, donde junto con la depresión y el estrés son las epidemias contemporáneas, tenemos que pensarnos mucho esta utopía, tal vez como una meta fantasiosa a la que debemos renunciar.

La verdad es que la vida no es segura, y para sentirnos estables tenemos que acostumbrarnos un poco al vaivén de las olas en mar abierto, como los navegantes. Pero esto es bastante difícil para nosotros, únicos seres sobre la tierra que pueden predecir, que han avanzado evolutivamente por su capacidad de predicción, y de, por tanto, tomar acción sobre hechos que pueden ocurrir, es decir, controlar para ganar supervivencia. El ser humano necesita tener control. En palabras de una consultante ansiosa, cuando fue superando esta tendencia emocional decía: “Ya no me siento intranquila, es increíble. Es que siento que ahora sí tengo las riendas de mi vida”. Al tomar las riendas de su vida, una gran cantidad de personas superan su ansiedad. Pero el problema podría continuar de no solucionarse el asunto a un nivel más profundo: sólo cuando depongamos el deseo de control podrá haber un cambio real hacia la seguridad personal, porque la ansiedad es un trastorno que altera nuestra mente haciéndola sentir frágil e incapaz, y por tanto agitada, necesitada de garantías y control, sintiendo la vida como abrumadora y gigante, pensando y pensando sobre cómo controlar hasta lo incontrolable, o cómo obtener certezas para poder anunciar lo que se viene. Pero ¿cómo dejar de desear el control cuando al sentirnos inseguros se activa nuestro sistema nervioso de una forma muy incómoda y hasta dolorosa, que nos hacer perseguir medidas de control como un tigre yendo tras la presa?

Tal vez haya que descubrir las ventajas de la catástrofe para aceptarla. Me tomé un tiempo para pensar qué sabiduría podría venir en la inseguridad. Qué posible beneficio podríamos percibir de este estado que parece tan nocivo y del que todos queremos deshacernos. Estamos en una paradoja; necesitamos el control porque nos garantiza nuestra supervivencia, pero necesitamos desprendernos de la necesidad de control pues no nos permite avanzar en la vida con tranquilidad, y hasta nos termina obstaculizando alcanzar metas, y por tanto atenta contra nuestra supervivencia. Es decir, necesitamos el control en su justa medida, y con flexibilidad, y la inseguridad es una emoción a la que por tanto deberíamos acostumbrarnos. Tal vez también la necesitamos. Si la escucháramos como advertimos las señales rojas que nos muestra el panel de control de nuestro vehículo, qué está diciendo sobre nuestra necesidad, para qué es buena.

Creo firmemente que la inseguridad nos permite ganar músculo emocional. Y hay siete beneficios que encuentro de aceptarla y tratar de integrarla en nuestras vidas. Sin embargo, hago la claridad previa de que estos beneficios solo los obtendrás si has logrado calmar la respuesta automática de tu cuerpo, y procesar tu estado de inseguridad, para lo cual solo te beneficiarán prácticas como la meditación, el trabajo de respiración, el yoga o ejercicios terapéuticos que te lleven a la calma. Así que respira para que la inseguridad no te esté nublando el pensamiento ni agitando demasiado, y piénsate esta manera de ver las cosas

En momentos de inseguridad:

1. Puedes reconocer lo que necesitas, y así conocerte mejor

Creo que esto es muy importante, pues cuando se activan tus inseguridades es porque ellas están denunciando una necesidad emocional que tienes. Si tienes esa inseguridad en tu trabajo, nunca sabes si a tu jefe le va a gustar lo que haces, y vives estresada, ¿no te das cuenta que estás teniendo una necesidad de sobresalir, de ser reconocida, de ser admirada, o de ascender, que está subyacente y es lo que te está enganchando al estrés? Y si además aprovechas para pensarte de dónde viene esa necesidad emocional sin resolver, de quién has esperado reconocimiento en tu vida, quién te pidió siempre sobresalir, etc., pues aprovecharás este momento de alta inseguridad para conocerte mejor y probablemente ir cambiando el patrón.

2. Puedes descubrir tu capacidad creativa

De toda inseguridad surge esa chispa del rebusque, de intentar otra cosa, de hacer algo diferente, y aunque dé mucho miedo, también una gran cantidad de personas terminan probando su creatividad para darle vuelta al asunto y ganar un poquito de “control” (el tan anhelado), sobre la situación. Esto no es poca cosa, puede contribuir a que descubras genialidades saliendo de ti! Crear nos hace sentir empoderados pero de una manera sana pues es flexible, es innovadora, promueve el pensamiento divergente y minimiza el temor al riesgo.

3. Aprendes a pedir ayuda

Aunque no dejes que se te vaya la mano, nadie tiene la obligación de “salvarte” y hacer todo el trabajo interno por tí. Pero en todo caso, somos seres que necesitamos el apoyo de otros, y esa motivación, inspiración o referente de superación que podemos encontrar en los demás, también es muy importante para ayudarnos a transitar el camino hacia convertirnos en personas más seguras.

4.Te toca aprender a renunciar al control (y éste es de los mejores aprendizajes de la vida)

Te va a costar, pero ni siquiera creo que tenga que señalar las grandes ventajas de aprender a fluir, soltar y aceptar lo que la vida nos pone por delante, viéndolo como un aprendizaje. Entre más renuncies al control, más adaptable, flexible, recursivo y resiliente serás, y por tanto tu supervivencia en la vida, tus logros, tu camino, va a ser más llevadero, llegando a buen puerto.

5. Puedes llegar a reconocer qué es lo importante, y así hacer un detox saludable en tu vida

Todos deberíamos llegar a una edad o nivel de consciencia en que nos demos cuenta que vivir presos de la necesidad de éxito, de aprobación, etc., no trae nada bueno a nuestro amor propio ni a nuestro crecimiento. En los momentos en que te sientes inseguro, puedes darte este chance de poner las cosas en perspectiva, y quedarte con las creencias que te son útiles

6. Puedes ser más realista

Cuando la persona se ha acostumbrado a ser un “risk-taker” también padece de exceso de confianza, lo que muchas veces nubla su criterio y evaluación de la realidad. Es decir, que no serás victima de tu ego, y puedes actuar desde un lugar más ajustado a la realidad.

7. Te activa el deseo de superarte

Tal vez es signo del legado más “animal” que tenemos, pero un poco de riesgo también nos puede retar a sacar la fortaleza y no dejarnos apabullar por la vida. Esto si has construido una mentalidad de aprendizaje y esfuerzo. Sé que no muchos la han construido, pero en todo caso los golpes de la vida están aquí para eso.

Poco a poco, entre cuidar nuestro cuerpo, aprender a relajarlo, a escuchar la inseguridad y mis necesidades, aprenderé a nadar por la vida, comprendiendo que sin querer agarrar el agua, es que puedo flotar. Y se fortalecerá mi confianza, que es la mayor ventaja que te puede dejar hacer el trabajo interno para superar la experiencia de la inseguridad.

Por Emma Sánchez

Por qué abrazar la incomodidad es psicológicamente sano

Mucho se escucha este consejo: “embrace the suffering”, abraza, acoge, acepta el sufrimiento como un paradójico remedio para la solución del mismo. Pero esta lógica que a simple vista parece irracional, requiere una explicación para muchos que pueden pensar “si me voy a tomar este remedio, explíquenme cómo diablos aguantarme el dolor, me va a curar de sufrir”.

Creo que ya muchos han reproducido las palabras de Buda, “el dolor es inevitable, el sufrimiento es opcional”, pero todo esto suena a veces demasiado difícil de aplicar cuando estoy sintiendo un dolor emocional, un vacío en el estómago, una opresión caliente en el pecho, un nudo en la garganta, las manos temblorosas, la respiración tan agitada o corta que parece que me fuera a morir, los músculos tensos, y la cabeza gigante llena de pensamientos incontrolables a mil por hora. Estoy sufriendo! y esto no parece una opción para mí! Se me impone.

El cuerpo nos duele tanto física como emocionalmente. El cuerpo es el canal por el que experimentamos el mundo, y él nos da señales claras que son muchas veces irresistibles muestras de dolor. Pero el dolor, como ya lo sabía Buda, es una sensación, en cambio, nuestra manera de interpretarlo es lo que puede hacernos sufrir. Es decir, el significado del dolor define el sufrimiento. Pongámoslo así con un ejemplo del profesor Petett: un atleta puede aguantar el dolor como parte del juego o la competencia a la que se dedica, pero en cambio sufrirá si una herida lo discapacita o causa su salida del juego. Una persona que es herida intencionalmente e ignorada, sufrirá más que otra quien es herida accidentalmente y tratada con cuidado. Por lo tanto, si tenemos formas de interpretar la realidad que no contribuyen a nuestra adaptación a la misma, nuestro sufrimiento será insoportable y muy frecuente.

A mí me gusta jugar con la idea de un “sistema inmune emocional”, o un “músculo emocional”. Se las expondré así, imagínense que ustedes llevan varios días sintiendo muchísimo malestar, sus músculos están adoloridos, también sus huesos, no pueden respirar, tienen la nariz congestionada, una tos espantosa, se sienten débiles, el sentido del gusto bloqueado, los ojos llorosos, dolor de cabeza y una fiebre en aumento. No pueden ir a trabajar o estudiar, no pueden funcionar, pensar, su cuerpo está gritándoles por todas partes, y su mente se focaliza cada vez más en el dolor. Usted puede estarse imaginando que lo que tiene es una gripa o una virosis, pero otra persona con sus mismos síntomas, de pronto los considera más graves, y piensa que se contagió de “Chikunguña”. ¿Qué está haciendo su cuerpo? Se está defendiendo de un virus, las células que quieren matar ese virus están activas, pero todo su cuerpo está sintiendo esa revolución. ¿Qué está haciendo su mente? Está intentando protegerla, porque eso es lo que hace el cerebro, él quiere que usted sobreviva, está diseñado especialmente para eso, así que él le está obligando a escuchar su cuerpo, a cuidarse y también, puede estarle advirtiendo de mayores peligros, para que usted vaya al médico y tal vez se cerciore de tener un tratamiento. El problema es que si su cerebro está habituado a leer síntomas de dolor o falsas alarmas como algo realmente grave, usted va a vivir ansioso.

Ahora bien, dos personas van al médico. Ambas describen sus síntomas dolorosos, una está imaginándose una Chikunguña o hasta un posible cancer, la otra está pensando que es una virosis. ¿Cuál está sufriendo más? El dolor puede ser el mismo, las interpretaciones diferentes. Para la primera este dolor es más significativo, más paralizante, más angustiante y se lo imagina más duradero o hasta posiblemente incurable. Para la segunda, este dolor es una molestia más pasajera, incómoda pero solucionable, una dificultad que quiere dejar de sentir pero que no altera su sistema nervioso como tal. Y el doctor tiene la misma solución para ambas, les dice que es una virosis, que debe cuidarse, guardar reposo en cama, tomar muchos líquidos, remedios caseros, un poco de acetaminofén para controlar la fiebre y el malestar, y dejarlo pasar. El doctor sabe que el sistema inmune de la persona está actuando y se va a fortalecer y va a combatir adecuadamente el virus que tiene. La primera persona no lo tolera, quiere que le quiten el dolor YA, no cree que pueda resistirlo más. La segunda no sale contenta del consultorio, pero qué se le va a hacer, pasa por la farmacia, compra jarabes, cancela compromisos, se mete en la cama. Lo acepta. La primera refunfuña, se queja, habla del problema todo el día, pelea internamente con su propio malestar.

Ahora ha pasado la enfermedad, la primera persona le cuenta a todos sus cercanos el evento traumático que fue superar este episodio tan terrible. O puede -es muy probable- que los dolores le continúen, que no salga rápidamente de la enfermedad. La segunda, por el contrario, dos días después retoma su vida y obviamente tuerce los ojos contando que lo pasó mal, pero deja el tema hasta ahí, la vida sigue, y hoy tiene más defensas para resistir un tiempo sin enfermarse.

Sin entrar en el terreno ya muy investigado de la relación de las emociones con el sistema inmune, pueden darse cuenta que esta misma dinámica mente-cuerpo aplica para todo. También aplica para cuando se nos termina una relación de pareja, y muchos sentimos lo mismo en el cuerpo que una enfermedad, cuando me rechaza alguien que amo, cuando no me dieron el empleo que quise. Pero obviamente, es mucho más difícil de pensar cuando he sido víctima de un abuso, un atentado, el desamor de mi madre, la violencia de mi padre. La manera como interpretamos el dolor depende de nosotros, pero es que nosotros dependemos en gran medida de muchos otros sistemas. En nuestras familias se vive una forma particular de interpretación de la vida, y en nuestras ciudades, países, culturas también. La manera cómo interpretamos el dolor también depende de nuestras heridas antiguas, de cómo nos ayudaron a superarlas, a vivirlas, a expresarlas o a confiar.

Abrazar la incomodidad del dolor es un reto, como el del futbolista o atleta que comprende que el juego viene con todas esas caídas y raspones, y ataques o maltratos incluso de otros. El juego viene con frustración, con ilusiones que no se cumplen, con campeonatos que se pierden y pelotas que no entran en la portería. Pero el deportista quiere jugar, y lo acepta, y se reta, y se conoce en el dolor, en la resistencia, y confía en sí mismo para superarla.

Muchas personas asisten a psicoterapia desesperados, como cuando acudimos a urgencias hospitalarias, dicen “quíteme esto ya”, pero no se puede, y tal vez no se debe. Algunos terapeutas, u orientadores, en su propia inexperiencia, -o ego de salvadores-, puede que se apuren a querer darles excesivos direccionamientos para que dejen de sufrir. No voy a negar que mantener la claridad sobre este punto es muy difícil para un terapeuta, y lo ha sido para mí. Puede que los terapeutas muchas veces digan algo como “deberías considerar hacer x o y”, pero la persona puede que aún no esté lista, que necesita sentir un poco más, así como la persona con virosis necesita también superar la fiebre, para salir de allí transformada por ese momento de duro aprendizaje, con un nuevo “sistema inmune emocional” fortalecido, mientras al menos, siente la compañía del terapeuta, el optimismo, la fe que le da, como un buen entrenador a un deportista, para que aguante un poco las patadas del partido, pero no se desconcentre de su objetivo. La gente es más fuerte de lo que cree, y muchos solo necesitamos alguien que crea en nosotros, y así sanamos de verdad.

Emma Sánchez

Psicóloga Clínica

“Los Necesitados”… de amor

Últimamente escucho mucho la palabra “necesitada”, “necesitado”. La escucho en términos peyorativos. La escucho en mujeres y en hombres jóvenes. La escucho en tono de burla. La escucho con el fin de agrupar en esa categoría a un pedazo de la población soltera. La escucho atada a la frase “qué pena ser…”, “no quiero ser…”. Pero lo más preocupante: la escucho vinculada al concepto de amor.

Para darles un poco de contexto les diré que para la mayoría de los jóvenes universitarios que atiendo, la idea de “necesitar amor” es una vergüenza peor que la de orinarse en los pantalones. Inmediatamente entras en una categoría terrible que se llama “necesitado” y andar con ese letrero en la cabeza te hace estar en el ojo del huracán de los comentarios de los demás. Es algo que debe evitarse a toda costa. ¿A qué costo? Al de no llegar a mencionar, aceptar, insinuar, o actuar de algún modo que pueda dar pie a que los demás piensen que yo “necesito amor”, incluso al costo de no reconocerlo ante mi mismo, o de sentirme avergonzado si lo acepto en una conversación confidencial con la psicóloga, y ni qué decir de una charla entre amigos.

“¿Y por qué esto es un costo preocupante?” podrían pensar ustedes. Pues bien, lo preocupante no es solo que una persona se sienta vulnerable al admitir que tiene una necesidad, humana además; sería ideal que no, pero vale, podemos entenderlo, no es fácil. Pero lo que me parece tan preocupante es que se trate del amor y de relacionarse con otro para construir un vínculo amoroso. Esto porque el amor es la más importante de las necesidades humanas. Y si se convierte en moda avergonzarse y atemorizarse de la necesidad más vital que tenemos, ¿qué nos queda como humanos?

Ya lo sé, me van a decir que la libertad, por la cual nos hemos abanderado todos en una lucha incansable contra todo lo que parezca dependencia. Ya sé que las mujeres teníamos que luchar, ya sé que tenemos que cambiar el paradigma tan romántico y hasta nocivo del amor de “sin ti no puedo vivir”, pero siempre volveré a insistir sobre este punto en todos los aspectos sociales en que lo encuentro, ¿por qué diablos para que los humanos rompamos con un paradigma tenemos que pasarnos para el extremo opuesto?. Ahora es una moda ser soltero, y es una moda que debe gustarte como hasta hace poco toda mujer creía que debía usar tacones o lucir maquillaje porque sino perdía su potencial femenino o algo así. El tema de querer una relación se convierte en automático sinónimo de “personalidad dependiente”, de soltera desesperada, o de mujer influida aún por la ideología patriarcal y los micromachismos. Hasta las amigas posmodernas saltarán rápidamente a una falacia lógica concluyendo que entonces no disfrutas de tu soledad, de tu vida, de tus amistades, de tu ser mujer moderna e independiente. Pero el tema es este: la gente cree que puede permitirse decir que no necesita el amor porque no sabe absolutamente nada de lo que es ser persona que habla y piensa, se relaciona, funciona y sueña en el mundo. Y no crean que desconozco que el amor no es solo el amor de pareja, (lo he dicho aquí muchas veces) pero aún así, el amor romántico también constituye parte de ese amor tan importante en el ser humano.

Déjenme explicarlo mejor. No hay manera de que el ser humano hubiera evolucionado en esta especie extraña y a veces insípida que es hoy en día sin la presencia del amor, no solo de la atracción de los sexos, sino de todo lo que de ahí para adelante constituye el relacionamiento amoroso; la elección de pareja, la creación de un vínculo desde la compañía, la colaboración entre sexos, la priorización del espacio del amor pasional y romántico. Desde que naces necesitas el amor más que la leche materna. No serías sujeto, no hubieras desarrollado capacidades cognitivas, emocionales y humanas si no hubieras recibido el influjo de un vínculo amoroso. Y no importa cuánto te llenés de amigos, el ser humano, desde que tumbó la idea del matrimonio por conveniencia económica y le dio lugar al matrimonio por sentimientos de amor, hizo un viraje muy importante hacia la permanencia del relacionamiento con el otro en tanto diferente pero válido, para ser compañero y complemento. Ese viraje es el que creo que esta nueva generación no sabe cómo sostener.

Creo que no sabe cómo sostenerlo más por desesperanza que por falta de deseo. Lo que esta generación ha visto es que en el matrimonio, el amor, no sobrevive a largo plazo, y eso frustra. Amar es una inversión alta, inviertes tiempo, sentimientos, vulnerabilidad, das acceso a otro a tu mundo interno, confiesas secretos, expectativas, complejos, dolores e inseguridades, inviertes también exclusividad, -en el mayor de los casos aún-, dejas de estar libre para otros posibles compañeros de vida y de futura reproducción, -si es lo que quieres-, y eso es un costo alto hasta desde el punto de vista evolutivo. Si a esta apuesta le sumas que vivimos en un mundo cada vez más diseñado para nuestra individualidad, en donde pensar en coordinarse con otro, -y sí, la palabra para mí es coordinarse, tener que unirse de modo armonioso- es peor que una tragedia, pues entiendes que ésta sea una elección insostenible. La manera como hemos concebido la idea de independencia y autonomía, pináculo de nuestros ideales actuales es incompatible intrínsecamente con lo que demanda el amor para poder existir; vínculo, coordinación, y por qué no decirlo, a veces renuncia.

Esta renuncia está tan mal entendida como mal comprendida me parece la idea de la independencia y la libertad. Estamos atrapados entre la elección imposible por la aparente magnífica autonomía versus la horripilante cárcel de las relaciones. Y, como lo dice Zygmunt Bauman en Amor Líquido:

“A TRAVÉS DE LA EXPERIENCIA DE OTROS LECTORES, RECICLADA POR LOS COUNSELLORS, LOS LECTORES SE ENTERAN QUE PUEDEN INTENTAR ESTABLECER “RELACIONES DE BOLSILLO”, QUE “SE PUEDEN SACAR EN CASO DE NECESIDAD”, PERO QUE TAMBIÉN PUEDEN VOLVER A SEPULTARSE EN LAS PROFUNDIDADES DEL BOLSILLO CUANDO YA NO SON NECESARIAS. O DE QUE LAS RELACIONES SON COMO LA RIBENA: SI SE LA BEBE SIN DILUIR RESULTA NAUSEABUNDA Y PUEDE SER NOCIVA PARA LA SALUD -AL IGUAL QUE LA RIBENA, LAS RELACIONES DEBEN DILUIRSE PARA SER CONSUMIDAS-. O DE QUE “LAS PAREJAS ABIERTAS” SON LOABLES POR SER “REVOLUCIONARIAS QUE HAN LOGRADO HACER ESTALLAR LA ASFIXIANTE BURBUJA DE LA PAREJA”. O DE QUE LAS RELACIONES, COMO LOS AUTOS, DEBEN SER SOMETIDAS REGULARMENTE A UNA REVISIÓN PARA DETERMINAR SI PUEDEN CONTINUAR FUNCIONANDO. EN SUMA, SE ENTERAN DE QUE EL COMPROMISO, Y EN ESPECIAL EL COMPROMISO A LARGO PLAZO, ES UNA TRAMPA, QUE EL EMPEÑO DE “RELACIONARSE” DEBE EVITARSE A TODA COSTA”

Pero no sólo es la cuestión de tener que elegir a un otro para relacionarse y entrar en la supuesta nefasta decisión de cerrar otras puertas, sino que también hay un elemento innovador; la velocidad. Bauman nos regala este otro fragmento: “Tal vez como lo señaló Ralph Waldo Emerson, cuando uno patina sobre hielo fino, la salvación es la velocidad”. Creo que no se pudo haber dicho mejor, cuando la calidad no ayuda, buscamos consuelo en la cantidad. Si las relaciones y compromisos no tienen sentido, no hay que buscarlas, ni decirlo a viva voz en una reunión social en donde todos están tan a la moda con la independencia y el descompromiso. Si las relaciones ya no son confiables y probablemente no duren, entonces cambiemos la pareja por “las redes”. Una vez hecho esto, “sentar cabeza” es más difícil pues no se tienen las habilidades para hacerlo, así que seguir en movimiento se vuelve una obligación. E incluso, si antes mantenerse en movimiento entre un compañero sexual y otro podría ser una experiencia gozosa, ahora también comporta el desgaste de un deber agotador. Para ver que la confusión y la incertidumbre que la velocidad ahuyentarían, aún sigue ahí. Como dice Bauman, “la facilidad que ofrece el descompromiso y la ruptura a voluntad no reducen los riesgos, sino que tan sólo los distribuyen, junto con las angustias que generan, de manera diferente”. Así que ahora podemos atrincherarnos en nuestra estrechura de miras compadeciendo, entre amigos y cocktails, a esos honestos y vulnerables “necesitados” de relación en un mundo de veloces conexiones y desconexiones. Pero por otro lado, ¿cuántos hay que quieren amor pero ya no saben cómo conseguirlo en un mundo que los mira mal por necesitarlo?

Emma Sánchez

Sanar el sistema nervioso para sanar emocionalmente

Para sanarnos tenemos que sanar nuestro sistema nervioso. Debemos comprender cómo podemos utilizar el cuerpo y la mente a nuestro favor. Todas nuestras emociones están atravesadas por la experiencia corporal, y si bien parte de nuestra sanación emocional implica comprender nuestra historia de vida, creencias, repasar experiencias, y poner por tanto a funcionar los niveles más abstractos de nuestro pensamiento, la verdad es que si no reentrenamos o reprogramamos el modo “default” o “piloto automático” con el que ha quedado funcionando nuestro organismo, vamos a tener unas curas pasajeras o superficiales.

El Sistema Nervioso Autónomo es todo el sistema que se encarga de controlar y regular de forma involuntaria los órganos internos, como el corazón, el estómago, los intestinos, así como enviar información a algunos músculos importantes en el proceso de activación del cuerpo ante estímulos del medio ambiente. Está compuesto por el Sistema Simpático y el Sistema Parasimpático. El primero prepara al cuerpo para situaciones que requieren estar alerta o usar la fuerza para defendernos, como ante experiencias de temor, vergüenza, ansiedad, etc. Estimula los músculos cardíacos, aumenta la frecuencia del corazón, dilata los bronquios y los vasos sanguíneos que irrigan el corazón. Además libera hormonas que afectan el hígado, llevándolo a liberar glucosa. Es el sistema que se caracteriza por respuestas de “Fight or Flight”, “defensa o huída”, pues prepara tu cuerpo para el ataque.

El sistema parasimpático en cambio, se activa durante los periodos de digestión y descanso. Reduce la presión arterial y las frecuencias cardíacas y respiratorias, y conserva la energía mediante la relajación y el descanso. Ayuda a conservar y restaurar tu energía y, por tanto, asegura un mayor bienestar a largo plazo. Se caracteriza por tanto por respuestas de “Rest and Recovery”, “descanso y recuperación”.

¿Por qué tenemos que comprender este mecanismo, y en qué se relaciona con el proceso de sanación emocional o psicológica? Pues bien, son los mecanismos claves para garantizar la homeostasis o balance del cuerpo. Tu cuerpo es una maquina perfecta que te ofrece los elementos necesarios para lidiar con los retos de tu entorno. Si hace miles de miles de años el ser humano necesitaba la activación del sistema simpático para defenderse del ataque de lobos o depredadores, o inclemencias climáticas, el problema de la actualidad, es que los factores de estrés y generadores de ansiedad se han vuelto crónicos. Las personas permanecen bajo constantes estímulos estresantes, por tanto el sistema de balance de su organismo empieza a funcionar mal, y como un carro al que se le recalienta el motor, en algún momento se va a fundir.

Estudios sobre el trauma además nos muestran cómo el cuerpo queda marcado por un desbalance en su sistema de activación, que hace que una persona que ha sufrido eventos emocionales que lo han sobrepasado, definición en últimas de lo que es un trauma, va a experimentar un sistema agitado, hipervigilante, más fácilmente violento, o desorganizado en su pensamiento. “El cuerpo lleva la cuenta”, es un excelente libro del doctor Bessel van der Kolk, quien investiga muchos casos de veteranos de guerra en sus procesos de desligarse del trauma vivido. De donde surge evidencia contundente de que si queremos la cura emocional tenemos que acudir al cuerpo.

Por esto es importante cultivar actividades que nos estimulen la calma, que nos ayuden a volver más habitual y predominante la tendencia del sistema parasimpático. En este sentido la meditación o mindfulness (atención plena), ha demostrado ser una práctica que, realizada con frecuencia, empieza a generar cambios en la activación de zonas cerebrales y disminución de otras, generando una predominancia del sistema “descanso y recuperación”. Cuando la persona logra esta predominancia a nivel fisiológico, entonces experimentará también cambios a nivel de su sistema inmune, su estado anímico, e incluso su concentración y capacidad de pensamiento analítico para solucionar o visualizar mejores posibilidades ante los factores estresantes de su entorno.

Así que inténtalo, medita un poco diariamente, tómate un espacio para conectar con una respiración más lenta y permite que tu cuerpo empiece a habituarse a la calma. Puedes reprogramar tu sistema nervioso, solo necesitas tiempo… y haberte cansado de vivir desgastado.

Una dosis de confianza para estar saludables

La confianza es una de las características más importantes en las relaciones permanentes tanto con miembros de la familia, parejas románticas, amigos y colegas. Los efectos positivos de la confianza son múltiples. Por ejemplo, en las relaciones románticas y la amistad, la confianza ayuda a construir intimidad, perdón y voluntad para el sacrificio. En las relaciones con compañeros de trabajo, la confianza ayuda a promover el trabajo en equipo, una interacción sociable y un comportamiento responsable. En realidad las relaciones saludables en gran medida dependen de la confianza.

Pero algunos estudios recientes*, han demostrado que la confianza no solo ayuda a este tipo de salud en las relaciones, sino que incluso impacta la salud física. Lo más interesante es que han demostrado que la confianza tiene una influencia positiva en la longevidad y la percepción de salud física de las personas. Se hizo un seguimiento de ocho años que reveló que estas personas continuaban gozando de una mejor salud. Luego de catorce años los estudios de mortalidad mostraron que aquellos con mayor confianza exhibieron mayores índices de supervivencia que las personas con bajos niveles de confianza confianza.

La pregunta sería ¿cómo la construcción psicológica de la confianza permite influenciar la experiencia de la salud física?. Sin embargo, investigadores de la universidad de Amsterdam proponen que el puente entre la confianza y la salud física está en los síntomas de ansiedad y depresión. Pues una confianza fuerte inhibe la aparición de ansiedad y depresión, lo que va a repercutir de forma obvia en la salud física.

Pero, qué es la confianza. La confianza es una percepción de benevolencia tanto en los actos de los otros como en las dinámicas de la vida en general. Las actitudes de confianza reflejan la mentalidad de las personas, sus expectativas positivas de que cuentan con parejas o personas que pueden cuidar de ellos y ser responsivos a sus necesidades, ahora y en el futuro.

De hecho, otras investigaciones han demostrado que la confianza está asociada al ajuste y vitalidad en las relaciones cercanas. Por esto, la confianza es un elemento central en cómo y porqué los los miembros de una pareja exhiben motivos benevolentes y comportamientos constructivos en sus relaciones.

Sin embargo, todos nosotros hemos encontrado algunos inconvenientes en el proceso de construir confianza con otros, o hemos pasado por la incomodidad de este proceso. Pues bien, es que la confianza emerge y se desarrolla dentro de una relación, en las llamadas “situaciones diagnósticas”. Estas situaciones son en las que cada miembro de una pareja, por ejemplo, tiene necesidades emocionales diferentes, y debe evaluarse si se pondrán por encima las necesidades de la otra persona antes que las propias. Sin que esto indique obviamente que para tener confianza en el otro, éste deba siempre sacrificarse, pero estas situaciones en donde se dan disyuntivas entre el deseo propio y el del otro, permiten que las personas evalúen que tan “dignos” de confianza son los demás con quienes están construyendo una relación cercana.

Las decisiones o comportamientos en estas situaciones diagnósticas van a generar el sentido de confianza que se irá construyendo posteriormente. Por ejemplo, María y Pablo son pareja, y los jueves Pablo tiene noche de poker con sus amigos, la cual no se quiere perder. Sin embargo, el jueves próximo cumple años la abuela de María y la pareja está invitada. Dependiendo de la respuesta de Pablo ante la decisión a tomar, María se sentirá segura y respaldada, o por el contrario, insegura y desconfiada si siente que Pablo se prioriza únicamente a él sin tener en cuenta las necesidades de ella.

Ahora bien, cuando los sujetos entran en interacciones “diagnósticas” como éstas con expectativas de confianza, son relativamente más seguros y relajados acerca de la interacción. Por ejemplo María sabe que puede confiar en Pablo, y por tanto estará más relajada para conversar de sus planes, y no solo de los planes del jueves en la noche, sino de los planes de vida. Y a su vez, Pablo se sentirá más seguro para manifestar sus verdaderos deseos sin que su pareja lo ataque con desconfianza.

En contraste, las expectativas desconfiadas generan inseguridad y ansiedad. Si María cree que él va a poner siempre por encima sus intereses sobre las necesidades de ella o de la relación, se va a generar preocupación y reactividad en las conversaciones. Dado que los miembros de parejas con baja confianza tienen expectativas negativas sobre los motivos “pro-relación” del otro, suelen estar más preocupados con la posibilidad de resultados negativos.

Lo mismo pasa por ejemplo en el ámbito laboral. Hay investigaciones que muestran que los empleados que tienen baja confianza en sus empleadores permanecen más ansiosos y estresados, y se enganchan en preocupación obsesiva con pensamientos de rumiación sobre los problemas. La preocupación puede ser entendida como una cadena de pensamientos e imágenes, una escalera de afecto negativo y relativamente incontrolable, que representa un intento de comprometerse en la solución mental de un problema cuyo resultado es incierto pero contiene la posibilidad de uno o más resultados negativos.

Por esto debemos huirle a las preocupaciones. Estas son un factor que genera trastornos de ansiedad y depresión. Y está más que demostrado que estas emociones sostenidas de manera crónica se relacionan con altos niveles de presión arterial y por tanto riesgo cardiovascular. Por un lado o por el otro, vivir en la desconfianza que se nos ha enseñado a tener ante la vida, ante los demás, ante nuestras parejas, es como tomarnos diariamente un poco de veneno. En nuestra sociedad colombiana, o por qué no decirlo latina, estamos siempre sintiendo que el otro nos puede engañar, atacar, herir, así que nos protegemos de mil maneras, casi que culturalmente sentimos que ser inteligente o “avispado” es ser desconfiado, pero en realidad solo estamos enfermándonos y enfermando nuestras relaciones.

De nada sirve que vayas mil horas al gimnasio o al yoga si tu corazón no está tranquilo de confianza. Prueba una dosis de confianza diaria, reta las prevenciones que te han dicho que tienes que tener, y me cuentas cómo te sientes en unos meses.

Por Emma Sánchez

La trampa de la pasión

Es una de las frases más escuchadas en nuestros tiempos. “Encuentra tu pasión y síguela!” “Trabaja en lo que te apasiona!”, “Busca tu pasión!” etc. Y cuando socialmente tenemos un discurso que supone un cambio de paradigma, pero que además también es aprovechado de forma salvaje por la industria del marketing, se merece al menos que interpongamos unos cuestionamientos. Esto de buscar la pasión viene de lo aburrida que estaba la sociedad de las anteriores generaciones con la vida tan organizada y llena de esquemas cuadriculados y convencionales que los metían a todos en sacos del “deber ser”. Entonces obviamente, como quien sale de un mal matrimonio en el que no puede hacer nada, luego se desata y quiere hacer todo con su libertad. Dentro de toda esta confusión humana, el marketing ha hecho de las suyas porque nos ha ofrecido ideas específicas de lo que debe ser esto de “encontrar la pasión”, lo cual se vuelve como buscar el santo grial. Esta imagen tiene filtros espectaculares y hermosas fotografías de playas o lugares de aventuras, digital nomads en pinta viajera riendo sin haberse lavado el pelo, emprendedores con tiempo para vivir (porque el trabajo de oficina sí que se parece a un mal matrimonio), y así, todos confundidos, hemos iniciado una búsqueda como exploradores ciegos en el terreno de nuestros talentos y deseos para ver si alguno se corresponde con esta anhelada pasión, nos toca la fibra tan fuerte como se supone debe ser, o nos hace tener la perseverancia maníaca de los emprendedores exitosos que hoy dan charlas en TED o que seguimos por redes, auténticos incansables apasionados que parecen mantenerse en un orgasmo larguísimo que ya no sabemos si no tenemos por malos amantes o porque no estamos diseñados para semejante cadena de logros, todos proviniendo de la bendita pasión inalcanzable.

Paul O’Keefe, profesor adjunto de Psicología en el Yale, quien participó en un estudio sobre la pasión, nos dice que “los seres humanos suponemos que nuestras pasiones o intereses solo necesitan ser ‘encontrados’ o revelados. Además, creemos que al descubrirlos estarán desarrollados por completo”, pero advierte que esto es una tontería. “Según esa lógica, al dedicarnos a nuestra pasión, la motivación debería ser inagotable y la tarea debería parecernos relativamente sencilla”, señaló. ¿Van viendo la trampa de la “pasión”? Nos hace creer que la cosa es fácil, que si voy a seguir mi pasión que podría ser la actuación de teatro, o el skateboarding, ya debo tener los talentos y capacidades adecuadas, y que simplemente por el hecho de que soy “super apasionado”, las cosas seguro se me van a dar.

Cinco estudios examinaron teorías sobre el “interés”, o pasión, categorizando la forma de pensar de las personas en dos: está la idea de que los intereses personales son relativamente fijos (teoría fija), o la de que se desarrollan (teoría de crecimiento). Se encuentra que las personas que siguen la teoría fija son más propensas a desalentar o moderar intereses que estén afuera de los intereses ya existentes para la persona, y también son más propensos a desconectar la motivación de su pasión cuando el camino de las pasiones se encuentra con obstáculos que no se pudieron anticipar. Por tanto cuando se vuelve difícil comprometerse con un nuevo interés, la motivación languidece significativamente en las personas que tienen esta idea “fija” de la pasión, en contraste con los que tienen una perspectiva de crecimiento, quienes estarían dispuesto a encontrar nuevas pasiones, y además a comprender que ellas crecen y se perfeccionan con un trabajo que toma tiempo. Por esto, según los autores de estos estudios, apurar a las personas a encontrar su pasión puede hacer que ellos “pongan todos los huevos en la misma canasta pero luego boten la canasta entera cuando se vuelve difícil de cargar”. (https://www.ncbi.nlm.nih.gov/pubmed/30188804)

Entonces así se nos va complicando el tema que parecía de solo cerrar los ojos y explorar en tí mismo para encontrar el santo grial que después de esto te sacaría de todos tus problemas en un camino “placentero” directo al éxito. Pues no, porque tener una pasión no significa que seas bueno para eso, o al menos “bueno” al nivel de perfeccionamiento que te requeriría un mayor éxito en la materia. Y “Si por naturaleza no somos buenos para algo, es muy fácil ponernos una etiqueta y convencernos de que sencillamente no servimos para eso. Si conservamos esta mentalidad de impotencia aprendida hasta nuestra edad adulta, cuando no conseguimos algo al primer o segundo intento, creemos que es mejor claudicar”. Es por esto que pongo el énfasis en “placentero”, y más aún diría que muchas veces asociamos “placentero” con “fácil”. Cuántos de ustedes tienen un interés que les encantaría desarrollar pero al pensar que “no son buenos naturalmente”, es decir que no tienen el talento, o que les implicaría un proceso displacentero e incómodo de aprendizaje, lo abandonan porque supuestamente la pasión a la que deberían dedicarse es algo que ya debe estar más desarrollado, más completo.

Así que tendemos a internalizar ese miedo intenso de ser muy malos para algo y no poder hacerlo, y ese miedo nos impide disfrutar las dificultades y batallas por lo que son en realidad: elementos necesarios y sanos de cualquier proceso de crecimiento para alcanzar el éxito. Pero si piensan en ustedes cuando eran niños y estaban aprendiendo a caminar, se darán cuenta que tal como todos los niños se cayeron miles de veces, y hubo unos padres o adultos alentándolos a seguir, y ustedes, tal como los demás niños, se volvieron a poner de pie con una sonrisa emocionada cada vez que dieron un paso, hasta su siguiente caída. Si de niños hubieran tenido esta mentalidad fija, o limitada en las pasiones, o esta idea de que para invertir emocional y físicamente en algo se debe tener la garantía de ser bueno para que salga rápido y fácil, pues ninguno de ustedes hubiera aprendido a caminar, o a hablar, o a montar en patines.

Entonces, como dice Varda Konstam, otra teórica que analiza los problemas de los adultos emergentes que en sus 20s están enfrentándose a su mundo laboral y además a esta imperiosa necesidad de encontrar la pasión, para así “autorrealizarse”. Pero ella nos pone sobre la mesa que el impedimento para esta realización es asociar la pasión a la idea de perfección. Si las separas, tal vez puedas perseverar mucho más, desalentarte menos, permitirte explorar más pasiones y por tanto abrir tus caminos, y volverte a levantar sonriendo como el niño que YA fuiste y que se volverá a caer solo unos pasos más adelante.

Qué es el apego y por qué es importante. 10 principios para entenderlo

Aclaremos algunos puntos sobre el tema del apego. Coloquialmente se dice que vivamos las relaciones sin apego, pero esto se hace sin comprender a profundidad lo que significa esta noción, y su importancia y presencia en el desarrollo emocional de los seres humanos. Retomando una síntesis clara de Susan M. Johnson, me parece importante enumerar los puntos claves de este malentendido concepto para que lo puedan ver de una forma sencilla.

1. EL APEGO ES UNA FUERZA MOTIVACIONAL INNATA de los seres humanos. Cuando nacemos los humanos somos frágiles y vulnerables y requerimos de mucho cuidado y protección de nuestro entorno y de figuras significativas como la madre y el padre. El apego es una tendencia innata del individuo por crear un lazo de afecto con otro y mantener el contacto. La dependencia ha sido patologizada en nuestra cultura, pero el apego y sus emociones asociadas son el núcleo que define la forma de nuestras relaciones cercanas. Los seres humanos somos seres sociales, por tanto, es absolutamente esencial en nuestro desarrollo.

2. LA DEPENDENCIA SEGURA COMPLEMENTA LA AUTONOMÍA. No existe tal cosa como una independencia completa de los otros o una sobredepedencia. En realidad hay solo una “dependencia efectiva o inefectiva”. La dependencia segura genera autonomía y autoconfianza. La dependencia segura y la autonomía son dos lados de la misma moneda, en vez que polos excluyentes. El “Apego Seguro” esta asociado con un sentido más positivo, coherente y articulado del YO. Entre más estemos conectados seguramente, más separados y diferentes podemos ser sin sentir ansiedad.

3. EL APEGO OFRECE UN REFUGIO SEGURO. El contacto con las figuras de apego es un mecanismo de supervivencia innato. La presencia de nuestros padres, hijos, esposos, enamorados, provee comfort y seguridad, mientras percibir inaccesibilidad de parte de esas figuras genera ansiedad. La proximidad a las personas amadas tranquiliza el sistema nervioso. Es el antídoto natural para las inevitables vulnerabilidades de la vida.

4. EL APEGO OFRECE UNA BASE SEGURA. También ofrece una base segura desde la cual los seres humanos explorar su universo y responden más adaptativamente a su ambiente. La presencia de esta base motiva la exploración y una apertura cognitiva a nueva información. Promueve la confianza necesaria para el riesgo, el aprendizaje y continuamente actualiza modelos de sí mismo, otros y el mundo ayudando a ajusutarse a nuevos contextos. El apego seguro fortalece la habilidad para hacer un paso atrás y reflexionar en un mismo y sus propios comportamientos o estados mentales.

5. LA ACCESIBILIDAD EMOCIONAL Y LA RESPONSIVIDAD ES LO QUE CONSTRUYE LOS LAZOS. La emoción activa y organiza el apego. En especial la construcción de bloques de lazos seguros que sean emocionalmente accesibles y responsivos. Una figura de apego puede estar fisicamente presente pero emocionalmente ausente. El estrés por la separación es el resultado de una figura de apego inaccesible. Este es el compromiso emocional crucial y la confianza que ese compromiso estará cuando se necesite. En términos de apego, cualquier respuest (incluso rabia) es mejor que ninguna.

6. EL MIEDO Y LA INCERTIDUMBRE ACTIVAN LAS NECESIDADES DE APEGO. Los comportamientos como la búsqueda de proximidad son activados cuando sentimos que el lazo puede ser atacado por aspectos externos. Un sentido de conexión con alguien amado es un dispositivo de regulación emocional primario incorporado en nosotros.

7. LA ANGUSTIA DE SEPARACIÓN ES PREDECIBLE. Si en nuestro contacto con el otro falla la respuesta comportable y la conexión emocional, el proceso prototípico genera protestas de rabia, volverse persecutorio, depresión y desesperación. La depresion es una respuesta natural a la pérdida de conexión. La rabia es la manera de hacer un con un otro inaccesible. Que es lo que genera el patrón de “persecución-distancia” que les hablo en el video “La ansiedad y el apego en la relación de pareja”, que pueden encontrar en el siguiente link: )

8. LAS FORMAS INSEGURAS DE COMPROMISO PUEDEN CLASIFICARSE. El número de vías que lo shumanos tenemos para lidiar con la falta de responsividad en nuestras figuras de apego es limitado. Las respuestas de apego están organizadas en dos dimensiones: ANSIOSAS Y EVITATIVAS. (Esperen mayor profundidad en el tema en mi siguiente artículo!)

9. EL APEGO ENVUELVE CREENCIAS Y MODELOS SOBRE EL YO Y LOS OTROS. Nos definimos a nosotros mismos en el contexto de nuestras relaciones más íntimas. Las estrategias de apego reflejan la manera de procesar y lidiar con las emociones. Algunas personas catastrofizan y se quejan cuando se sienten rechazados, mientras otros guardan silencio por días. En un “Apego seguro”, que no es evitativo ni ansioso, las perosnas saben que son merecedoras de amor y cuidado y se sienten competentes y eficaces para proveerlo a sí mismas, y también son capaces de confiar en los demás.

10. EL AISLAMIENTO Y LA PÉRDIDA SON INHERENTEMENTE TRAUMATIZANTES. No todos hemos vivido experiencias traumáticas fuertes, las cuales están muy vinculadas a nuestras formas de apego posterior en la adultez, pero sí podemos rastrear siendo introspectivos y observadores, cuáles son los patrones familiares que han impactado nuestra manera de vivir las relaciones más significativas.

Por esto, conocer nuestro estilo, las creencias y experiencias que nos marcaron en la construcción de apego con los otros, nos ayudará a hacer consciencia del paquete emocional que estamos trayendo a nuestras relaciones, pues tanto las tendencias ansiosas como de distancia pueden hacer daño a nuestra pareja y a nuestra felicidad.

Por Emma Sánchez

La intimidad balanceada en la pareja

#amor #pareja #intimidad #psicología

Puede que la palabra intimidad te haga pensar en la imagen de una pareja dentro de su habitación, sobre la cama, disponiéndose a tener sexo. Es de las imágenes más íntimas que tenemos, por eso cerramos la puerta y no queremos ser interrumpidos. Sin embargo, la intimidad sobre la que planeo referirme en este artículo hace referencia a un concepto mucho más amplio, y a la vez la piedra angular de una relación.

Empezaría por decir que una “relación íntima” es aquella en que podemos ser quienes somos, y se permite al otro hacer lo mismo, por lo cual, como resultado, estamos “conectados”. Retomo aquí la definición de la terapeuta Harriet Lerner, quien pone el énfasis en que “ser quién somos” requiere que podamos hablar abiertamente sobre las cosas que son importantes para nosotros, que podamos tomar una posición clara en la cual pararnos ante los problemas emocionales importantes, y que clarifiquemos los límites de lo aceptable y tolerable para nosotros en una relación. Y “permitirle al otro hacer lo mismo” significa que podamos permanecer conectados emocionalmente a la otra parte (mi pareja), quien piensa, siente y cree de manera diferente a la mía, sin necesidad de cambiarlo, convencerlo o ajustarlo.

¿Qué tal el reto? Cuando me detengo y lo vuelvo a leer pienso que debería imprimirlo en tamaño poster y pegarlo a la puerta de la habitación, para leerlo como un mantra cuando en nuestra “intimidad” quiero “cambiar, convencer o ajustar” a mi pareja!

LA DANZA BALANCEADA DE LA INTIMIDAD

Es una danza entre el YO y el NOSOTROS, y es una danza muy compleja. Lerner plantea que “una relación íntima es una en que ninguna de las partes silencia, sacrifica o traiciona su YO y cada parte expresa fuerza y vulnerabilidad, debilidad y competencia en una forma balanceada” (Harriet Lerner). Suena maravillosamente complicado. ¿Cómo tener una forma balanceada en las emociones dispares de dos personas? Creo que nos toca retar la idea de lo que es el balance. El balance no es un punto muerto, estático, no es el punto fijo o eje de una rueda. El balance de todo aparato, ser viviente, o sistema humano consiste en un movimiento dinámico. Tu organismo está balanceado si ingiere alimentos y excreta deshechos, si inhala oxígeno y exhala dióxido de carbono, nuestro corazón está balanceado si mantiene el ritmo de apertura y cierre de sus válvulas. Así sucede con todo lo demás, en todos los planos que componen nuestro mundo. El balance es una cosa que respira, que vive; es dinámico. Para obtenerlo tenemos que estar perceptivos de la situación, el ambiente y los otros a nuestro alrededor. Tenemos que mantener flexibilidad y agilidad, para que podamos ajustarnos rápida y calmadamente de un momento al siguiente. El balance es el resultado de práctica.

ANSIEDAD Y REACTIVIDAD

Pero aquí viene otro problema; “ajustarnos rápida y calmadamente”. Si nuestra meta, como señala Harriet Lerner en su libro “The Dance of Intimacy”, es “tener relaciones donde ambos, hombre y mujer, no operen a expensas de su YO, y tener un YO que no opera a expensas del otro”, ¿cómo no va a sobrevenir ansiedad tratando de mantener la relación y a la vez mi mundo personal? Los límites pueden sentirse como barreras y las formas en que cada uno lidia y afronta los problemas o las emociones son diferentes, la misma idea que cada uno trae sobre cómo debe ser una relación es personal y cargada de historia. La ansiedad por sostener el amor y a la vez no perdernos es todavía más presente hoy en día debido a nuestra cultura que valora cada vez más la individualidad. Y el impacto inicial de la ansiedad en una relación es siempre el de una reactividad incrementada.

La reactividad es una respuesta automática, nos dejamos llevar por nuestras emociones sin la habilidad para pensar sobre lo que deseamos expresar o por qué estamos sintiendo lo que sentimos. La reactividad es ese piloto automático que nos va a jalar hacia nuestro lado del ring. O tal vez el piloto automático que nos hace subirnos al ring de boxeo muy prontamente ante las diferencias con mi amado(a). Perdemos toda la objetividad para pensar en nuestro YO. Puede que sinceramente querramos que las cosas se calmen y tener una conexión más íntima con el otro, pero seguimos haciendo lo que siempre hacemos, lo cual nos lleva a más de lo mismo.

Por esto, el comprender nuestro estilo individual de navegar el estrés en una relación es muy importante, puesto que lo tendemos a repetir incluso más intensamente en un campo emocional ansioso.

POLARIDAD VS. INTIMIDAD

Ir al núcleo de la ansiedad es clave porque está más que comprobado que seremos menos exitosos manejando un problema (cualquier problema) si lo hacemos desde un lugar de intensidad y reactividad. Trabajar en mantener baja la ansiedad en la relación tiene que ser una prioridad de ambos, debido a que la ansiedad lleva o dispara la reactividad y la reactividad lleva a la polaridad. ¿Qué es esto? Simple! El juego del gato y el ratón! “Todo lo que él hace es distanciarse, y todo lo que ella puede hacer es perseguir”. Y la polaridad es la enemiga de cualquier conexión íntima.

Al tener una relación en donde la ansiedad no sabotee la intimidad, logramos que la conexión emocional con la pareja cada vez sea más fuerte, sólida, estable, y en esa unión estable, en donde cada uno puede ser quién es con el otro, y sentirse amado, valorado, libre a la vez que acompañado, es ahí en donde se crea esa especie de equipo bien compenetrado que puede afrontar el mundo, construir familia, superar cambios en la libido sexual, en la salud, en la juventud del cuerpo, en las finanzas, en la educación de los hijos, en los lugares para viajar, en las relaciones con las familias de origen, en las metas laborales. Todo lo que pasa durante el ciclo vital de una pareja puede sobrevivirse si cada uno ha explorado las fuentes de sus ansiedades, asume su responsabilidad y realiza un compromiso por encontrarse en el medio, un “medio” dinámico dentro de un entorno amoroso, pues solo en movimiento la rueda está en balance y por tanto gira estable.

Por Emma Sánchez

Crear un “Nosotros” poderoso. Un baile de coordinación

“No hay otro equipo humano que contenga la riqueza de espacios vivenciales y conductuales como el mundo de pareja. Resulta coherente, entonces, que aun cuando sea una aventura de alto riesgo, igual nos aventuremos. Hay rocas, hay grietas, hay caídas y dolores. Pero si lo logramos, la fuerza que adquiere esa díada no es comparable a equipo humano alguno, y los niveles de excelencia que alcanza en los espacios de acoplamiento son también excepcionales. La increíble potencia de la relación”. (Coddou y Méndez, La aventura de ser pareja)

Las personas seguimos insistiendo en formar pareja a pesar de que cada día más parejas se separan. Continúa siendo poderosa la necesidad del amor y del amor que se vive de cierta manera: la de la conformación de un núcleo de dos que se acompañe en los avatares de la vida. Y creo que en gran medida esto sigue sucediendo porque el ser humano encontró en esta configuración algo muy poderoso, algo que reproduce el vínculo esencial que le permite desarrollarse. Sé que, como todo, la manera en cómo entendemos lo que es ser pareja también se va transformando y es objeto de continua revisión, pero el interés y deseo de construir un vínculo con otro, que prime en el tiempo y que satisfaga algunas necesidades emocionales muy importantes que tenemos como individuos, persiste en nosotros y es motivo de las más grandes alegrías así como de los más intensos sufrimientos.

La cuestión es que crear una relación de pareja implica la coordinación desde un “nosotros”. La relación de pareja es una elección de compromiso que se espera se realice desde la emoción del amor, con un otro con el que se desea crear un equipo para toda la vida. Y además, se espera que sea un par, alguien con quien no se den dinámicas de dominación ni de sumisión. Pero este equipo, como todos, tiene una secuencia de coordinaciones integradas y la misma relación requiere que sus miembros le estén dando forma continuamente, llevándola a nuevos niveles.  

Ahora bien, el proceso de acople (y desacople) con el co-equipero de la pareja es un proceso que siempre me ha parecido muy interesante, y que como mujer he vivido (y sufrido) de variadas maneras, y como terapeuta he escuchado las más inimaginables formas. Están desde las parejas para las que el acople y enamoramiento fue instantáneo en ambos y como un torbellino intenso en que las piezas parecieron encajar perfectamente. Están las que alguno de los dos quería acoplarse al otro en un ritmo diferente, con un nivel de intensidad diferente, los no correspondidos, a los que los miedos les hace zancadilla, etc. Y sin embargo, las características del proceso inicial de acople no son garantes de un resultado exitoso o frustrado de la relación de pareja. Es decir, no se separan menos las parejas que se acoplaron instantáneamente o se separan más las que tuvieron dificultades iniciales; en muchas ocasiones incluso es al contrario, pues las del segundo grupo pudieron haber aprendido a conocerse realmente mucho más rápido en las dificultades y por tanto crear una mejor coordinación.  Es interesante porque qué más deseado que un acople perfecto, inmediato y además inolvidablemente intenso. Ay! Cómo nos gusta esa especie de vida telenovelesca, de cuentos de hadas, de media naranja. Cómo nos encantan los actos de perfección, tanto como los de magia.

Pero y cuando tengo ganas de comer y el otro no tiene hambre; cuando tengo frío y el otro está acalorado; cuando me gustan las películas francesas y el otro quiere ver hollywood! Y no solo es es la perfección del acople en el baile con el otro; en el “baile relacional”, no es la sorpresa de ser tan distintos. Sino que además quiero que el otro sepa sin tener yo que decir nada. ¿No nos dijeron que era así el amor verdadero? O sea, un salto en el vacío. Desde la perfección del acople me surgen ganas de un salto mortal, como dicen Coddou y Méndez, dos terapeutas de pareja chilenos: “espero que el otro se me meta para adentro y sepa lo que yo quiero, pienso, me gusta, me disgusta. […] Pero si le digo… no es gracia. Si no sabe, si no se ha dado cuenta, no me quiere lo suficiente. Quiero a otro mago”. Esta especie de adivinación del pensamiento que queremos en la pareja, obedece a una añoranza infantil. Piénsenlo y verán que se parece al deseo de tener una madre que reconoce si el sonido de su bebe es de hambre, cólico, sueño, mamitis, o caca. Esperamos que la pareja interprete el lenguaje analógico (corporal, de acción) con la precisión del digital (verbal), y como bien lo señalan estos terapeutas; “sin cordón umbilical!”. Y así andamos creyendo que amar y ser amad@ implica que el otro me mira y me sabe y me lee, como si la vida pudiera ser un acople espontáneo, y el amor un acto de perfección.

Pero a ver, hagamos un duelo a esa idea y desprendámosla de la misma raíz que nos tiene enfermos en todos los ámbitos de la vida. Queremos ser sin mancha, perfectos, vivimos inseguros de nuestros pasos, queremos el trabajo soñado, que se acople, las relaciones de amistad y familiares perfectas, y no nos hemos dado cuenta que tal vez lo maravilloso del amor es el vértigo del cambio posible, el no saber. “¡Donde había un amarillo de repente aparece un morado!”. Pero el respeto a lo misterioso es la cosa más desconocida que tenemos como sociedad; es más, el respeto a mi propio misterio. Puede que hoy tenga ganas de contarte de mí, de dejarme llevar por mis ensoñaciones de futuros posibles, de mis emociones hacia ti, y ayer estaba en silencio, solo tuve monosílabos mientras preparaba el café y el desayuno. El cambio mío y el cambio tuyo se vuelven un objeto misterioso que nos da pavor. ¿Por qué hoy amaneció tan callado mientras que anoche no paraba de hablar?. Pero, ¿y si ambos nos invitamos en nuestros cambios, yo te pido, tu me pides?. ¿Si asumimos que al estar juntos iniciamos todo el tiempo caminos desconocidos?, tan nuevos que tienes que mostrarme cada curva y cada hoyo del camino para no caerme.

La curiosidad de no saber, el alerta de un decir, de asumir el infinito que somos.

“Te invito a armar mundos nuevos, un pedazo mío, un pedazo tuyo y un mundo nuestro,

     Que a veces el ronroneo interminable de caricias solas

     Que a veces la fuerza y la pasión de hacer el amor

     Que a veces la sola contención de la angustia

     Que a veces tu mente práctica y ordenada haciéndonos el preciso dibujo requerido.

La coordinación en el lenguaje, una coordinación de amor” (Coddou y Méndez)

En el lenguaje vivimos, y no me refiero a que comunicarnos en el lenguaje sea circunscrito sólo al acto de hablar; la comunicación es un proceso completo, en donde los actos muestran fuerza y las palabras dan sentido. Al coordinar una comunicación completa, ayudo a coordinar el amor y valoro y respeto las emociones y necesidades mías y de mi coequipero, construyendo así un “nosotros” sumamente poderoso. Y poderoso puede que sea mejor que “perfecto”.   

Por Emma Sánchez

La ansiedad de status. Deseo de ser otro

“El sentimiento de que podríamos ser otro y no el que somos, generado por los logros superiores de aquellos que tomamos como iguales, nos provoca ansiedad y resentimiento”

Alain de Botton

Este artículo trata sobre la sensación de escasez, el discurso de carencia, esa obsesión que se filtra por los ojos y embota el cerebro de casi todas las personas de esta generación y cultura.  ¿Han sentido ustedes ese cosquilleo profundo cuando alguno de sus conocidos tiene un mejor apartamento, un mejor carro, se viste con el último grito de la moda que usted se quiere comprar y no ha podido? ¿O ha sentido esa pregunta obsesiva sin respuesta que dice por qué el otro está mejor si yo también lo merezco y he hecho todo mi esfuerzo? Esa tentación ardiente de tener más, esa obligatoriedad de tener más, porque incluso si usted no quiere más, de admitirlo lo mirarían extraño en la oficina, y lo podrían considerar una persona de “poco empuje”, e inmediatamente usted adolecerá de esa “ambición necesaria” para ser un triunfador a los ojos de todos. Pues bien, es la angustia existencial del mundo de hoy: “la ansiedad de status”.

Alain de Botton, un pensador de la vida cotidiana lo analiza señalando que “en las sociedades avanzadas nos pagan salarios elevados que aparentan hacernos más ricos, pero en realidad el efecto red puede estar empobreciéndonos, al alentar en nosotros expectativas ilimitadas y mantener abierta la brecha entre lo que queremos y lo que podemos afrontar” Ahora bien, no vamos a negar, ni De Botton ni yo, las ventajas innúmeras de la civilización ambiciosa, del deseo humano insaciable y de su increíble maquinaria cerebral que hay que explotar y desarrollar.  Pero es desconcertante la manera en que estas ventajas creadas por el ser humano van de la mano con el incremento de la “ansiedad de estatus”, siendo ahora más importantes que nunca el reconocimiento, el logro y las ganancias.

Si lo miramos con detenimiento estamos llenos de furor mediático por las historias de éxito de los grandes multimillonarios, que son unos pocos comparados con todas las historias de fracasos, angustias y sufrimientos de los que también intentaron serlo. Estos discursos inspiradores son necesarios, pero De Botton, señala algo que a mí como psicóloga me parece más que cierto; “esta sociedad ha vinculado ciertos recompensas emocionales con la adquisición de bienes materiales”, y pues bien, no son los bienes materiales lo que queremos, sino estas recompensas en afecto.

En esta época de grandes cambios tecnológicos, para este autor, el aspecto más extraordinario de la escena del trabajo tal vez esté en el fin psicológico, como dice De Botton “tiene que ver con nuestra actitud hacia el trabajo, y más específicamente con la amplia expectativa de que el trabajo puede hacernos felices y ser el centro de nuestras vidas”. Y aunque parezca sorprendente, este concepto es nuevo. En la Edad Media el trabajo era una esclavitud hasta que genios creativos del renacimiento como Leonardo Da Vinci mostraron que podía ser mejor hacer un trabajo extraordinario que ser un aristócrata ocioso. La pregunta que introduce este autor es: ¿si el centro de su bienestar y satisfacción personal está en su trabajo, qué hace cuando lo despiden, o se siente insatisfecho?.

Algunos dirán: pero ¿qué sería de nosotros sin nuestras expectativas de logro?. Yo los entiendo pues soy de las que considero que el trabajo me da una felicidad importante, sin la cual mi existencia se vería con su sentido un poco a la deriva, también soy de las que busca ser productiva y le da satisfacción los resultados exitosos. Pero el cuestionamiento cultural es tal vez éste: ¿cuál es el logro que estamos buscando? ¿Qué las personas sean felices creando y produciendo obras extraordinarias como Da Vinci, o que las personas sean felices escalando los peldaños estructurados por la cultura ambiciosa de beneficios económicos? Porque seamos sinceros, y como plantea De Botton, “La probabilidad de alcanzar hoy el pináculo de la sociedad capitalista es sólo marginalmente mayor de lo que era hace cuatro siglos la posibilidad de ser aceptado en la nobleza francesa, aunque al menos la era aristocrática era más franca, y por lo tanto más amable acerca de las oportunidades”. Hoy la gran mayoría de las personas que ingresan a un cargo en grandes organizaciones, no consideran su labor como suficiente, y por tanto ser CEO es un título deseado como ser el macho alfa en las comunidades de primates.

Y ustedes dirán en este punto: ¿Acaso ser competitivos no es propio de nuestra naturaleza humana?, sí, pero también ser colaborativos. Sin la colaboración nuestra especie nunca hubiera llegado a ser lo que es hoy. Y hoy la competencia es aún más dura pues la actitud de éxito tiene que traslucirse a toda costa en muchos mínimos detalles y en todo momento; desde la sonrisa permanente, la alta jovialidad, el discurso que muestra los conocimientos en los primeros diez minutos de conversación, la extroversión sin tacha, y por supuesto una ostentación de bienes materiales propios de las personas del estatus superior. Pero insisto, todo este cambio en la actitud del ejecutivo puede verse como algo positivo, incluso ha centrado el interés en cambios de paradigma del liderazgo, pero corre el riesgo de que el liderazgo de nuestro mundo actual no sea sino una moda impuesta, como el vestir de tacones o corbata para aparentar competencia organizacional. El liderazgo de nuestro tiempo y la consciencia corporativa, desde mi punto de vista, debería ser el liderazgo que permita desarrollar en las personas esa felicidad por la creación y no esa insatisfacción por no haber logrado aun los beneficios del superhéroe de nuestro tiempo.

Hoy nuestros líderes, grandes ejecutivos sufren de ansiedad, depresión, problemas familiares, falta de tiempo para compartir con sus familias, burn-out, y del famoso síndrome del “workaholic” que lo obliga a sentir que nunca es suficiente, permitiendo que el trabajo; esa felicidad central de su vida, se le filtre por la puerta de su casa, y se instale como una invitada que llegó para quedarse en la cama matrimonial y en la habitación de los hijos. ¿Acaso eso no es un precio muy alto por los altos beneficios del estatus deseado? ¿No es un obstáculo a la tranquilidad mental necesaria para hacer algo extraordinario? ¿No es esa una escasez, una sensación de carencia susurrando angustiada al oído y muy costosa de mantener?

Por Emma Sánchez

Todas las citas provienen del artículo “Encuentro con la verdadera identidad”, Laura Babini, Wobi Magazine, Agosto-Septiembre 2013.

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