El “problema” psicológico es una “solución” de supervivencia afectiva

El problema psicológico es la solución. La solución intentada para sobrevivir emocionalmente. Una solución que se ha convertido en fija y desactualizada e impide el crecimiento y la evolución de las personas. Una solución que ya no soluciona y por el contrario, trae sufrimiento.

En consulta la mujer S dice, por ejemplo, que desde que aquel hombre de su pasado la engañó, a ella le dolió muchísimo este engaño, y después de un tiempo, ya no solo le dolía este engaño, sino que ella hubiera confiado tanto, que no se hubiera dado cuenta, o sospechado antes. Así que aquí viene su solución: “voy a sospechar de todo en una relación con un hombre”, “no voy a volver a ser tan confiada”. Resultado: se salva de algunas relaciones en que pudo haber terminado igual, y hasta ahí, todo bien. Pero… tres años después encuentra un hombre dispuesto a una relación diferente. Nuevo problema: su solución anterior está volviéndose un problema en la nueva relación. Y su cuerpo ya siente sistemas de alarma de ansiedad todo el tiempo, ¿por qué? porque ella lo acostumbró a “sospechar de todo”. Esta nueva relación, desde la madurez, le exige confiar, y su solución la lleva a autoprotegerse en un nivel de menor crecimiento.

Ahora está la mujer L, quien cuenta que su padre era un hombre demasiado violento con sus tres hermanos varones. Los humillaba todos los días, los insultaba, los golpeaba, les repetía que no iban a ser nadie en la vida. Todos los días al llegar papá a casa, ella de cinco o seis años sentía una opresión en el pecho, ahogo, un nudo en la garganta y retenía la respiración (de lo cual hace consciencia apenas ahora a sus 47 años). Aquí viene su solución: “yo no puedo dar problemas”, “para que mis padres no peleen, yo tengo que ser buena”. Así la niña que fue la mujer L, se convierte en la mejor estudiante, nunca tiene una mala calificación, nunca dice lo que piensa, nunca se opone a la ley de su padre, nunca expresa sus necesidades, y cae en un perfeccionismo opresor. El papá no soportaba ningún error. Ahora ella tampoco soporta ninguno de sí misma. Su matrimonio tiene dificultades, y la idea de que este hombre la deje de amar “por su culpa” le hace sentir la misma opresión en el pecho, ahogo, nudo en la garganta y retención de la respiración, que sintió en toda su infancia. La solución es tan tirana y agresiva como el problema que la ocasionó: intentar tener valor y amor de un padre tirano.

Estos son pequeñas lecturas de casos que atiendo. Todos los días me encuentro con problemas y soluciones cuya base está en la necesidad afectiva básica, ser valorados y amados por nuestros “otros” importantes. Esta perspectiva nos permite pensar que un “problema” psicológico, lo que se considera un “trastorno”, es una forma de funcionar (un estilo de vida, en el sentido literal de la frase) que tiene que ver  con las experiencias afectivas y la forma poder “sobrevivir” en el entorno relacional y afectivo en que nos hemos desenvuelto.

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Lo que nos muestra la Teoría del Vínculo Afectivo de John Bowlby, -para mí la más importante para comprender al individuo-, es la conformación de unos tipos de relacionamiento afectivo con los “otros significativos”, basados en la forma de satisfacción de emociones muy fundamentales y necesidades emocionales que tiene todo niño, y todo individuo en su desarrollo.

Esta teoría del vínculo y apego es nuclear en la psicología humana, pues complementándose con teorías evolutivas, neuropsicológicas, y de psicología social, nos da un marco integral para entender lo que está en el núcleo de la constitución de patrones afectivos,de relacionamiento del individuo consigo mismo y con los otros. 

Reconocemos que para lidiar con la angustia de “ser alguien” en los afectos esenciales de nuestro contacto social, entramos en unas dinámicas que Mary Ainsworth (otra científica del comportamiento y el desarrollo que se suma al trabajo de Bowlby), divide como “ansiosas inseguras”, “evitativas”, “ambivalentes” o “seguras”. Ella, en su trabajo con niños en Uganda, encontró una información muy valiosa para el estudio de las diferencias en la calidad de la interacción madre-hijo y su influencia sobre la formación del apego. Ella define estos patrones de apego anteriormente señalados así: los niños de apego seguro lloraban poco y se mostraban contentos cuando exploraban en presencia de la madre; los niños de apego inseguro, lloraban frecuentemente, incluso cuando estaban en brazos de sus madres, les era difícil explorar y ganar autonomía; y otros niños que parecían no mostrar apego ni conductas diferenciales hacia sus madres. 

Así se van estableciendo patrones que corresponden con el mundo emocional, y que también influencian nuestros modos de relación como adultos. Podemos, por ejemplo tener un apego inseguro o ansioso en nuestras relaciones, o por el contrario, asumir el polo de la evitación afectiva, o distanciamiento, o generar un patrón ambivalente que pasa continuamente del deseo de conexión profunda al establecimiento de distancia. Todas estas posturas, si las observan, están orientadas a ayudarnos a protegernos emocionalmente del abandono, el rechazo, la pérdida o la poca valoración. 

Pero no solo van a influir nuestros modos de relacionarnos con los otros, sino también, por supuesto, con nosotros mismos. Esto es parte formativa fundamental de lo que luego se configurará como nuestra personalidad, nuestros modos de afrontamiento, nuestro autoconcepto, identidad, autoestima, estilo de aprendizaje, funcionamiento cognitivo, resolución de problemas, manejo y gestión emocional. Si lo vemos bien, todo parte de ese encuentro con el amor del otro, de nuestros primeros inicios.

Por esto ponernos en contacto con nuestras emociones de la infancia, reconocer quiénes fuimos, cuál es nuestro niño o niña interno que ha quedado lastimado. Darnos cuenta si sentimos negligencia o desinterés por uno de nuestros padres, o si sentimos que debíamos hacerlos felices y no decepcionarlos, o nos sentimos muy sobreprotegidos o asfixiados en nuestra necesidad de exploración del mundo. Todas estas emociones y formas de “ganar” valor o validación para nuestros personajes importantes en la infancia, nos ha trazado la ruta de nuestras relaciones “soluciones” y “problemas”. Y echar luz sobre esto, es empezar a realizar un proceso de liberación emocional en el que ganamos poder, nos podemos comprender y cambiar estas soluciones intentadas desactualizadas, por unas nuevas que no provengan del miedo a no ser amado.

Por Emma Sánchez

Mg. Psicología Clínica – Guía de Shinrin Yoku (Baños de Bosque)

Las 5 cosas que he hecho con la incertidumbre

La incertidumbre llegó como si nos hubieran timbrado en la puerta a las 3 de la mañana de un martes. No la esperábamos. La sorpresa por el Coronavirus y todas sus consecuencias en nuestras vidas no la pudimos (o no la supimos) prever. A ti, a mí y a todos, esto nos afecta. Somos personas que necesitamos estabilidad, control y seguridad en nuestras vidas. Todos tenemos temores y ganas de sobrevivir. A unos les será más difícil estar en casa que a otros, pero en últimas a todos nos preocupa nuestro bienestar. La reacción ante lo incierto, que opera como un detonante de muchos aspectos emocionales y particulares de nuestra personalidad, es un elemento de nosotros mismos que tenemos que conocer, para trabajar en él si sentimos que nos causa más sufrimiento del soportable, o del necesario.

Lo incierto esta ahí, como el timbre a las 3 am de un martes; es algo que se sale de la regla normal, que nos abre una ventana a algo inusual, que nos hace pregunta, que nos pone en suspenso. Pero mientras una persona se acerca a la puerta con la sensación de suspenso pensando: “¿Quién será a estas horas?”, otro puede que pegue un salto en la cama diciendo a grito herido: “¡Los ladrones!”. Son dos interpretaciones mentales que nos llevarán a reacciones emocionales y formas de actuar muy diferentes. ¿Cuál es la más saludable y eficiente? La que te da margen para reconocer tus emociones, manejarlas, evaluar la situación y elegir la mejor acción a tomar. Es decir, tal vez necesites preguntarte ¿quién será a estas horas? mientras te aproximas en mucho silencio, respiras profundo para regularte, no prendes las luces de tu casa, buscas un palo para defenderte, y tratas de buscar la manera de ver quién está afuera sin ponerte en riesgo, con los sentidos agudos, pero también la mente enfocada.

Lo incierto existe y necesitamos asumirlo. No todos han podido estar preparados, no muchos tienen las cosas acomodadas ni los fondos de ahorro de emergencia llenos, en un país como Colombia. Todo esto da más sensación de angustia. Necesitamos trabajar pero también necesitamos estar sanos. Necesitamos saber si nos vamos a enfermar todos, si al enfermarnos nos podemos morir, si vamos a entrar en recesión, si vamos a tener con qué pagar los siguientes meses de arriendo o de crédito hipotecario, o si mi empresa empleadora me va a despedir, o si mi emprendimiento va a sobrevivir. Queremos que esto no estuviera pasando, seguir durmiendo tranquilos sin que nadie hubiera venido a interrumpir el silencio de mi casa en la madrugada. Pero la situación nos exige asumirla, y eso implica alertar nuestros sentidos, tratar de buscar información, y comprender.

Es aquí donde muchas personas se encuentran con un estancamiento emocional que drena su energía. Así que aquí simplemente quiero transmitir de forma sencilla, 5 cosas que hice con la incertidumbre (tengan en cuenta que yo trabajo por mi cuenta como independiente).

1. Me inmovilicé. Me quedé un poco inmóvil unos días. Yo diría que fueron los primeros días de alarma en Colombia que estuve un poco como quien sabe que timbraron a la puerta, y que no es usual que eso pase a la madrugada, pero como quien quiere seguir durmiendo y explicarse la cuestión de un modo más positivo para no sentirse alarmista ni desgastarse emocionalmente. Sin embargo, haciendo un ejercicio de introspección rápidamente, preguntándome por qué estaba en esta sensación de inmovilidad, me di cuenta que fue un periodo de recoger toda la información posible. Como quien no se atreve a asegurar que en la puerta hay ladrones, antes de cerciorarse y evaluar todas las posibilidades. Fue una etapa normal de recoger datos y sopesarlos. Luego sí dije: “esto es serio”

2. Me dolí. Experimenté mis sentimientos de pérdida. Tuve una mezcla de sensaciones de tristeza por todas esas muertes en Italia, España y el mundo en general. Me dieron tristeza los profesionales de salud, me preocupé por nuestra sociedad colombiana, me puse a revisar si mi familia podría estar a salvo, y mi hogar también. Me preocupé por darle ánimo a otros (ustedes y mis consultantes). Sentí como un duelo, como cuando te das cuenta que sí te timbraron a la madrugada los ladrones, y entraron y te da tristeza que se te estén llevando las cosas, e impotencia también.

3. Me estresé. Me di cuenta que mi familia, mi pareja, mis cercanos y yo, estábamos tomando las medidas adecuadas. No me estresó tanto la posibilidad de contagiarme, sino el hacerme la pregunta: “¿Y ahora…?”. Tuve un día de dolor de cabeza terrible, y les quiero contar qué me pasó ese día, porque así, -con mi experiencia-, ustedes también comprenden lo que nos está pasando psicológicamente. Ese día me animé a pagar una deuda que tenía; que aunque sé que la debía pagar, pues era de tasas altas de interés, y lo hice sabiendo que además podía hacerlo (no arriesgaba mi subsistencia en el futuro próximo), desprenderme de una cantidad de dinero, en un momento en que todos estamos experimentando miedo de escasez, fue un detonante de incertidumbres financieras, que gracias a mi organización de los últimos años, no había vuelto a sentir. Y es normal que si estás experimentando pérdida de seguridad, temor por tu subsistencia, te angustie desprenderte de algo que crees seguro. No todos están pensando solo en la salud, están preocupados por el dinero, y es absolutamente normal, lamentablemente nuestro sistema capitalista (mis críticas dan para otro blog… o un libro) nos pone en este aprieto.

4. Me reevalué. Me gusta esta palabra re-evaluar. Evaluar que viene de “valuar” o “valorar”. Es aquí donde reside la magia de tu “sistema inmune emocional” y psicológico. Es la capacidad de “re-valuar”, de reinterpretar una situación, de mirarla con curiosidad, de añadirle otras perspectivas, de verla en el contexto general de tu vida, e incluso, ¡de valorarla! Es ahí, donde reside el super poder con el que cuentas, y que no te has dado cuenta que tienes. Si no dejas entrar el virus de tus inseguridades, toda, pero TODA situación de tu vida puede revaluarse. Re valorizarse. Re valorarse. Así que me encerré en mi estudio por varias horas durante varios días a mirar con lupa mi negocio independiente, sí, mi consultorio privado de psicología, mis expectativas con “Lluvia de Bosque”, o los encuentros de Ecoterapia y Baños de Bosque en Colombia, mi blog, mi “marca personal” como le dicen los de marketing. Lo que sea, me senté a pensar en lo que soy, lo que me caracteriza, lo que necesitan las personas cercanas de mi, lo que puedo ofrecerle al mundo. A recordar cómo antes superé crisis trabajando también como independiente, cómo antes me permití cambiar rumbos de mi vida, aprender nuevas cosas, trabajar en diferentes escenarios. Me senté a recordar lo importante de mi trabajo y para lo que soy buena. Me senté a agradecer lo que tengo, y a confiar en que “un día a la vez” iremos superando la incertidumbre.

5. Me impulsé. Aún no sabemos qué nos espera, pero yo no soy una persona que resista mucho tiempo tener un problema sin solucionar. Me impaciento, igual que cuando se me quedan los platos sin lavar. He aprendido a solucionar prontamente, aunque comprenda que los procesos de solución toman tiempo, que la cosecha no se da en el momento en que se siembra. Pero también he aprendido de mis plantas, de mi amor por la naturaleza y por el bosque, que nada crece si no se alimenta y cuida todos los días. Hoy escribo este blog con verdadero impulso, y planeo otras cosas, y pienso en cambios por venir, y me proyecté en un sueño que me parece realista. Hoy me impulsé a contarles mi proceso con la incertidumbre. Las montañas que he subido en la vida las he caminado sin saltarme pasos, así que solo un paso a la vez subimos con aire a la cima del Everest.

Espero que mi historia, ésta de una psicoterapeuta, psicóloga clínica que también lidia con sus emociones ante la incertidumbre, les aporte en algo hoy, para que vivan SUS fases, las de ustedes, no las de los libros, ni las de las recetas simples que muchos terapeutas intentamos darles en imágenes de reducido espacio, por las redes sociales. Vivan sus procesos, pero ojalá se permitan experimentarlos con autocompasión, entendiéndose como si fueran sus mejores amigos, y apoyándose para tomar aire de impulsos nuevos. Así se sale de las crisis.

Salud para todos!

Emma Sánchez

emmasanchez.co

@esmindful

No te escondas de los duelos. Afróntalos con 8 apoyos emocionales

Hacemos procesos de duelo constantemente en nuestras vidas. No solo cuando un ser querido fallece estamos experimentando un duelo, también cuando terminamos una relación, cambiamos de ciudad o país, o de etapa de vida. El duelo es un proceso curativo y de crecimiento. No te escondas de los duelos que debes hacer porque así será más difícil que crezcas en tu proceso de maduración.

El duelo es un proceso normal de dolor, aceptación y adaptación ante una pérdida significativa. No es una situación “anormal”, y aunque en muchas ocasiones se vive desconsoladamente o con mucha angustia, el duelo en realidad sana, está curando y limpiando aspectos de tu mundo interno que al fortalecerse te ayudarán a seguir adelante.

¿Por qué es tan difícil el duelo?

Puede darse por una pérdida, cambio o desapego impuesto desde el mundo externo, como una muerte, una enfermedad, una distancia de un ser amado que no fue producto de mi decisión. Y este tipo de duelo comporta una frustración mucho más fuerte, pues algo que deseas no se da, o alguien en quien tenías puestos muchos afectos ya no está. Has vivido una ruptura violenta y se siente como si perdieras tu piso, tu norte, no entiendes la situación, o no sabes cómo continuar.

Por otra parte, también está el duelo que puede sobrevenir de una decisión tuya, como el que viven personas que deciden emigrar de su país, pero aun así se encuentran a veces tristes, nostálgicos y angustiados por este desarraigo. Aunque lo hayan decidido, o sea un ciclo nuevo de la vida, se requiere un proceso de despedida del estado anterior, una reconfiguración de la anterior identidad construida, una pregunta sobre ¿quién voy a ser ahora?,¿qué me espera?

En todo caso, el duelo implica una despedida, enfrentar un vacío, decir adiós, avanzar sin una presencia en tu vida. Nos reta a comprender la impermanencia de todas las situaciones, relaciones y personas que nos rodean. Y esto va en contravía natural con lo que deseamos. Cuando amamos algo, o tenemos una situación que nos es familiar, es también normal que queramos que permanezca en el tiempo, pues nos provee seguridad emocional, estabilidad, confianza. Algunas personas cuentan con más herramientas emocionales para vivir las pérdidas, mientras que otras sienten a veces por muchos años que no olvidan con facilidad o no superan el dolor.

Implica una despedida, enfrentar un vacío, decir adiós, avanzar sin una presencia en tu vida. Nos reta a comprender la impermanencia de todas las situaciones, relaciones y personas que nos rodean

Por esto, crear el aprendizaje para vivir tus duelos personales, sean los que sean, del modo más compasivo contigo mismo, más sano posible para tu crecimiento, es muy importante. Si de verdad quieres aprender a vivir mejores duelos y procesos, debes preguntarte

– ¿Qué ha hecho en tu historia de vida que sea tan doloroso para ti el desprendimiento?

– ¿Qué ideas tienes con respecto a los cambios y las despedidas?

– ¿Cómo afrontaban los cambios y los duelos los miembros de tu familia?

– ¿Cómo alimentas tu mismo la nostalgia o el “exceso de pasado”?

– Si identificas un apego tal vez no muy sano, pregúntate ¿de qué te enganchaste con esa situación o persona?

Esto tal vez te ayude a tener más claridad sobre ti. Como si fueras un investigador un poco externo, escribe estas preguntas y registra lo que llegue a tu mente sin filtrarlo. Hacer un poco de Escritura Expresiva, solo dejando fluir las emociones en un journal, te va a ayudar a ir teniendo una perspectiva sobre las características particulares de este proceso emocional en ti.

Proceso del duelo

Habrás escuchado ya las famosas etapas del duelo. Pues bien, vengo a decirte que aquellas etapas (negación, ira, negociación, depresión y aceptación) fueron establecidas por Elisabeth Kübler-Ross investigando el proceso de ajuste emocional de personas con una enfermedad terminal, y extendiendo luego esta idea como un proceso de transición que también puede vivir alguien ante una pérdida importante. Yo pude confirmar -cuando trabajé años con pacientes con Insuficiencia Renal Crónica, Diabetes, y Trasplante renal-, que estas etapas se viven, pero también que cada persona puede vivirlas de diferentes maneras, en diferentes duraciones y hasta en desorden. Entonces me parece importante que si bien comprendas que es un curso o tránsito hacia la curación en donde te vas a sentir de diferentes formas, también quiero invitarte a vivir tus duelos sin presiones externas sobre cómo es “normal” o “no-normal” experimentarlo.

Lo que vas a vivir es un proceso de adaptación -no una enfermedad-, puede que estés triste más no eres “depresivo”, que estés angustiado y eso no te hace “ansioso”, que necesites apoyo más de lo normal y eso no te convierte en un “dependiente”.

Trata tu proceso con la comprensión de que el dolor sana un poco más con cada día que te des más apoyo a ti mismx. Ayúdate con autocompasión, sin crítica ni presiones de tiempo o escapes para evitar sentir el dolor. Quédate más en ti y menos en el afuera, y así, como si guardaras reposo de un virus, haciendo algunos actos de autoayuda cada día, irás sanando y saldrás de nuevo a tu vida con un sistema inmune emocional más fortalecido.

Para tener un buen duelo necesitas darte todo tu apoyo:

1. Descubriendo tu forma particular de vivirlo y respetándola: Que no importe tanto cómo dicen los demás que debes vivirla. No siempre tendrás que “ser fuerte”, o irte de fiesta, o tirarte a llorar sin comer. Tu encontrarás cada día la forma en que puedas irlo viviendo.

2. Recordando todas las veces que ya te has salvado antes (escribe la lista): Recuerda todas las ocasiones donde has sufrido, cuando pensaste que no ibas a resistir más dolor. ¿Qué pasó luego?, ¿Qué hiciste, qué te sirvió?, ¿Cómo fuiste tú mejor salvador(a)? Y si no lo fuiste en el pasado, entonces pregúntate ¿qué sería más sano para ti hacer ahora diferente?

3. Permitiendo que te duela sin temor al dolor (él pasará, tu quedarás): No le temas, del dolor emocional muchos podemos salir. Confía y siéntelo. Es tu sistema nervioso y emocional mostrándote que hay aspectos de ti que curar y atender. Abrázalos.

4. Estableciendo límites claros con los demás: Permítete buscar ayuda solo cuando la necesites, o también estar en soledad sin culpa. A veces los demás quieren ayudarnos con su presencia, pero nos llenan de muchas conversaciones u opiniones. Sin embargo, tampoco te aísles completamente. Elige de tus cercanos a quién sientas que te apoya mejor, e incluso explícale claramente lo que te serviría en este momento.

5. Permitiéndote progresivamente imaginar una vida sin lo que pierdes: A veces da culpa imaginarse una vida sin lo que pierdo, en especial cuando ha habido una muerte, o cuando alguien decide emigrar dejando a su familia atrás. A veces también en el apego del amor, creemos que no podríamos tener una vida feliz con nadie más como la tuvimos con esa persona. Esas ideas provienen muchas veces de aspectos infantiles sin resolver, de apegos inseguros, y de poca autoconfianza. Poco a poco, hacer el ejercicio de imaginar algo diferente, algunas nuevas posibilidades, puede ir abriendo un poco tu mente hacia la aceptación.

6. Agradeciendo por lo que tuviste y reconociendo lo que trajo a tu vida: Agradecer es un acto salvador. Es potente el efecto emocional que puede tener en nosotros, tomarnos unos minutos de agradecimiento, de sonrisa interna y profunda hacia lo que me trajo la vida con cada experiencia. Inténtalo diariamente, y vuelve también la mirada hacia el presente, a lo que está, esto te ayudará a tomar una mejor perspectiva de la continua evolución de la vida.

7. Sacando poco a poco los objetos sentimentales (o cortando contacto si es un duelo de relación): Hay que sacar, “eliminar para iluminar” como dicen por ahí, y este proceso va a movilizar emociones, así que debes hacerlo con autocompasión, con mindfulness, con presencia en tus emociones, llorar, sentirlas, ir poco a poco y al final, ir dejando objetos y elementos del recuerdo en lugares de más difícil acceso para ti. Vendrá el lugar vacío –real o virtual, o emocional-, pero ver el vacío, es al menos dirigir intencionalmente tu atención hacia otro lugar.

8. Practicando ejercicios de respiración, meditación o un nuevo hobbie relajante: Y esto me lleva a la última, que en realidad tiene que estar presente en todas las anteriores. Respirar y hacer momentos de mindfulness, es la dosis perfecta de sanación que puedes darte. Cuando sientas el dolor, ubícalo en el cuerpo, intenta cerrar los ojos, inhalar enviando aire hacia esa zona, y exhalar imaginando que el aire sale expelido desde ahí. Toma breaks de respiración constantemente, observa que tu exhalación sea más larga que la inhalación, y si te es difícil calmar un poco el mar de pensamientos, concéntrate en el conteo de los ciclos de tu respiración. El dolor lo vas a sentir, pero si le das unos minutos, también vas a sentir cómo se aliviana. ¡Y esto te muestra el camino!. Adicionalmente, intenta un hobbie nuevo, o una actividad que ponga tu mente un poco en calma o te relaje.

Recuerda que debes tenerte paciencia, no todos sanamos al mismo ritmo y para algunos el camino es más difícil. No te enojes contigo, compréndete, pero date un voto de fe de que sobrevivirás, y construirás una nueva vida después de tu pérdida.

Si necesitas ayuda en este proceso, puedes escribirme al mail emmasanchez@gmail.com y pedir información sobre mi psicoterapia online.

Por aquí te dejo la imagen a manera de un buen recordatorio para ti o para compartir con tus seres cercanos.

40 días sacando diariamente algo de mi casa. ¿Qué ha pasado con mi vida?

Llevo 40 días sacando, donando o botando cosas de mi casa todos los días. Quiero hacer la claridad que no soy, ni nunca he sido, lo que se llamaría “acumuladora”, tampoco millonaria ni mucho menos amante de las compras, pero todos los días durante 40 días he asumido pequeños y grandes actos que me acerquen a una vida simple y minimalista.

Hace un tiempo quise comprometerme con aquel adagio “less is more”. En el inicio de este año sentí un impulso incontenible de revisar todo el equipaje en mi mochila (mi vida) y plantearme si cada cosa estaba alineada con mis valores, mi ser auténtico, mi intención de vida. Una vida con sentido y propósito requiere iluminar hábitos nocivos, tendencias inconscientes, complejidades innecesarias.

No solo se ha tratado, para mí, de vivir con menos por un deseo de abstención y dejar contribuir al mundo consumista que no me gusta, en el que no deseo vivir, sino que también se ha tratado de querer vivir una vida más ética, sostenible, ecológica y libre de tóxicos en el hogar. Además, se ha tratado de volver a ponerme en contacto con quien soy, de limpiar el computador, el celular, las redes sociales, el tiempo invertido en prácticas que no aportan. Y finalmente, de aprender a cuidarme, haciendo mi elección consciente de la forma más eficiente y efectiva de vivir dejando el estrés por fuera de mi vida. Y no vengo a decir que lo conseguí del todo o para siempre, pero sí es más fácil con el método de una vida minimalista y simple, saber dónde están los pequeños focos de ansiedad que pueden aparecer, donde está lo que parece un problema y es solo falta de organización y de creencias limitantes sin revisar. Todo internamente también empieza así a iluminarse y a entrar en su lugar.

¿Qué me ha pasado en estos 40 días y cómo ha sido esta experiencia? Aquí te expreso los 5 simples y gigantes cambios que me han sucedido. Tal vez te animes a dar primeros pasos. Esto es solo el comienzo para mí.

1. Tengo cajones, estantes y espacios vacíos. Y me encanta

Cuando empecé esto que se ha convertido en un hábito, -el de revisar y sacar a donar o botar-, ya estaba pensando que iba a “tener” que comprar una cómoda con cajones extras para organizar mi bisutería y otras cosas más, puesto que mucha estaba desordenada en una especie de “caja organizadora” abierta en uno de los estantes del mueble del televisor en la habitación principal. Yo estaba sintiendo la necesidad de quitar todo ese desorden de ahí, y cuando intentaba hallarle lugar en cualquier otro espacio, ¡todo estaba lleno! El closet lleno y los cajones del baño llenos, y en una mesa de noche ni siquiera me cabría todo eso, además de lo que usualmente uno introduce en los cajones de las mesas de noche.

Ah! Pero hablemos de la mesa de noche. Resulta que aunque mi pareja no es tan organizado como yo, sí tiene una actitud de tener pocas cosas, y en especial, muebles, ya que además volvió al país después de vivir como nómada varios años, y no necesita mucho, ni le importa. Yo, antes de vivir con él pasé por una etapa de mi vida en la que viví sin tantos objetos en un pequeño apartaestudio, después de la ruptura de una relación de pareja, que me dejó sin mesas de noche a cambio del sofá de la sala (algo así fue mi división de bienes), así que por un tiempo me acostumbré a dormir sin una mesa de noche al lado, pero recientemente, con el desorden ya antes mencionado y el closet lleno, empezaba a sentir la necesidad ardiendo dentro de mí, de una nueva y hermosa mesa de noche. Dos, en realidad, una a cada lado, con dos modernas lámparas, que le dieran a la habitación un toque decorativo digno de tablero de Pinterest. ¡Cómo se incrementan las necesidades!

Pues a finales del mes de Enero, algo volvió a picar dentro de mí. Este llamado de nómada frustrada que siempre he tenido, y que me hace desear fuertemente que la vida me quepa en una maleta. Observé a mi pareja y le dije; “no voy a comprar mesa de noche”, y ahí empezó todo. Para suplir “el deseo” de poner el celular más cerquita del alcance de la mano, (terrible deseo, ya lo sé, pero no nos mintamos, es la utilidad principal que nos ofrecen las mesas de noche hoy en día), entonces me traje una mesita auxiliar pequeña que había traído al apartamento mi compañero, y que era propiedad de una tía de él que al trasladarse de ciudad se la regaló. Una mesita vieja que inicialmente nunca pasó mi estándar decorativo y estético y tenía recluida en la habitación que ya se estaba convirtiendo de “chécheres”. Aclaro que somos dos personas en un apartamento de tres alcobas, dos baños, un closet grandísimo en la zona de ropas, una cocina estándar y una sala comedor muy amplia. No tenemos hijos ni mascotas, en una de las habitaciones yo tengo mi consultorio porque trabajo en casa, pero él sale temprano y regresa en la noche, ¿cómo es posible que ya tuviéramos un “cuarto de las cosas varias desordenadas”? Pero al traer la mesita a mi lado de la cama, y ponerle encima un portarretrato y una pequeña velita, por aquello de mi obsesión estética, ¡todo cambió! Me permití verla con buenos ojos, su función (la vergonzosa del celular) estaba siendo cumplida, y en últimas era tan pequeña que encajaba perfecta y no molestaba mucho.

Pero entonces ¿qué hice con la bisutería y todo el resto del desorden? Pues acordarme de Marie Kondo, si no la conocen búsquenla en google por favor al terminar este artículo. Me acordé de esta gurú moderna del orden que ha sido éxito en ventas de un libro que nos enseña a organizar la casa, deshacernos con amor de lo que no usamos ni necesitamos, y solo dejar en nuestro hogar lo que nos hace felices (una clave importante), pero yo además agregaría que dejo solo lo que me haga “feliz” o me aporte valor a mi vida. Además, Marie Kondo tiene un sistema maravilloso para doblar la ropa que hizo que con solo unos cuantos videos de Youtube yo ya hubiera saqueado mi closet, llenando varias bolsas para regalar, despidiéndome con agradecimiento de blusas y pantalones, y organizando perfectamente todo el resto de cosas, que ahora cabía en dos cajones, por lo que uno de los estantes del closet recibía, ahora con agrado, una caja “organizadora” también vaciada con solo lo esencial, de mi bisutería.

No pude parar; el resto es la misma historia con todos los closets, con el cajón del maquillaje, que pasó de ser un cajón a un estuche de viaje con el más básico maquillaje que necesito, y unas cuantas cremas para el cuerpo (que además ahora son todas orgánicas, pero eso va para otro blog). También pasó así con un closet lleno de “cosas varias”, con mi closet del consultorio y mi biblioteca, llenos de libros que ya leí y no voy a volver a leer, de materiales para dibujar o innumerables marcadores que ya no utilizo ni voy a utilizar, con cartucheras con lapiceros ya sin tinta, con papeles con dibujos y sketches, de los cuales la mayoría ya están digitalizados. Sin romanticismo ni apegos, pero tampoco sin su respectivo agradecimiento por cada cosa, me fui despidiendo de mucho, y eso que recuerden que yo siempre tuve menos cosas que muchas amigas que conozco. Pero el proceso también me enseñó que para hacer una verdadera limpieza se requirieron varias purgas. A veces dejaba una cosa pensando que sí la podría usar, o con culpa por no haberla usado tal vez mucho más, pero luego de dejar asentar esas emociones varios días, volvía a observarla allí, puesta en mi closet o mi cajón, y me daba cuenta que podía despedirme y dársela a alguien más que sí la usara. Así salieron algunas blusas y pantalones más elegantes dirigidos a mi hermana, porque yo soy realmente una persona informal, y mi trabajo como independiente en casa no me demanda cumplir ningún código de vestido.

El vacío empezó a llegar a mi casa, y a mi computador, y ya no tengo Facebook o Twitter o Pinterest en el celular, y aunque tengo muchas plantas, o me quedé con una buena selección de libros y materiales de arte, que a juicio de algunos puede que sea mucho en cantidad, pero para mí son las áreas de mi vida que me dan felicidad y creatividad, así que a diferencia del maquillaje que no pasa de diez objetos, mi estantería de libros y plantas todavía alberga mucho más. No es un juicio sobre lo que debe ser importante, o el número ideal para poder sentir que vives una vida simple. Se trata de no permitirte un exceso inconsciente, que uses todo lo que tienes porque sino no tiene sentido que te desprendas de dinero para tener cosas que no usas o no son necesarias, y se trata también de apoyarte en que cada aspecto importante de tu vida tenga un lugar –ordenado-, para que vivas en balance.

Siempre me ha gustado la paz del vacío, por eso practico meditación y mindfulness, pero mi vida estaba saturada, lo podía observar hasta en mis pinturas, llenas de color sin un solo espacio en blanco. Traer el principio de la simpleza japonesa a mi vida, me permitió reconectarme con la sensación de abundancia que se encuentra en el vacío. La abundancia que está dentro de mí, sin miedo a la escasez, volver a experimentar el soltar y así poder respirar nuevo aire. Ahora ya no permito la entrada de algo nuevo si no lo evalúo con detenimiento, y seguiré procurando la regla de 1/1, si un objeto entra, es porque otro ha salido.

2. Todo tiene un lugar y es fácil encontrarlo

En el proceso de organización de una vida más simple me parece que las ventajas de la eficiencia son innegables. Las culturas que trabajan en la disciplina y eficiencia tienen desarrollos importantes de los cuales podríamos aprender, pero a los latinos, siempre un poco espontáneos, desordenados y supuestamente más emocionales, nos parece que estas culturas son muy “rígidas” y las rechazamos. La verdad es que hay demasiada evidencia de que tener disciplina, orden y solucionar eficientemente cada problema de tu vida y tu trabajo, siempre será más benéfico para tu vida y tu salud. Tu sistema nervioso no vivirá en “modo estrés” o “modo supervivencia” sintiendo siempre el caos alcanzándolo.

Cuando en mi casa todo empezó a estar más ordenado –ya que de por sí mi pareja me consideraba ordenada-, fue más fácil guardar las cosas, volverlas a su lugar, y para mí se ha vuelto clave que cuando abras un cajón encuentres todo en la rapidez de un simple vistazo. Generalmente nos desordenamos porque en un cajón o un espacio introduces muchas cosas, así que siempre desordenarás metiendo tus manos para removerlas y encontrar lo que necesitas. Recuerdo que en mi casa materna nos pasaba eso, y era un desgaste energético y de tiempo encontrar las cosas, terminábamos llamando a mamá para que nos dijera dónde estaba todo.

Es eficiencia, eficiencia de movimiento, de energía mental y de tiempo. ¿No es eso salud mental?

3. Descubrí que no necesito nada más

Un día me senté a tomarme mi café de la mañana y tuve esta sensación de amplitud y gratitud, revisé mentalmente todo lo que había reconocido que componía mi casa, y por tanto cada área de mi vida, y tuve esta pacífica revelación: “no necesito nada más”, y me refería a la cuestión literal, no metafóricamente. Hace unos años yo era de las que hacía listas en el celular de todo lo que me faltaba; un pantalón blanco, una blusa verde, una chaqueta de invierno, unas copas de vino, un cojín más para la cama, etc, etc. Ahora, la que soy, es feliz viendo videos de youtube de “Capsule Wardrobes” y se sorprende graciosamente de cómo la gente empieza a mostrar cómo vivir con un armario de ¡treinta y tres prendas!

Pues bien, me regocijo en la no-necesidad de más objetos, más cosas que limpiar, más cosas que cuidar, más cosas que nos dicen que “necesitamos”, como mi mesa de noche. Me regocijo en ponerle un freno en mi puerta a la presión de una sociedad que quiere verte en la escasez, en la mentalidad de escasez para que siempre sientas que te falta algo y luego estés dispuesto a pagar mucho por eso, que te quiere lleno de créditos y deudas, cuando con poco, y cuidando lo poco, puedes vivir tan pero tan lleno.

4. Me relaciono con cada aspecto de mi vida con valoración

Lo anterior me lleva a este punto que quise resaltar aparte. Ahora me relaciono con cada aspecto de mi vida y mi entorno con una profunda gratitud y valoración. No hay tal acumulación que genere que se me pasen por delante mis objetos, mis actividades, mis tareas, mis hobbies, sin una gran valoración de lo que viene a aportar a mi vida. Realizo momentos de mindfulness diario agradeciendo cosas simples que me rodean, que he podido adquirir sin que ellas, –los objetos- me posean a mí. Entro en relación con cada parte de mi mundo, con la consciencia de su utilidad, pero sin la idealización del consumismo. No compro cosas por moda desde hace rato, pero es cierto que aún tenía muchos puntos oscuros que me hacían comprar sin una consciencia, sin un momento de mindfulness para evaluar su verdadera necesidad en mi vida. No necesitas cinco tablas de picar cuando viven dos personas, ni más de una docena de toallas, ni cuchillos y aparatos de cocina para cada cosa imaginable, ni esa blusa que ahora está en todas las vitrinas repitiéndose, y todas las otras mujeres están luciendo en la calle. Cuando te quedas con lo necesario, y lo que te aporta, la valoración de tu mundo cambia.

5. Empecé a escribir mi primer libro

Y éste es el último y más feliz de mis cambios. Finalmente, después de tantos años de tener el deseo de escribir un libro, y la pasión de la escritura corriéndome en las venas. Después de obviar mi compromiso con esto por miedo, de pasar de ser la adolescente que escribía y no lo mostraba a nadie por miedo, y luego lo destruía siempre encontrándolo poco valioso, después de muchas vueltas de autovaloración de mi misma que he dado en la vida, me desbloqueé. De pronto me vi sentada en mi mesa de trabajo, ahora casi vacía, desatrancando una parte de mí en forma de palabras, frases y capítulos de mi primer Ebook, que espero salga pronto a la luz. El minimalismo me trajo foco. Ponerle límites a los tiempos de las aplicaciones del celular, silenciar Whatsapp, no entrar tanto a Instagram, hacer más silencio, más meditación, volver a tener tiempo en un espacio vacío para encontrarme con el vacío de la página en blanco, me tiene escribiendo más en mi blog y en mi libro. Y esto, es un regalo invaluable para mí.

Me agradezco haber llegado hasta aquí, a este deseo de manifestar una vida simple y minimalista. Tal vez es mi natural afinidad con lo japonés, con la estética y el arte minimalista, pero si te sientes un poco saturado y crees que tu mochila puede ir más ligera, intenta empezar sacando, aunque sea un objeto de tu casa al día. Empezarás un proceso de limpieza muy especial que quién sabe a dónde te lleve.

Emma Sánchez

@esmindful

40 días sacando diariamente algo de mi casa. ¿Qué ha pasado con mi vida?

Llevo 40 días sacando, donando o botando cosas de mi casa todos los días. Quiero hacer la claridad que no soy, ni nunca he sido, lo que se llamaría “acumuladora”, tampoco millonaria ni mucho menos amante de las compras, pero todos los días durante 40 días he asumido pequeños y grandes actos que me acerquen a una vida simple y minimalista.

Hace un tiempo quise comprometerme con aquel adagio “less is more”. En el inicio de este año sentí un impulso incontenible de revisar todo el equipaje en mi mochila (mi vida) y plantearme si cada cosa estaba alineada con mis valores, mi ser auténtico, mi intención de vida. Una vida con sentido y propósito requiere iluminar hábitos nocivos, tendencias inconscientes, complejidades innecesarias.

No solo se ha tratado, para mí, de vivir con menos por un deseo de abstención y dejar contribuir al mundo consumista que no me gusta, en el que no deseo vivir, sino que también se ha tratado de querer vivir una vida más ética, sostenible, ecológica y libre de tóxicos en el hogar. Además, se ha tratado de volver a ponerme en contacto con quien soy, de limpiar el computador, el celular, las redes sociales, el tiempo invertido en prácticas que no aportan. Y finalmente, de aprender a cuidarme, haciendo mi elección consciente de la forma más eficiente y efectiva de vivir dejando el estrés por fuera de mi vida. Y no vengo a decir que lo conseguí del todo o para siempre, pero sí es más fácil con el método de una vida minimalista y simple, saber dónde están los pequeños focos de ansiedad que pueden aparecer, donde está lo que parece un problema y es solo falta de organización y de creencias limitantes sin revisar. Todo internamente también empieza así a iluminarse y a entrar en su lugar.

¿Qué me ha pasado en estos 40 días y cómo ha sido esta experiencia? Aquí te expreso los 5 simples y gigantes cambios que me han sucedido. Tal vez te animes a dar primeros pasos. Esto es solo el comienzo para mí.

1. Tengo cajones, estantes y espacios vacíos. Y me encanta

Cuando empecé esto que se ha convertido en un hábito, -el de revisar y sacar a donar o botar-, ya estaba pensando que iba a “tener” que comprar una cómoda con cajones extras para organizar mi bisutería y otras cosas más, puesto que mucha estaba desordenada en una especie de “caja organizadora” abierta en uno de los estantes del mueble del televisor en la habitación principal. Yo estaba sintiendo la necesidad de quitar todo ese desorden de ahí, y cuando intentaba hallarle lugar en cualquier otro espacio, ¡todo estaba lleno! El closet lleno y los cajones del baño llenos, y en una mesa de noche ni siquiera me cabría todo eso, además de lo que usualmente uno introduce en los cajones de las mesas de noche.

Ah! Pero hablemos de la mesa de noche. Resulta que aunque mi pareja no es tan organizado como yo, sí tiene una actitud de tener pocas cosas, y en especial, muebles, ya que además volvió al país después de vivir como nómada varios años, y no necesita mucho, ni le importa. Yo, antes de vivir con él pasé por una etapa de mi vida en la que viví sin tantos objetos en un pequeño apartaestudio, después de la ruptura de una relación de pareja, que me dejó sin mesas de noche a cambio del sofá de la sala (algo así fue mi división de bienes), así que por un tiempo me acostumbré a dormir sin una mesa de noche al lado, pero recientemente, con el desorden ya antes mencionado y el closet lleno, empezaba a sentir la necesidad ardiendo dentro de mí, de una nueva y hermosa mesa de noche. Dos, en realidad, una a cada lado, con dos modernas lámparas, que le dieran a la habitación un toque decorativo digno de tablero de Pinterest. ¡Cómo se incrementan las necesidades!

Pues a finales del mes de Enero, algo volvió a picar dentro de mí. Este llamado de nómada frustrada que siempre he tenido, y que me hace desear fuertemente que la vida me quepa en una maleta. Observé a mi pareja y le dije; “no voy a comprar mesa de noche”, y ahí empezó todo. Para suplir “el deseo” de poner el celular más cerquita del alcance de la mano, (terrible deseo, ya lo sé, pero no nos mintamos, es la utilidad principal que nos ofrecen las mesas de noche hoy en día), entonces me traje una mesita auxiliar pequeña que había traído al apartamento mi compañero, y que era propiedad de una tía de él que al trasladarse de ciudad se la regaló. Una mesita vieja que inicialmente nunca pasó mi estándar decorativo y estético y tenía recluida en la habitación que ya se estaba convirtiendo de “chécheres”. Aclaro que somos dos personas en un apartamento de tres alcobas, dos baños, un closet grandísimo en la zona de ropas, una cocina estándar y una sala comedor muy amplia. No tenemos hijos ni mascotas, en una de las habitaciones yo tengo mi consultorio porque trabajo en casa, pero él sale temprano y regresa en la noche, ¿cómo es posible que ya tuviéramos un “cuarto de las cosas varias desordenadas”? Pero al traer la mesita a mi lado de la cama, y ponerle encima un portarretrato y una pequeña velita, por aquello de mi obsesión estética, ¡todo cambió! Me permití verla con buenos ojos, su función (la vergonzosa del celular) estaba siendo cumplida, y en últimas era tan pequeña que encajaba perfecta y no molestaba mucho.

Pero entonces ¿qué hice con la bisutería y todo el resto del desorden? Pues acordarme de Marie Kondo, si no la conocen búsquenla en google por favor al terminar este artículo. Me acordé de esta gurú moderna del orden que ha sido éxito en ventas de un libro que nos enseña a organizar la casa, deshacernos con amor de lo que no usamos ni necesitamos, y solo dejar en nuestro hogar lo que nos hace felices (una clave importante), pero yo además agregaría que dejo solo lo que me haga “feliz” o me aporte valor a mi vida. Además, Marie Kondo tiene un sistema maravilloso para doblar la ropa que hizo que con solo unos cuantos videos de Youtube yo ya hubiera saqueado mi closet, llenando varias bolsas para regalar, despidiéndome con agradecimiento de blusas y pantalones, y organizando perfectamente todo el resto de cosas, que ahora cabía en dos cajones, por lo que uno de los estantes del closet recibía, ahora con agrado, una caja “organizadora” también vaciada con solo lo esencial, de mi bisutería.

No pude parar; el resto es la misma historia con todos los closets, con el cajón del maquillaje, que pasó de ser un cajón a un estuche de viaje con el más básico maquillaje que necesito, y unas cuantas cremas para el cuerpo (que además ahora son todas orgánicas, pero eso va para otro blog). También pasó así con un closet lleno de “cosas varias”, con mi closet del consultorio y mi biblioteca, llenos de libros que ya leí y no voy a volver a leer, de materiales para dibujar o innumerables marcadores que ya no utilizo ni voy a utilizar, con cartucheras con lapiceros ya sin tinta, con papeles con dibujos y sketches, de los cuales la mayoría ya están digitalizados. Sin romanticismo ni apegos, pero tampoco sin su respectivo agradecimiento por cada cosa, me fui despidiendo de mucho, y eso que recuerden que yo siempre tuve menos cosas que muchas amigas que conozco. Pero el proceso también me enseñó que para hacer una verdadera limpieza se requirieron varias purgas. A veces dejaba una cosa pensando que sí la podría usar, o con culpa por no haberla usado tal vez mucho más, pero luego de dejar asentar esas emociones varios días, volvía a observarla allí, puesta en mi closet o mi cajón, y me daba cuenta que podía despedirme y dársela a alguien más que sí la usara. Así salieron algunas blusas y pantalones más elegantes dirigidos a mi hermana, porque yo soy realmente una persona informal, y mi trabajo como independiente en casa no me demanda cumplir ningún código de vestido.

El vacío empezó a llegar a mi casa, y a mi computador, y ya no tengo Facebook o Twitter o Pinterest en el celular, y aunque tengo muchas plantas, o me quedé con una buena selección de libros y materiales de arte, que a juicio de algunos puede que sea mucho en cantidad, pero para mí son las áreas de mi vida que me dan felicidad y creatividad, así que a diferencia del maquillaje que no pasa de diez objetos, mi estantería de libros y plantas todavía alberga mucho más. No es un juicio sobre lo que debe ser importante, o el número ideal para poder sentir que vives una vida simple. Se trata de no permitirte un exceso inconsciente, que uses todo lo que tienes porque sino no tiene sentido que te desprendas de dinero para tener cosas que no usas o no son necesarias, y se trata también de apoyarte en que cada aspecto importante de tu vida tenga un lugar –ordenado-, para que vivas en balance.

Siempre me ha gustado la paz del vacío, por eso practico meditación y mindfulness, pero mi vida estaba saturada, lo podía observar hasta en mis pinturas, llenas de color sin un solo espacio en blanco. Traer el principio de la simpleza japonesa a mi vida, me permitió reconectarme con la sensación de abundancia que se encuentra en el vacío. La abundancia que está dentro de mí, sin miedo a la escasez, volver a experimentar el soltar y así poder respirar nuevo aire. Ahora ya no permito la entrada de algo nuevo si no lo evalúo con detenimiento, y seguiré procurando la regla de 1/1, si un objeto entra, es porque otro ha salido.

2. Todo tiene un lugar y es fácil encontrarlo

En el proceso de organización de una vida más simple me parece que las ventajas de la eficiencia son innegables. Las culturas que trabajan en la disciplina y eficiencia tienen desarrollos importantes de los cuales podríamos aprender, pero a los latinos, siempre un poco espontáneos, desordenados y supuestamente más emocionales, nos parece que estas culturas son muy “rígidas” y las rechazamos. La verdad es que hay demasiada evidencia de que tener disciplina, orden y solucionar eficientemente cada problema de tu vida y tu trabajo, siempre será más benéfico para tu vida y tu salud. Tu sistema nervioso no vivirá en “modo estrés” o “modo supervivencia” sintiendo siempre el caos alcanzándolo.

Cuando en mi casa todo empezó a estar más ordenado –ya que de por sí mi pareja me consideraba ordenada-, fue más fácil guardar las cosas, volverlas a su lugar, y para mí se ha vuelto clave que cuando abras un cajón encuentres todo en la rapidez de un simple vistazo. Generalmente nos desordenamos porque en un cajón o un espacio introduces muchas cosas, así que siempre desordenarás metiendo tus manos para removerlas y encontrar lo que necesitas. Recuerdo que en mi casa materna nos pasaba eso, y era un desgaste energético y de tiempo encontrar las cosas, terminábamos llamando a mamá para que nos dijera dónde estaba todo.

Es eficiencia, eficiencia de movimiento, de energía mental y de tiempo. ¿No es eso salud mental?

3. Descubrí que no necesito nada más

Un día me senté a tomarme mi café de la mañana y tuve esta sensación de amplitud y gratitud, revisé mentalmente todo lo que había reconocido que componía mi casa, y por tanto cada área de mi vida, y tuve esta pacífica revelación: “no necesito nada más”, y me refería a la cuestión literal, no metafóricamente. Hace unos años yo era de las que hacía listas en el celular de todo lo que me faltaba; un pantalón blanco, una blusa verde, una chaqueta de invierno, unas copas de vino, un cojín más para la cama, etc, etc. Ahora, la que soy, es feliz viendo videos de youtube de “Capsule Wardrobes” y se sorprende graciosamente de cómo la gente empieza a mostrar cómo vivir con un armario de ¡treinta y tres prendas!

Pues bien, me regocijo en la no-necesidad de más objetos, más cosas que limpiar, más cosas que cuidar, más cosas que nos dicen que “necesitamos”, como mi mesa de noche. Me regocijo en ponerle un freno en mi puerta a la presión de una sociedad que quiere verte en la escasez, en la mentalidad de escasez para que siempre sientas que te falta algo y luego estés dispuesto a pagar mucho por eso, que te quiere lleno de créditos y deudas, cuando con poco, y cuidando lo poco, puedes vivir tan pero tan lleno.

4. Me relaciono con cada aspecto de mi vida con valoración

Lo anterior me lleva a este punto que quise resaltar aparte. Ahora me relaciono con cada aspecto de mi vida y mi entorno con una profunda gratitud y valoración. No hay tal acumulación que genere que se me pasen por delante mis objetos, mis actividades, mis tareas, mis hobbies, sin una gran valoración de lo que viene a aportar a mi vida. Realizo momentos de mindfulness diario agradeciendo cosas simples que me rodean, que he podido adquirir sin que ellas, –los objetos- me posean a mí. Entro en relación con cada parte de mi mundo, con la consciencia de su utilidad, pero sin la idealización del consumismo. No compro cosas por moda desde hace rato, pero es cierto que aún tenía muchos puntos oscuros que me hacían comprar sin una consciencia, sin un momento de mindfulness para evaluar su verdadera necesidad en mi vida. No necesitas cinco tablas de picar cuando viven dos personas, ni más de una docena de toallas, ni cuchillos y aparatos de cocina para cada cosa imaginable, ni esa blusa que ahora está en todas las vitrinas repitiéndose, y todas las otras mujeres están luciendo en la calle. Cuando te quedas con lo necesario, y lo que te aporta, la valoración de tu mundo cambia.

5. Empecé a escribir mi primer libro

Y éste es el último y más feliz de mis cambios. Finalmente, después de tantos años de tener el deseo de escribir un libro, y la pasión de la escritura corriéndome en las venas. Después de obviar mi compromiso con esto por miedo, de pasar de ser la adolescente que escribía y no lo mostraba a nadie por miedo, y luego lo destruía siempre encontrándolo poco valioso, después de muchas vueltas de autovaloración de mi misma que he dado en la vida, me desbloqueé. De pronto me vi sentada en mi mesa de trabajo, ahora casi vacía, desatrancando una parte de mí en forma de palabras, frases y capítulos de mi primer Ebook, que espero salga pronto a la luz. El minimalismo me trajo foco. Ponerle límites a los tiempos de las aplicaciones del celular, silenciar Whatsapp, no entrar tanto a Instagram, hacer más silencio, más meditación, volver a tener tiempo en un espacio vacío para encontrarme con el vacío de la página en blanco, me tiene escribiendo más en mi blog y en mi libro. Y esto, es un regalo invaluable para mí.

Me agradezco haber llegado hasta aquí, a este deseo de manifestar una vida simple y minimalista. Tal vez es mi natural afinidad con lo japonés, con la estética y el arte minimalista, pero si te sientes un poco saturado y crees que tu mochila puede ir más ligera, intenta empezar sacando, aunque sea un objeto de tu casa al día. Empezarás un proceso de limpieza muy especial que quién sabe a dónde te lleve.

Emma Sánchez

@esmindful

De la necesidad de correr y ser suficiente

#slowlifestyle #slowliving #anxiety

(Este blog es un espacio personal de reflexiones de una psicoterapeuta que también se transforma y crece. Una conversación interna que decide volverse pública para acompañarnos, sin juicios, en la construcción de nuestra salud emocional)

No necesito correr. No necesito sentir tanto peso en mis hombros, esta tensión en mis piernas, en mis pies. No necesito sentirme siempre incómoda, siempre esforzándome por un nuevo reto, por sorprender, agradar o tener más trabajo en mi agenda para sentirme valiosa. Tengo la consciencia ahora de que, quedándome en quietud, en el Wu Wei taoísta, puedo atraer a mí las personas, el trabajo, la vida que quiero. Tengo la vida que quise y que quiero, es maravilloso todo lo que poseo, y cómo voy siendo cada vez más libre para no ser poseída por mis propios objetos, mis expectativas, mi miedo al fracaso. No hay fracaso. Me comprometo a que no exista en mí esa dualidad imaginaria de mi cabeza. Todo es y será perfecto, ahora tengo la consciencia para verlo. En mi mente, la evaluación de lo bueno y lo malo, lo tranquilizador y lo intranquilizador me ha atormentado, me ha hecho ser violenta conmigo misma. Sentir que nada es suficiente porque ¿qué es lo que estoy intentando llenar? Si siento que mis trabajos o acciones no son suficientes es porque yo aún no me creo suficiente. Es suficiente ser quien soy en este instante, ganar lo que gano, tener la cantidad de trabajo que tengo, vivir en Cali Colombia, tener los objetos que me rodean, contar con el amor y camaradería de mi pareja, con el apoyo y amor de mi familia, con la frescura de los amigos. No necesito salir todos los días a llenar el mundo virtual a cinco o diez mil personas. Solo tengo que llenar el mío. No necesito tanto cómo me han hecho creer, ese marketing, esa necesidad imperiosa de “marca personal”, porque la voz de las personas que vienen a mi terapia, confían en mí y se sienten apoyadas y queridas, es la más grande de las publicidades, la más hermosa, real y genuina. Esa confianza no tengo como agradecerla más que intentando ser mejor cada día. Y para ser mejor necesito tiempo para leer y aprender de otros, para pensar y escribir mis propias ideas, para sentir y experimentar los mecanismos de sanación emocional en mi misma. Para crecer necesito estar más conmigo y menos con el celular. Soy suficiente. Y vaciando mi vida, quedándome con menos, simplificándola en todo, hago mi revolución social. Me manifiesto contra la presión de todos los días cuando bebo mi café en lentitud, y me regalo la riqueza de una vida con menos objetos, con este trabajo, con esta casa y esta vida tranquila y simple. Más plantas, más libros, más viajes. Más amor, más respeto por el mundo y por mí, más salud, más tiempo, más conversaciones de corazón a corazón. Más pausa consciente, por tanto, más evolución.

¿Qué significa llevar una “Mindful Living”?

#mindfulliving #mindfulness

A riesgo de ser juzgada por incluir en el título la expresión inglesa, me permito explicar que la traducción “una vida consciente” en español, le da un carácter muy amplio al concepto. La palabra “consciente” puede tener muchas acepciones en nuestro lenguaje, y dejaría por fuera la remisión –a mi juicio tan importante- de la práctica del mindfulness, que es la que da origen a la idea de Mindful Living, así que sin el ánimo de despreciar nuestro hermoso idioma, me permito utilizar el anglicismo.

El foco en mi vida en los últimos tiempos ha sido tener una vida de consciencia plena, de atención al momento presente, en la cual la práctica de la meditación se hizo presente y consiguió hacerme sentir “grounded” (vuelvo a los anglicismos por la misma razón), enraizada, segura y soportada. Hace unos años yo vivía particularmente frustrada, no sentía que trabajara realmente donde debía trabajar, ni que mis ingresos representaran a lo que yo sentía que valía mi trabajo, acumulaba deudas y a veces acumulaba ropa que iba a comprar cuando estaba aburrida y frustrada con la vida sin placeres y vacía que sentía. Quería emigrar de mi país y me obsesionaba haciendo planes del futuro, siempre el futuro, que luego me frustraba porque no se cumplían. Iba de aquí para allá sin posibilidad de armar ningún plan sensato porque es como cuando una persona quiere iniciar un negocio y no tiene un capital inicial ni el conocimiento ni el sitio para hacerlo. Me impacientaba demasiado y solía decir medio en broma medio en estado depresivo y de autocompadecimiento, “mi vida es una lección de agricultura”, y con esto me refería a esa espera eterna que me parecía el lograr tener algo de los frutos que yo suponía que llevaba mucho tiempo sembrando. Necesitaba salir urgentemente de ese estado porque no daba más. Y salí, aunque a veces se me olvida y vuelvo a entrar, y por eso este año me he comprometido mucho más conmigo y con el hecho de transmitir lo que voy encontrando en el camino de transformar mi vida en una vida con mindfulness, y lo que eso significa para mí, en caso de que algunos de ustedes se encuentren en el mismo camino.

Primero diría que vivir una vida con “atención plena” o mindfulness, vale la pena. Esto es muy importante decirlo, no queremos hacer tantos esfuerzos vanos por asumir estilos de vida que a la final no nos ayuden a transformar el centro de lo que nos hace sufrir. Vale la pena porque estar atento, estar consciente o despierto significa que no nos perdamos de la vida mientras ella transcurre. Implica que seamos conscientes de lo que pasa en nuestro interior cuando tomamos contacto con ella, y por tanto que hagamos también unas buenas elecciones de vida, porque estamos atentos, en aceptación y contacto con la realidad.

Y sé que esta práctica no es fácil porque también olvidamos cómo estar atentos, lo olvidamos continuamente y luego lo recordamos. Pero eso está bien, la actitud autocompasiva viene con el mindfulness, como una cosa lleva a la otra, y de eso se trata, de aceptación, de comprensión y apoyo a mí mismo en la forma en que sea mi proceso.

Por otra parte, también debemos comprender que “mindful living” no es solo una cosa. No es solo meditación, ni tampoco solo enfocarse en las sensaciones alrededor tuyo en este momento, así como no se trata de vivir la vida en micro movimientos lentos. Hay una serie de maneras de llegar a lo mismo.

1. Meditación: Es donde la vida consciente empieza, y es complicada para muchos porque nuestra mente está habituada a complicarnos las cosas. La forma como acostumbramos disponernos a las cosas es desde el reto, así que conozco muchas personas que se frustran porque “no pueden dejar la mente en blanco”, como si ese fuera el trofeo de la competencia. Olvídate de eso, solo quédate quieto inicialmente un minuto o cinco minutos y respira fijando tu atención en tus sensaciones corporales y luego a tu respiración. Nota los pensamientos ir y venir y gentilmente retorna a tu respiración. Repítelo hasta que se acabe el minuto. ¡Y ya está!

2. Estar en contacto: La meditación es una práctica para estar despierto, no en el estado de sueño en el que la mente deambula en un tren de pensamientos, perdiéndose en el mundo online, o pensando recurrentemente en el futuro, sino estar presente y consciente ante lo que ES. Estar en contacto es algo que puedes hacer muchas veces durante el día si lo recuerdas. Recordarlo es clave.

3. Vigilar las urgencias: Es algo que me sirvió mucho cuando quise dejar de fumar y cuando quise ir dejando el hábito del enojo o la reactividad. Vigilar mi urgencia de reacción, sentarme a sentirla subir dentro de mí, y no reaccionar. Esto me hizo reconocer mi poder para manejar mis deseos, que yo no soy mis urgencias. Puedes intentar observar tu urgencia de revisar tus redes sociales, de comer algo dulce o frito, de mirar televisión, de estar distraído o procrastinar. Ellas también vienen y van y tú puedes dejarlas pasar.

4. Revisar mis ideales: Tenemos ideales constantes sobre cómo deben ser las cosas, queremos levantarnos en la mañana y que todo el día se desarrolle sin problemas o contratiempos. Nos frustramos constantemente porque nos resistimos ante la realidad y nos apegamos a los ideales. Nos causan estrés y miedo y nos exigen un duelo constante, por algo que “perdimos” que ni siquiera estaba ahí en primer lugar. Así que revisar esos ideales, reconocerlos e irlos soltando nos ayuda a ser más felices.

5. Acepta las personas y la vida como son: En línea con lo anterior, tener una vida consciente implica aceptar a las personas que nos rodean. Cuando dejo de querer transformarlos o evaluarlos empiezo a estar en paz. No necesito que crean lo mismo que yo creo, que piensen como yo pienso y sientan igual. Mi ser es único y digno de respeto y el de ellos también. No entras a una casa ajena a mover los muebles a tu antojo, así que, si te abstienes de entrar al mundo de los demás a invadirlo irrespetuosamente, podrás observar lo que tienen para ofrecer, y conectar con su mundo interior de una forma más sana.

6. Abandonar la anticipación: Cuando un proyecto está por llegar, un cambio, una nueva relación apenas comienza, empezamos a generar apego a las expectativas futuras, nos construimos ese ideal del que hablé hace un momento, pero además lo alimentamos pensando en él recurrentemente. Esto solo nos trae ansiedad, tensión y decepciones futuras. Es muy difícil lograrlo, pero toca dejar la anticipación a un lado y volver a gozar de conectar con lo que hay en el momento.

7. Estar OK con el discomfort: El miedo al displacer es algo que me sorprende que compartamos tanto las personas. Muchos quedan sumidos en viejos hábitos, no empiezan nuevos negocios, no hacen ejercicio, no se ponen nuevos retos, y a veces ni viajan por preferir garantizarse que no se sentirán incómodos. Acepta la incomodidad, sal de esa zona cómoda.

8. Vigilar tu Resistencia: Cuando tratas de hacer algo displacentero o renunciar a algo que te gusta, encuentras Resistencia, pero si la observas y eres curioso, puedes darte cuenta que es la lucha que haces con la realidad. Un sonido que interrumpe tu concentración puede molestarte mucho, pero si lo observas con actitud de atención plena, no es el sonido lo irresistible, es tu resistencia al sonido lo que lo convierte en un problema.

9. Ser curioso: Nos enfrascamos en nuestra manera particular de hacer las cosas y ver la realidad, y perdemos la apertura y flexibilidad que da la curiosidad. Sentir el miedo al fracaso es lo que usualmente nos hace volver a lo conocido y familiar. Abrirte a alegría de ser curioso y explorador, te ayudará a encontrar flexibilidad, autoconfianza y emoción.

10. Ser agradecido: ¡Esta me parece hasta más importante que la meditación! Nuestra mente hace foco de atención al error, a lo imperfecto, al fracaso, porque así ha establecido un mecanismo de protección “neurótico”, en el que no quiere perder, arriesgar, soltar el control, y tiene miedo y por tanto te lleva a prestar mucha más atención a estas cosas que a las positivas. Ser agradecido es lo único que le va a hacer contrapeso a esta tendencia tan nociva. Volver a la gratitud por todo lo que tienes, vuelve y te centra, te acomoda la perspectiva. Como siempre digo en consulta; la ansiedad te pone unas gafas 3D para ver la realidad aumentada y todo lo sientes más cerca, pero la gratitud te quita esas gafas y te permite apreciar la realidad mejor, pudiendo volver a valorarla.

11. Dejar el control: El control es una ilusión, y una muy mala. Nuestra obsesión con metas, organización y productividad por ejemplo están enraizadas en la ilusión de que podemos controlar la vida. Pero la vida es incontrolable, y cuando pensamos que tenemos las cosas bajo control siempre van a llegar sucesos inesperados. Aprender a seguir el flow es esencial para estar sano emocionalmente.

12. Ser compasivo: Y finalmente, la clave esencial de todo esto. La herramienta psicológica que ajusta todo, que da estructura a esta maquinaria de una vida mindful es la autocompasión. Mindful Living es acerca de recordar ser benévolo contigo mismo, tratarte con un amor incondicional, apoyarte y soportarte en todo momento, dejar fuera de ti tus juicios y respetarte amorosamente para cuidarte. Cuando haces esto contigo, empiezas a hacerlo con los demás, y el sentimiento de dicha y tranquilidad se expande infinitamente.

Puede parecer mucho por digerir, hazlo con calma, revisa tus sensaciones a lo largo de todo lo que he escrito, si es que llegaste hasta el final sin distraerte en mirar tus redes sociales o responder notificaciones que aparecieron en tu pantalla. Recuerda que llevar una vida consciente, plena, atenta, mindful es un compromiso diario con tu felicidad y tranquilidad, pero implica algunos esfuerzos que olvidarás y recordarás, y cuando recuerdes volverás a intentar hasta que se van haciendo parte de ti y los encuentras tan valiosos que no los querrás abandonar.

Buen viaje en este proceso, y déjame acompañarte.

Por Emma Sánchez

Los 3 estados que encuentro en mi viaje de Mindfulness

¿Por qué lo hago? ¿Qué placer encuentro cada mañana (o casi cada mañana) sentándome en un cojín (o en mi sofá), enderezar la espalda, cruzar las piernas, cerrar los ojos y respirar ? Para muchos la meditación es un acto esforzado y difícil, para mí el lugar donde encuentro uno de los mayores placeres de mi día a día: la calma sin esfuerzo.

Hoy encuentro que solo quiero referirme a lo que experimento al meditar. Siento que muchos otros han explicado los beneficios físicos, mentales y emocionales de meditar, pero lo que encuentro interesante es compartir con ustedes mi experiencia, mi sentir cuando vivo esta práctica. La primera palabra que viene a mí es Liberación. La segunda, Aceptación. La tercera, Protección. Cada una llegó a mi después de unos minutos de mindfulness frente a esta pantalla en la que escribo.

Voy a referirme a cada una:

LIBERACIÓN: Sé que has sentido la sensación de llegar muy atareado(a) al aeropuerto, cargando o arrastrando maletas, hasta que puedes ponerlas en el counter, hacer tu check-in y dejar que la banda se las lleve hasta el avión, al que te subirás sin peso. Cuando practico mindfulness y llego con mi equipaje, algunos pensamientos desordenados, la respiración agitada o superficial, emociones punzantes… me doy cuenta que al permitirme concentrarme (o anclarme) en la sensación del aire que entra y sale de mi cuerpo, se va sintiendo lentamente como si entregara maletines uno por uno, a alguien que se los lleva. Después de un momento mi espalda está más erguida, mis hombros tienen menos sensación de pesadez, mi cavidad abdominal recibe más aire sin esfuerzo, mi pecho no se siente forzado, mi boca se relaja, nada obstruye la garganta y así ocurre que mi mente también empieza a relajarse, aún deambula por pensamientos que vienen pero poco a poco (atención a los impacientes!) estos pensamientos van durando menos tiempo, y así se van sintiendo más como brisas que rozan mi rostro, y no como pesadas maletas sobre los hombros.

ACEPTACIÓN: Una vez los pensamientos se aligeran (no es que me quede en blanco, solo que pasan como brisas que luego se pueden convertir casi en imperceptibles), ocurre en mi una aceptación natural. Es normal si lo piensas en cuando dejas tus maletas en el counter, de pronto puede que caigas en cuenta que dejaste en ellas algo que crees que vas a necesitar, pero te toca dejarlo ir, ya ni modo, ya están camino al avión. Esto me pasa cuando practico mindfulness, estoy atendiendo plenamente a mi ser interno, me he ido dejando llevar por el vaivén de la respiración, he aligerado y por tanto puedo aceptar más fácilmente, incluso los mismos pensamientos que tal vez quieran volver persistentes, puedo aceptar fácilmente que ellos creen que vienen a mí para traerme un mensaje importante de alarma o de preocupación, o de anticipación, pero que yo puedo mirarlos y posponerlos. Al fin y al cabo me voy a subir al avión!

PROTECCIÓN: Esta fue la palabra que más me sorprendió cuando hice un momento de mindfulness frente a este computador antes de empezar a escribir. Me sorprendió gratamente que me sienta protegida hoy en día al entrar en la atención plena de mi cuerpo y mi ser. ¿Cómo te sientes cuando te subes al avión? Muchos sienten ansiedad, su vida queda a merced de la maestría del piloto y el buen cuidado que haya tenido del avión la aerolínea. Demasiadas variables sin control! ¿No es la misma ansiedad y estrés con la que viven? Intentando controlar, como si se sentaran a pujar en la silla del avión para lograr que éste ande como debe hacerlo. Y no pasa. Toca confiar, otro sabrá lo que hace y afortunadamente muchos terminamos aceptando esa realidad y por eso podemos atravesar el atlántico diez horas durmiendo en el camino. Sentir que estoy a salvo, protegida en mi práctica de mindfulness me da mucha alegría. Cuando estoy en el mundo de mi “monkey mind”, de mis pensamientos sin pausa, de mis lógicas irracionales, de mis emociones surgidas desde el miedo, la culpa o la vergüenza, no me siento a salvo, no me siento cómoda, casi que no soy yo. Cuando medito y entro en la calma de la aceptación, paso a la dicha de la protección, mi seguridad -que es de las necesidades emocionales más importantes que tenemos los seres humanos-, se ve satisfecha y plena, en el simple ejercicio de no retener el aire, los pensamientos, las preocupaciones, y simplemente darme sustento corporal a mi misma. Soy mi piloto, mi avión, mi pasajera y hasta mi propio cielo. Esta es mi última protección: me tengo, aquí y ahora, en este aire que entra y este que sale me tengo a mí. Abro las alas y vuelo. “Soy sólida y soy libre”, como diría Thich Nhat Hanh.

Estos son mis encuentros en la meditación, mi ser se encuentra en la liberación, la aceptación y la protección. Es mi medicina, por esto me la regalo continuamente, una vitamina gratis, un viaje que puede ser placentero mientras que en el que estás atrapado por tu mente se te hace tan incómodo. Por esto quiero seguirla compartiendo al mundo. Coméntame cómo es tu viaje en la experiencia de la meditación, y acompañémonos juntos.

Gracias por leerme,

Emma Sánchez

La dificultad de la Autocompasión y el problema de la Autoestima

#autocompasión #autoestima

La Autocompasión es un concepto que encuentro crucial hoy en día para nuestra salud emocional. Está relacionado con nuestra capacidad para querernos, acogernos y darnos soporte a nosotros mismos y apoyarnos, sea que hagamos las cosas bien o mal, que nos equivoquemos o nos duela sentir lo que sentimos. ¿Parece una posición muy difícil de asumir, cierto? Pero eso no es lo más complejo, sino que parece una posición que no “deberíamos” asumir, puesto que va en contravía con lo que creemos que nos ayudará a mejorar, o a corregirnos; la autocrítica, autoevaluación o juicio de nuestras fortalezas y debilidades. Incluso, en nuestro uso común del lenguaje confundimos autocompasión con autocompadecerse, noción que está más relacionada con la autovictimización, o el ser condescendiente con nuestros errores sin esforzarnos al cambio.

Leyendo sobre Autocompasión a autores que han relacionado las ideas budistas u orientales con la psicología, me permito utilizar otra palabra que tal vez aclara un poco más el tema al menos al nivel del lenguaje. Debido a nuestra tradición cristiana, la compasión tiene un tinte frecuente de otra palabra que es la “lástima” o “pesar”. Nos compadecemos del pobre, el afligido o el enfermo. Y a nadie le gusta sentir -o que sientan- lástima de sí mismo. Podemos sumar a esto que vivimos en una sociedad que valora altamente la fortaleza, y ésta sí muy mal entendida, como la negación de las vulnerabilidades y emociones. Por tanto, creo que la palabra asociada aquí podría ser la de “benevolencia”.

¿AUTOCOMPASIÓN = AUTOBENEVOLENCIA?

Para Tim Desmond, autor y discípulo del monje Tich Naht Hanh, la autocompasión se trata de ir “celebrando y disfrutando de ti mismo cuando la vida está yendo bien, así como ser amable y perdonarte a tí mismo cuando la vida está siendo dura”. Por esto, cuando pienso en la benevolencia lo considero porque ésta implica una actitud benévola, es decir de “no daño” y afecto, de indulgencia, apoyo y tolerancia hacia alguien, en este caso, tu mismo.

Y Tim Desmond completa: “autocompasión es el reconocimiento de que no importa lo que esté pasando en nuestras vidas, nosotros somos dignos de amor”. Pero ¿cómo? si me han dicho que yo soy el responsable de mi vida, y además he crecido educado por una sociedad que castiga el error hasta con humillación pública. No puedo sentirme orgulloso, ni benévolo ni tolerante con mis errores o fracasos porque con ellos no suelo ser amado. El problema es que hemos crecido en una sociedad anti-autocompasiva.

La compasión no es algo que tenemos que ganarnos, pero el problema es que creemos que el amor sí. Si lo analizas, la forma como se nos ha enseñado sobre el amor viene a ser central en este problema de aprender a tratarnos amablemente. Usualmente de pequeños nos dijeron que nos iban a querer más o a admirar más si nos “portabamos bien”, o éramos “buenos”. Si nos portabamos “mal” tendríamos que pedir disculpas, y eso está bien hasta cierto punto, pero muchas veces en medio de la desesperación los padres generan una sensación en sus hijos de que les están retirando el afecto por lo mal que se portaron, “estoy muy molesto contigo y ya no te quiero” incluso llegan a decir algunos, no pocos. Es una medida desesperada para hacer que un niño “se comporte”, ¿como adulto? Si, lamentablemente nos es difícil la crianza de los chicos porque estamos esperando que analicen las consecuencias de sus actos como adultos. Si nosotros mismos no somos capaces de hacerlo bien, ¿qué nos hace pensar que un niño sí?. Pero por otro lado, también se nos ha dicho que se nos amará y respetará si somos “mejores”, en la escuela nos califican con una escala, los trofeos se los llevan los número 1, así que entro en la dinámica de la competencia para sentirme reconocido. La profesora me califica con rojo el error, y mis compañeros se burlan de él, y en casa me miran con bastante desaprobación por no interesarme por las matemáticas. Aprender se vuelve tensionante, y aceptarme a mí mismo en ese proceso, que de por sí es difícil, se vuelve una tortura porque internamente me estoy exigiendo como la sociedad me está exigiendo. Puede que para mejorar y aprender tenga que esforzarme, ¿pero no han pensado que ponemos resistencia a lo que nos presiona demasiado? Aprender y ser mejor en esta sociedad ya se ha vuelto traumático. Ese esfuerzo desde el temor de ser “el último en la cola”, y no desde el deseo de simplemente aprender, es el que empieza a generar la autocrítica como el mecanismo interno por el que creo que voy a “mejorar”, a llegar al estándar deseado. Y esto marca nuestro sentido de autoconcepto y amor propio.

Es decir que planteo que nuestros problemas con la compasión y la autocompasión vienen de crianza y de la sociedad en la que vivimos. Nos pasamos la infancia pidiendo disculpas sin sentirnos arrepentidos, y además muchas veces asustados por el enojo de los adultos y sus consecuencias sobre nosotros. Yo aún no creo que me haya sentido arrepentida por ese cable del teléfono (teléfono fijo antiguo de mi casa) que corté para poder usar el auricular como un inalámbrico, que fue un walkie talkie muy importante en la misión de espionaje que estaba teniendo con mi primo a los 7 años. Era muy importante tener un inalámbrico y se me ocurrió en la época en que aún no había visto el primero real en mi vida; eran los principios de los 80s en una casa de clase media colombiana. Si lo analizo bien, ¡fue una genialidad!

AUTOCOMPASIÓN VS. AUTOESTIMA

Ahora bien, ustedes podrían pensar que la Autocompasión es igual entonces a la Autoestima, sin embargo esto no es del todo acertado. Todos sabemos que la baja autoestima es algo negativo que genera muchos problemas de salud emocional y mental. Pero no todos saben que la alta autoestima también puede ser un problema. La Autoestima es el conjunto de percepciones, ideas y sentimientos que tienes hacia tí que te hacen dar una valoración positiva o negativa de tí mismo. Por ejemplo si crees que tu eres una “buena persona”, te vas a identificar con tus fortalezas, con lo que sea que esa idea de “buena persona” representa para tí. Sin embargo, también se ha visto que creer que somos muy buenos está fuertemente relacionado con sentirnos mejor que otras personas. Esto sería una autoestima agrandada que proviene aún de una pobre valoración de sí mismo y la necesidad de competencia con el otro (declarada o velada) para reafirmar mi juicio positivo. Como siento que necesito ser bueno para ser valorado, pues no voy a querer que las personas vean mis flaquezas o vulnerabilidades.

La Autocompasión en cambio no tiene que ver necesariamente con una valoración positiva que sigue poniéndose en juego en el plano de la dualidad positivo/negativo, sino que aquí ni siquiera importa si eres mejor, peor o igual a todos los demás. La autocompasión sólo significa relacionarse contigo mismo con amabilidad y en actitud de perdón sea lo que sea que pase. Es decir, no necesitamos ser perfectos para ser amados. Con autocompasión eres consciente que eres capaz de hacer grandes cosas, igual que cualquiera. Reconoces que tu tienes fortalezas y debilidades, y puedes desarrollar nuevas fortalezas si lo deseas. No necesitas ser fuerte en cada cosa para ser amado, sino que parte de amarte a tí mismo es ver de lo que eres capaz.

“Cuando tienes autocompasión no necesitas cambiar, pero te gusta crecer” (Tim Desmond)

Por esto es muy importante poder entrenar esta habilidad para la que no siempre hemos sido educados y solo lo logramos con consciencia y paciencia autocompasiva, apoyándonos benevoléntemente en el proceso. La autocompasión nos permite tomar un buen cuidado de nosotros mismos cuando nos enfrentamos con las dificultades inevitables de la vida. Es decir, sin culpa. Es un reto difícil de asumir, pero el necesario para superar los problemas de la autoestima y el amor propio.

Por Emma Sánchez

El problema es la solución. Claves para entender el miedo y sus efectos

“De la experiencia clínica procede la indicación de que, muchas veces, los mismos intentos de resolver el problema precisamente lo sostienen. La solución, repetidamente intentada, del problema inicial se convierte así en el verdadero problema” -Giorgio Nardone

En consulta alguien viene sufriendo porque su vida ha estado marcada por el dolor de estar irremediablemente segura que su madre no la deseó, ni para ella ha sido importante; que su madre no la “elige” por sobre los demás. A partir de este dolor fundamental que tiene sus raíces en la infancia, la consultante ha intentado de muchas maneras a lo largo de su vida, y de acuerdo a la madurez emocional y mental de cada etapa, ser amada por su madre, y por ende, por otras personas significativas de su entorno. En esta necesidad y sed de amor, ella construye una imagen de sí misma como “poco adecuada”, es como si se dijera: “algo debo tener malo yo y por tanto debo repararlo para no ser excluida”. Así que empieza a evaluarse críticamente, pues es lo que hacemos cuando creemos que debemos reparar algo que está dañado. La autocrítica, y desvalorización de sí misma, se convierte por tanto en una tendencia en su vida. Y volver algo como esto una tendencia, lleva a varios comportamientos naturales, como una excesiva atención e hipervigilancia de sus actos, de las reacciones emocionales de los demás, y una gran cantidad de pensamientos recurrentes acerca de sus interacciones. Es decir, como si caminar el campo de las relaciones con los otros fuera similar a atravesar un campo minado. Dentro del transcurrir de años con esta tendencia, pues sus interacciones familiares se vuelven más complicadas. La familia tiene otra versión, otra lectura de la realidad, para ellos la consultante es “conflictiva”, difícil de tratar, tal vez dirían que muy susceptible. Cada que ella intenta ser elegida, se generan una serie de intercambios familiares que la hacen sentir excluida.

¿Cuál es el problema en la vida ya adulta de esta persona? No ser querida por la madre, diríamos, pero cabe anotar que ella misma reconoce en su adultez que su madre “no la amó como ella quería que la amara”, pero que sí existe un sentimiento que es al parecer inadecuado por muchos motivos de la historia personal de su madre. Claro, ha quedado una huella de dolor, y ese es el origen de su sufrimiento, pero en su intento de resolver este dolor inicial, se originó una “solución”; la autocrítica, la revisión permanente de sí misma y de los “gestos de amor” del otro, como búsqueda de solución a la insuficiencia que experimenta en el centro de su ser. Por esto, Nardone, un terapeuta italiano, nos recuerda que muchas veces lo que intentamos para resolver el problema es precisamente lo que lo sostiene. En este caso podemos decir que la misma “puesta a prueba” en que se pone la consultante a sí misma, la transfiere con ansiedad hacia otros, encontrando algunas veces una pérdida de atención o interés de las personas externas, incluyendo su madre. La perseverancia obstinada en una respuesta así al problema conduce a la manifestación “patológica” (no me gusta esa palabra), o a lo que se vive como un síntoma de malestar: pensamiento autocrítico obsesivo y baja autoestima. Por lo general, luego este tipo de solución se generaliza y pasa a otras situaciones que, de esta manera, se convierten en problemáticas. Así, de forma inconsciente, producimos más de lo que nos hace sufrir.

Nardone utiliza un esquema al que recurre para explicar el fenómeno del miedo y su “solución problemática” en personas con fobias, pero que yo encuentro presente en el núcleo de toda persona con un bajo autoconcepto, en donde la autoestima y autoimagen se encuentran disminuidas, generando una dinámica muy compleja en sus interacciones, puesto que el miedo a no ser valorado, amado y aceptado por el otro se vuelve casi que un miedo fóbico.

El diagrama que introduzco a continuación muestra el miedo y su solución psicológica como un cono invertido compuesto de fases de reacciones que intentan ser “protectoras”para la persona.

Así vemos como el temor ante la realidad genera un movimiento que es natural en todos los individuos, que es el de intento de control de la realidad que percibo como amenazante. Es una reacción natural pues nuestro sistema nervioso está diseñado para ayudarnos a sobrevivir. Pero estos intentos de control puede que generen un alivio momentáneo o no, puede que sean fallidos porque si se trata de controlar a otra persona como mi pareja, esto solo va a despertar la reacción opuesta en el otro; no dejarse controlar. Es también su mecanismo de supervivencia. Si me demandas un amor desmedido o constantemente a prueba, me cansaré de estarte calmando y me alejaré. Y tu, que no has podido lidiar con el miedo, intentarás las “soluciones ensayadas” previas una y otra vez, como llamarme continuamente al celular por ejemplo, yo volveré a colgarte, y tú desesperado puede que empieces a pedir ayuda a expertos, quieras llevarme a psicoterapia, o pedirle consejos a todas tus amigas o hasta a un gurú. Sentirás que no te amo, y se activará tu trauma pasado ante el peligro, real o imaginario, que percibiste de las reacciones de tu madre al ser pequeña, por ejemplo. Y entonces anticiparás que yo me iré de tu lado como todos los anteriores se han ido, y repetirás redundantemente y sin tregua un círculo vicioso de dolor.

“Las circunstancias tienen menos poder del que parece para hacernos felices o infelices, pero la anticipación de circunstancias futuras en la imaginación tiene un poder inmenso” – Hugo Von Hofmannsthal

Ahora bien, es evidente que anticipamos a partir de experiencias pasadas, y con el deseo genuino de no repetirlas, pero el mecanismo de control que usamos para no volver a vivir lo que anticipamos como repetición dolorosa, tiene el poder inmenso de precisamente llevarnos hacia ella.

Vuelve al diagrama y obsérvate. Tal vez tengas que detenerte desde el punto 1. Así dejarás de reproducir más de lo mismo.

Por Emma Sánchez

Msc. Psicología Clínica

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