El multitasking, una desconexión de ti

Nuestra vida diaria se compone de una multitud de hábitos y costumbres automáticas, que hemos ido introduciendo a nuestras vidas con desorden y sin pensarlo mucho, como quien recibe continuamente paquetes de objetos y muebles para decorar su casa y cuando llega el repartidor y les pregunta dónde quiere que le descargue las cajas, responde: “ahí”, porque en realidad no se ha tenido tiempo de pensar qué lugar se le quiere asignar a las cosas. Imagínense que así se queda la casa, pues nunca hay tiempo de sentarse a organizar, a volver el espacio más eficiente, a definir la mejor forma de ubicar todo. Así mismo pasa con el manejo del tiempo, de nuestras actividades y demás, pues éstas aparecen bajo la demanda del ambiente externo. Y el ambiente externo siempre tiene demandas para hacernos funcionar a toda marcha. 

El multitasking es una de esas costumbres automáticas que todos tenemos. Por mucho tiempo incluso ha sido promovido como una habilidad o competencia ideal, propia de buenos trabajadores o personas exitosas. Pero por otra parte, se ha convertido en un vicio al que hemos cedido dada la excesiva presencia y flujo de información, los intereses del marketing y la publicidad por vendernos y hacer llegar a nuestros ojos  sus productos o servicios, y por supuesto debido, innegablemente, a las facilidades que ha traído el desarrollo de aparatos móviles y tecnologías de la comunicación. Todo esto da por resultado que hoy estamos expuestos a muy variados estímulos simultáneamente y dividimos nuestra atención en diversas tareas, pensando que así podemos -o está bien- funcionar, y cumplir un poco con todo a la vez.

Photo by Karolina Grabowska on Pexels.com

En la búsqueda sobre este tema encontré una cita de Lord Chesterfield, a quién confieso que nunca había escuchado mencionar hasta ahora, pero la frase capturó mi atención: “hay tiempo suficiente para todo en el curso del día si haces una cosa al tiempo, pero no hay tiempo suficiente en un año si vas a hacer dos cosas al tiempo” (1747). Cuando la leí me parecía una voz antigua de 300 años atrás, trayendo una sabiduría que considero importante retomar. Pero también me hacía imaginar que en 1700 podían gozar tal vez de ese “tiempo suficiente para todo”, en el curso de un día. El tiempo actual tiene otras características, y me aventuro a pensar que precisamente es el exceso de carga en nuestras obligaciones el que hace que seamos tan frágiles ante la tentación de la “perdida de tiempo” en distracciones simultáneas. 

Pero de hecho un amplio cuerpo de investigación soporta las ideas de la intuición del Lord de que el multitasking puede tener un detrimento de la ejecución de cualquier tarea (Kruglanski et al., 2002; Meyer & Kieras, 1997; Shah, 2005). Investigadores nos dicen que el multitasking es cognitivamente más difícil que el monotasking, u ocuparse de una tarea a la vez; especialmente cuando ambas tareas requieren recursos atencionales. Además, después de momentos de multitasking, las personas usualmente muestran un pensamiento fracturado y falta de foco de atención (Ophir, Nass, & Wagner, 2009)- Cai, R. A., & Guinote, A. (2017).

Una de las mayores dificultades para contener la tendencia al multitasking actual está relacionada con el constante uso del teléfono móvil. Ya que muchas tareas diarias son facilitadas por este dispositivo. Por ejemplo, en un estudio realizado se examinaron las consecuencias psicológicas y fisiológicas de ejercer el autocontrol con el teléfono móvil. Un total de 125 participantes fueron asignados al azar para sentarse en una habitación sin adornos durante seis minutos y (a) usar su teléfono móvil, (b) sentarse solos sin teléfono, o (c) sentarse con su dispositivo pero resistirse a usarlo. Se encontró que las personas que resistían el uso del teléfono aunque lo tuvieran a la mano, lograban un poco más de capacidad de concentración que aquellas que se sentaron sin el dispositivo (sin estimulación externa). Esto aporta a nuestra comprensión de las consecuencias psicológicas de la constante estimulación externa, como el aumento de la distracción mental por medio de aparatos móviles que contienen apps, canales de comunicación, etc., y nos muestra cómo los mayores desafíos de concentración se relacionan con los períodos de inactividad o pensamiento libre.

Y no podemos negar que los teléfonos móviles son fundamentales para la vida social y profesional en la era de las redes. Por ejemplo, reunirse con un amigo en un concierto puede requerir la compra de boletos con el teléfono, una conversación por mensaje de texto o una llamada para organizar el lugar de la reunión y solicitar un taxi a través de una aplicación móvil para llegar al lugar. A pesar de la relevancia y omnipresencia del teléfono móvil en los entornos cotidianos, los investigadores a menudo debaten los costos y beneficios de usar el dispositivo. Los experimentos y estudios de campo encuentran que el teléfono móvil puede agregar valor social y psicológico a los usuarios. Por ejemplo, los jóvenes de alto riesgo pueden acceder a ayudas de líneas de emergencia utilizando su celular, y éstos ofrecen tranquilidad psicológica para acercar a amigos y familiares. El uso de teléfonos móviles también puede tener un impacto positivo en el compromiso cívico a gran escala, ya que los teléfonos se pueden utilizar para organizar protestas y comunicarse con otras personas distantes, que de otro modo hubieran sido imposibles.

Por otro lado, algunos teóricos de los medios argumentan que el uso de teléfonos móviles puede ser problemático porque tales dispositivos pueden afectar negativamente el bienestar social y psicológico. Por ejemplo, la evidencia sugiere que las personas con alta dependencia del teléfono tienen altas tasas de ansiedad, disfunción social e insomnio. La investigación sobre comunicación interpersonal encuentra que la mera presencia de un teléfono puede influir negativamente en la calidad y cercanía de una conversación cara a cara. Por último, el uso frecuente de teléfonos móviles puede hacer que las personas sean vulnerables a resultados negativos, como el aislamiento interpersonal, porque las actividades en los medios móviles (por ejemplo juegos, redes sociales) pueden hacer que apartarse de las pantallas sea un desafío. 

Photo by Tracy Le Blanc on Pexels.com

Además de la presión social percibida, investigaciones recientes han vinculado la comunicación en línea y el uso de las redes sociales con el “miedo a perderse algo” (Przybylski, Murayama, DeHaan y Gladwell, 2013), FOMO por sus siglas en inglés (“fear of missing out”). El miedo a perderse algo se define como “una aprehensión generalizada de que otros puedan estar teniendo experiencias gratificantes de las que uno está ausente”. Las redes sociales, en particular, brindan un fácil acceso a la información social y una manera fácil de mantenerse involucrado socialmente. Como el miedo a perderse algo se caracteriza “por el deseo de estar continuamente conectado con lo que hacen los demás” , el uso de las redes sociales es una opción particularmente atractiva para mantenerse informado sobre las actividades sociales en personas con altos niveles de miedo a la exclusión social. Así que este temor incrementa la frecuencia de la comunicación en línea y el comportamiento de verificación, lo que resulta en niveles más altos de carga de comunicación. 

Investigaciones anteriores también proporcionan evidencia que vincula el miedo a perderse algo con la multitarea de Internet. En un estudio con estudiantes de pregrado, se encontró que los estudiantes que mostraban niveles más altos de miedo a perderse algo tenían una mayor tendencia a usar las redes sociales durante las comidas o conferencias y usaban sus teléfonos móviles para revisar o enviar correos electrónicos mientras conducían su automóvil, con más frecuencia que los estudiantes con bajo temor. 

Como vemos, las personas cada vez se encuentran menos dispuestas a desconectarse de la vida “en línea”, y el autocontrol es difícil porque los individuos deben permanecer vigilantes sobre sus comportamientos naturales, es decir, controlar el piloto automático del multitasking. Otro estudio enfocado a la forma cómo aprenden y estudian los niños y adolescentes en casa, muestra que la gran mayoría hace tareas mientras ve televisión, o tiene estímulos distractores variados, que en casa los adultos también promueven. Y los padres reportaban que este comportamiento empezaba entre los 5 y 8 años de edad. Esto es importante dadas las investigaciones que muestran las dificultades de procesamiento de información, comprensión de lectura, resolución de tareas cognitivas mientras se ejecutan varias tareas a la vez.  

Las personas cada vez se encuentran menos dispuestas a desconectarse de la vida “en línea”, y el autocontrol es difícil porque los individuos deben permanecer vigilantes sobre sus comportamientos naturales, es decir, controlar el piloto automático del multitasking

Ahora bien, si las personas encuentran difícil “desconectarse del mundo virtual”, y más aún si vemos que la actividad contemplativa o de pensamiento libre, definida como un periodo de estar a solas con los propios pensamientos, sin estimulación externa y sin una ayuda cognitiva, es un desafío muy complicado para la mayoría de las personas, esto nos pone en alerta de los complicados retos del mundo actual que impactan el bienestar psicológico de un modo grave.

Con esto me refiero a que la introspección es una cualidad humana de gran importancia. El desarrollo de una habilidad para dejar fluir el pensamiento libremente, puede llevar a que la persona mantenga una buena salud mental, se conozca a sí mismo, pueda tomar decisiones adecuadas, siendo éste un espacio de crecimiento interno con repercusiones obvias en la dimensión de sus relaciones. Sin contar la expansión del pensamiento creativo que ocurre en momentos de libertad de pensamiento en que éste no está dirigido por tareas específicas que limiten el surgimiento de la innovación.

El multitasking te conecta con todo excepto contigo 

¿Por qué estar solo con tus pensamientos es menos positivo en la valoración psicológica de las personas, que tener algo sobre lo qué pensar? ¿Por qué los periodos de soledad y pensamiento libre son sentidos como de menos disfrute, mayores dificultades de concentración y más divagación de la mente?. Bueno, precisamente es éste el síntoma moderno que más encontramos. Es por esto que prácticas contemplativas en naturaleza, o ejercicios de meditación siguen pareciendo una cosa de monjes extremos para la mayoría de las personas. Estar en quietud y silencio con nosotros mismos quedó en el olvido de la antiguedad cuando la actividad contemplativa era aceptada como el momento de creatividad o descubrimiento de ideas de filósofos, pensadores y artistas. El estilo de vida que ha diseñado la sociedad ha buscado acabar con ese tiempo porque no era “productivo”, y así en este ajetreo, vamos sobreexigiendo a todos los sistemas de nuestro cuerpo, nuestro cerebro, sistema nervioso y demás, una forma de funcionar que no es saludable. El multitasking te conecta con todo excepto contigo. 

No te mereces ese olvido, y puede que no te des cuenta de él porque estás encantado con la estimulación divertida sin parar, solo hacer scrolling y llega una diversión después de otra, un modelo ideal al cual seguir, y después otro, una experiencia que te tienta seguida de otra más, mientras a la vez aparecen 15 notificaciones de Whatsapp esperando que respondas rápidamente, mientras subes y editas historias de Instagram, y a la vez tienes 10 pestañas del navegador abiertas con Youtube, páginas de videos, de tienda de ropa, y por supuesto, tu trabajo (académico o profesional) esperándote para que continúes… pensando en todo, menos en tu libertad. 

Por Emma Sánchez – Mg. Psicología Clínica y Guía de Shinrin-yoku o “Baños de Bosque”

@esmindful & @lluviadebosque

Referencias:

Doing many things at a time: Lack of power decreases the ability to multitask. British Journal of Social Psychology, 56(3), 475–492. https://doi-org.ezproxy.javeriana.edu.co/10.1111/bjso.12190

Markowitz DM, Hancock JT, Bailenson JN, Reeves B (2019) Psychological and physiological effects of applying self-control to the mobile phone. PLoS ONE 14(11): e0224464. https://doi.org/10.1371/journal.pone.0224464

Uncapher MR, Lin L, Rosen LD, et al. Media Multitasking and Cognitive, Psychological, Neural, and Learning Differences. Pediatrics. 2017;140(Suppl 2):S62-S66. doi:10.1542/peds.2016-1758D

El GPS del “Aquí y Ahora”

“Ubicación en el GPS: Aquí y Ahora…. Recalculando…. Quédate quieto”. Seguro has escuchado a muchos mencionar esta expresión casi a manera de mantra o acertijo: “Aquí y Ahora”. El consejo -innegablemente sabio- es este: vive en el aquí y el ahora, habita el momento presente. Es el único que tienes. Es el único que controlas”. Aunque lo escuches mil veces y tenga sentido, no encuentras cómo llegar a ese lugar mítico llamado “Aquí y Ahora”. Tu caminas y transitas los segundos, minutos y horas de esta vida que tienes sin tener muy claro en qué plano temporoespacial estás. Tu cuerpo está aquí, piensas, ¿tu mente? Ella baila tan rápido, se mueve como una bailarina incansable en el escenario aleteando los brazos lanzando las piernas en todas las direcciones, va y viene, salta y se retuerce, a veces se queda pendulando en un punto, y luego arrebatada como en una obra de danza contemporánea se mueve sin tu poder distinguir qué esta haciendo un brazo y qué otro ritmo marca un pie. 

¿Te suena a una buena descripción de tu mente? Y vale la pena que nos preguntemos: ¿Y no será que así debe funcionar la mente; moviéndose? ¿Por qué ahora los meditadores, instructores de mindfulness o espirituales nos quieren hacer enfocar la atención en una cosa? Algunos dirán: “¡Pero sí es una gran cualidad ser multitasking! o, “Cuando pienso y pienso sobre un asunto, voy a llegar a soluciones o a tomar decisiones más acertadas”

¿Por qué es importante intentar vivir en el “Aquí y Ahora”?

“Cuando dejamos de desear que algo más o diferente pase en este momento, estamos tomando un profundo paso hacia adelante siendo capaces de encontrar lo que está aquí ahora. Si esperamos ir a alguna parte o desarrollarnos a nosotros mismos en una vía, solo podemos caminar desde donde estamos parados. Si no sabemos realmente dónde estamos parados -un conocimiento que venga directamente de la cultivación de la atención plena- podríamos solo ir en círculos, debido a todos nuestros esfuerzos y expectativas. Entonces, en la práctica de la meditación, la mejor manera de llegar a algún lugar es dejar de tratar de llegar a cualquier lugar por completo” -Jon Kabat-Zinn “Where you go, there you are”

Jon Kabat-Zinn, investigador del mindfulness y sus efectos curativos en nuestro cerebro y organismo, me parece que lo explica de este modo sencillo que no se puede refutar. Todos sabemos que la vida es un baile, un movimiento en el que estamos creciendo y cambiando todo el tiempo. Que el tiempo es un movimiento de un segundo al siguiente, y así las horas y los días. Estamos sin hacer consciencia de ello, en la perpetua renovación de la vida y la muerte. La palabra que acabo de escribir ya murió en el segundo que pasó. Y mi respiración sale y entra y mi corazón late y vuelve a latir y yo estoy aquí, entre latido y respiración, y movimientos de los dedos que teclean. La mente quiere moverse porque ha aprendido que así sobrevivimos, ella nos muestra deseos todo el tiempo. 

Lo curioso es que me digan que estamos tomando un paso hacia adelante al detenernos en el presente. Para intentar explicarlo se me ocurrió la imagen mental del GPS. Si no sé dónde estoy no puedo ubicar el camino hacia ningún lugar. Si me detengo y tomo consciencia de mi momento, de mi estado mental en este instante, dejaré de dar círculos o vueltas infinitas tropezando con el afán de llegar lejos, y vivir en la anticipación de la mente que no disfruta la tranquilidad porque no ha construido la noción de que estar “aquí y ahora” es el lugar perfecto y seguro para estar. 

Así que me gusta como Kabat-Zinn nos dice que “la meditación consiste en dejar que la mente sea como es y saber algo sobre cómo es en este momento”. Pensémoslo: “Dejar la mente ser como es” y llegar a “saber algo sobre cómo es” esta mente que me acompaña, “en este momento”, no en el segundo que aún no existe, ni en los millones de segundos que ya se fueron. Si no ejercito mi mente en la atención plena y consciente de mi lugar -mental y físico- de este instante, toda la vida será una carrera a contrarreloj a ciegas. Pero como esto implica que le demos una información diferente a nuestro cerebro de la que ha tenido hasta ahora, pues nuestra cultura premia la velocidad y siempre te pide que desees “llegar más lejos”, pues la meditación, como práctica de la quietud, viene a ser un camino de reprogramación del GPS que me parece maravilloso.

Photo by Leah Kelley on Pexels.com

La dificultad para reprogramarnos en el “Aquí y Ahora”

Las dificultades de hacer esto tiene que ver con que es una noción tan ajena a nuestra vida, que es como si tuvieramos el GPS pero no hemos leído el manual de instrucciones. 

En mi caso personal, soy ahora alguien que promueve el mindfulness, una vida lenta (slow life), y el minimalismo porque yo he padecido la acumulación de pensamientos de una mente a la que le encanta la velocidad. Yo vivía tan en el futuro que cuando leía un libro constantemente me adelantaba las páginas; incluso los de literatura. De forma automática tenía que ver, ojear, o tener alguna idea de lo que pasaba adelante en la historia, o de cuántas páginas o capítulos me faltaban. No les miento si les digo que me ha acompañado una mente que me ha extenuado a lo largo de mi camino. Ella constantemente me crea sueños y metas de las cuales se apega, y me propone aprendizajes y retos cada vez más complejos, sin pausa. Generalmente no le gustaba verme descansar.

He tenido un lío con el tiempo, no me podía faltar un reloj, y me volvía -o vuelvo!- un tanto obsesiva con él. Amigos que conocí de otras culturas mientras estuve en Australia, me preguntaban sorprendidos por qué caminaba tan rápido (parecía trotando). Luego los años que viví en Bogotá, Colombia, creo que siempre estaba tan mentalmente acelerada como la ciudad. Puede que la gente por fuera me viera en calma -y aún pasa- pero mi mente es sumamente activa -y rápida-. A veces no dejo terminar de hablar a las personas porque me emociono y mi pensamiento va muy rápido, así que me cuesta darle espera a la idea. No se imaginan lo terrible de tener que lidiar con esto cuando tienes mi profesión. Desde pequeña recuerdo decir que me desesperaba la lentitud de la gente, y con 37 años de vida, aún tengo una rapidez para hacer las cosas que en realidad me es natural. ¿Qué me pasó al vivir así? Vivía sumamente frustrada, tenía un cuaderno en el que escribía metas con fechas, objetivos, retos, logros, lugares del mundo por conocer, dinero por ganar, etc. Todo eso me iba a hacer sentir mejor, como que estaba logrando algo o siendo más feliz. Pero luego, nunca se cumplían esos tiempos, o las cosas no salían en ese orden controlado, y venía mi autocrítica, mi reproche interno, mi desvalorización. Esto no solo me pasa a mi, es lo que le pasa a miles de personas en el mundo, muchas de ellas vienen a buscar consejería y apoyo. Hoy en día no hay nada que yo pueda recomendar más que meditar para ir aprendiendo a tomar contacto con tu instante de vida, y compasivamente ir aceptando ese instante como el mejor que habitas; el único. 

Sintonizando el GPS hacia “Aquí y Ahora”

Para decidirse a practicar Mindfulness cada momento de tu día y a estar en el presente se necesita mucho coraje. Es más sencillo andar a las carreras huyendo hasta de la sombra -o precisamente de ella-. Tal vez por esto leer el manual de instrucciones y dejar que el GPS nos ubique nos da algo de susto. ¿Hacía dónde nos llevaría si sintonizamos nuestro gps hacia “aquí y Ahora”? ¿Qué es lo que estoy evitando ver? 

Esto es lo que los junguianos (corriente psicológica), llaman “Trabajo del alma”, el desarrollo de la profundidad del carácter a través del conocimiento de las tortuosas profundidades y extensiones laberínticas de nuestras propias mentes. La belleza del trabajo meditativo es que es posible confiar en la práctica misma para guiarnos a través del laberinto. Nos mantiene en el camino frente al más aterrador de nuestros propios estados mentales y circunstancias externas. Nos recuerda nuestras opciones. ¿Por qué? ¿Cómo? Porque es el trabajo de la respiración el que en esencia actúa sobre tu sistema nervioso pudiéndolo calmar a la vez que dándole herramientas para enfrentar los contenidos de tus estados mentales.  

Es una guía para el desarrollo humano, una hoja de ruta hacia nuestro “yo radiante”, al “yo” de un adulto completamente desarrollado. Pero, para que la meditación haga su trabajo, tenemos que estar dispuestos a hacer el nuestro. Debemos estar dispuestos a encontrarnos con la oscuridad y la desesperación cuando se acerquen y enfrentarlas, una y otra vez si es necesario, “sin huir o adormecernos en las miles de formas que conjuramos para evitar lo inevitable” (Jon Kabat-Zinn).

Cómo empezar a vivir en el “Aquí y Ahora”

Es simple. Y así suene a chiste, te lo voy a escribir lo más escueto posible. Aquí va:

  1. Quédate quieto
  2. Cierra los ojos y respira. Respira primero suave. No fuerces nada, luego poco a poco más profundo. 
  3. Siente toda la extensión de tu cuerpo. Ubica tus pies, siente sus dedos, sus puntos de apoyo, tus tobillos, pantorrillas, muslos, genitales, cola, espalda, abdomen, pecho, hombros, brazos, manos, cuello, cara y cabeza. Siéntelos mientras respiras. ¿Estás ahí?
  4. Una vez estando seguro que estas ahí, sigue quieto respirando. 
  5. Vienen emociones y pensamientos. Escuchalos, siente cómo se sienten las partes de tu cuerpo que ya ubicaste cuando esos pensamientos se te colaron en el cuerpo. 
  6. ¿Se te olvidó cómo se sienten las partes de tu cuerpo? Entonces repite el paso 2 y 3. 
  7. Una vez hecho el paso 5, imagínate que esos pensamientos son pajaritos que van volando por el cielo y trinan cada uno a su estilo. Tu estás sentado bajo un árbol, los pájaros pasan y trinan. Tu escuchas pero no te vas a ir con ninguno. Ellos pasan y trinan. Tu vuelve a tu cuerpo. Ubicas tu placer, ubicas tu displacer, y vuelves a darle aire al cuerpo, lenta y profundamente para que vuelva a sentirse en paz. 
  8. Repetir diariamente, las veces en el día que más puedas. 

Con el tiempo, la ubicación actual de tu ser empieza a estar más clara, y el GPS de tu vida bien calculado. 

Por Emma Sánchez -esmindful-

Poniendo límites (con/sin) miedo

Aquí encontrarás el episodio de mi podcast Esmindfulness

Los límites son necesarios para tener relaciones sanas y una vida sana. Casi que la mayoría de nuestros problemas en las interacciones con otras personas están centrados en la transgresión de límites, que es una transgresión de respeto. Pero a la vez, en nuestra comunicación diaria con las personas hay una dificultad enorme para mostrarle al otro cómo quiero ser tratado. Parece que diéramos por sentado que no podemos esperar la empatía de los otros seres para entender nuestra verdad, y que éstos siempre podrán volver su enojo hacia nosotros si llegan a sentirse limitados en sus deseos o expectativas. Es una forma de relacionarnos profundamente errada, en donde no hemos superado el juego del ego y la complacencia, los cuales nos muestran una importante inmadurez emocional. Además esparcida socialmente. Al que le ponen límites no quiere recibirlos, y el que se siente abusado no se permite ponerlos.

Afortunadamente establecer límites es una habilidad que se puede desarrollar. Aunque sea una habilidad para la que muchos de nosotros no fuimos educados, siendo casi una noción desconocida en su vida y de muy difícil aplicación, esta capacidad puede crecer en ti, y es de vital importancia (sí, vital!) que la aprendas. Sin poner límites tus relaciones no van a funcionar, tu vida no va a experimentarse tranquilamente, tu seguridad personal va a verse cada vez más disminuida, vas a estresar crónicamente, vas a experimentar ansiedad, ataques de ira, sentimientos reprimidos, resentimiento, depresión, insatisfacción con tu vida, tristeza, y quedarás atrapado en sentir todo esto con el fin de evitar sentir lo que vivirías si hablaras y pusieras tus límites; vergüenza, culpa, miedo al conflicto por el enojo del otro, miedo a su desaprobación, miedo a que no te quiera. 

Photo by Marcelo Chagas on Pexels.com

Poner límites es un gran acto de amor propio. Si estás animándote a hacerlo, o al menos ya reconoces su valor, puede que te estés preguntando cómo hacerlo bien. Cómo poner límites ocasionando el menor colapso posible en tus relaciones. 

Aquí reúno algunas ideas de la Dra. Dana Gionta, quien ha profundizado mucho en el tema, y con cuyas ideas me encuentro muy de acuerdo pues las he experimentado en el consultorio ayudando a que las personas empiecen este proceso, que dará por resultado mucha sanación, ya que tu amor propio se incrementará y no tendrás que hacerlo desde la rabia o la explosión emocional, sino desde una sana comprensión de tus necesidades y, con actitud compasiva, también podrás ser firme en la explicación al otro de cómo debe tratarte. 

  1. Nombra tu límite: 

No puedes establecer buenos límites si estás inseguro de dónde plantarlos. Por esto tienes que identificar tu límites físicos, emocionales, mentales y espirituales. Considerar lo que puedes tolerar y aceptar y lo que te hace sentir incómoda o estresada. 

Claramente y objetivamente decir el límite. Ejemplo: “no voy a estar respondiendo mensajes pasadas las 7 pm” “Necesitaré que me preguntes antes de programarme alguna reunión” “Necesitaré una noche de la semana para mí mismo”

  1. Alinearte con tus emociones y sentimientos: 

La Dr. Dana Gionta plantea que hay unas banderas rojas o pistas de que estamos traspasando nuestros límites: discomfort y resentimiento. Ella sugiere pensar esos sentimientos como un continuum de 1 a 10. Seis de 10 es ya la zona alta. Si tu estás en la zona alta de este continuum, durante o una situación o interacción, deberías preguntarte a ti mismo, ¿Qué está causando esto? ¿Qué es lo que de esta interacción, o de las expectativas de la otra persona que me están molestando?

El resentimiento usualmente “viene de sentir que el otro se aprovechó de nosotros, o no ser apreciados”. Es frecuentemente un signo de que nos estamos empujando a nosotros mismos, o más allá de nuestros propios límites porque nos sentimos culpables (por no ser una buena hija o esposa, por ejemplo), o alguien más está imponiendo sus expectativas, puntos de vista o valores en nosotros. 

“Cuando alguien actúa en un modo que nos hace sentir incómodos, ésta es una señal para nosotros de que ellos pueden estar violando o cruzando un límite” -Gionta.

  1. Comunicar TUS necesidades (sin enfocarte en la otra persona)

Empieza tu límite con tus propias necesidades, no como tu quisieras que el otro se comportara). Ejemplo: “Yo necesito algo de espacio para responder tus mensajes de chat” en vez de “Necesito que dejes de bombardearme con textos antes de que yo tenga el chance de contestar. 

Sé directo. Con algunas personas, mantener límites sanos no requiere un diálogo directo. Usualmente este es el caso si las personas tienen estilos de comunicación similar, personalidades o puntos de vista similares ante la vida. Pero con otros, necesitas ser más directo sobre tus límites. Considera este ejemplo: “una persona considera que debatir las opiniones ajenas es una manera saludable de comunicación” pero otra persona siente esto como irrespetuoso y tenso. Hay otras veces en que tu puedes necesitar ser directo. Por ejemplo, las parejas pueden necesitar hablar acerca de cuánto tiempo ellos necesitan para mantener su sentido de sí mismos y cuánto tiempo quieren pasar juntos.

  1. Date permiso a ti mismo

Miedo, culpa y dudas son los grandes trampas potenciales. Es normal que sintamos miedo a la respuesta del otro si nosotros establecemos y reforzamos nuestros límites. Nosotros podemos sentir culpa por hablar  decir no a un miembro de la familia. Muchos creen que ellos deben ser capaces de lidiar con una situación o decir si porque ellos son unos buenos hijos o hijas, incluso cuando se sientan drenados o de alguna manera invadidos o que toman ventaja de ellos. Puede que hasta se pregunten si incluso merecen tener límites en primer lugar. 

Los límites no son solo un signo de una relación saludable. también son signo de auto respeto. Date a ti mismo permiso para establecerlos y trabaja para preservarlos.

  1. Practica auto-consciencia

Los límites son acerca de honrar tus propios sentimientos. Si tu notas a ti mismo dilatando y no sosteniendo tus límites, Gionta sugiere preguntarse: Qué ha cambiado? Considerar: “Qué estoy haciendo o qué está haciendo la otra persona?” o “Cuál es la situación elicitando que está haciéndome resentida o estresada?” entonces, meditar sobre tus opiniones: “Qué voy a hacer acerca de la situación? Sobre qué tengo control?

  1. Considera tu pasado y presente

Cómo fuiste criado en cuanto a tu rol en tu familia suele ser la razón por la que tienes obstáculos emocionales en establecer y preservar límites. Si tu has sostenido el rol de cuidador, aprendiste a enfocarte en otros, dejarte a ti mismo de lado te drena emocional y físicamente. Así, ignorar tus propias necesidades puede haberse convertido en la norma para ti. 

También piensa en las personas que te rodean, ¿tienes relaciones recíprocas con ellas? Existe un saludable toma y dame?

Más allá de las relaciones, tu ambiente puede ser poco saludable. Por ejemplo, si tu trabajo es de 8 horas al día pero tus compañeros de trabajo permanecen al menos 10 a 11, hay implícita una expectativa de ir más allá, y esto te llevará a trabajar más. Puede ser muy desafiante ser el único de pocos tratando de mantener límites saludables. De nuevo, aquí es donde sintonizar tus sentimientos y necesidades y honrarlos se vuelve crítico. 

  1. Haz de tu autocuidado una prioridad

Creo que lo que hago como psicoterapeuta tiene que ver mucho con ayudar a que las personas hagan de su autocuidado una prioridad, lo cual también involucra darte permiso a ti mismo(a) de ponerte primero. Cuando hacemos esto, “nuestra necesidad y motivación para establecer límites se fortalece”. Autocuidado también significa reconocimiento de la importancia de tus sentimientos. Estos sentimientos sirven como “importantes señales acerca de nuestro bienestar y lo que nos hace felices e infelices”

Ponerte a tí mismo primero también te da la “energía, paz mental y el panorama positivo para estar más presente con otros y estar ahí para ellos”. Y cuando nosotros estamos en un mejor lugar podemos ser una mejor esposa, madre, esposo, compañero de trabajo.

  1. Busca Apoyo

Si estás teniendo muchas dificultades con los límites, busca algún apoyo, como un grupo de apoyo, tu iglesia, coaching, terapeuta o buenos amigos. Con los amigos o familia, puedes incluso hacer un ejercicio de establecimiento mutuo de límites y responsabilizarse mutuamente. 

  1. Se asertivo

No solo basta con establecer límites; tenemos que seguirlos. Incluso cuando sabemos intelectualmente que las personas no son lectores de mente, nosotros esperamos que los otros sepan lo que nos duele o molesta. Pero ya que eso no ocurre, es importante asertivamente comunicarle a la otra persona cuando ha cruzado un límite. 

De una forma respetuosa, dejamos a la otra persona saber lo que en particular es molesto para ti y que pueden trabajar juntos para abordarlo.

Evita también la sobre explicación. En parte esto tal vez es un juego del ego que ya está listo para la defensa.  Sólo observa esto y resiste el impulso de explicar. Un “NO” claro y una frase de límite permite a la otra persona elegir cómo responder. No estamos buscando controlar a la otra persona. Estamos buscando darnos un lugar.

  1. Empieza pequeño (Baby Steps)

Como cualquier nueva habilidad, comunicar asertivamente tus límites toma práctica. Puedes empezar con un pequeño límite que no te esté amenazando, y luego incrementar a límites más desafiantes. Construir sobre tu éxito, y al principio, tratar de no tomar algo que te haga sentir abrumado.

“Establecer límites toma coraje, práctica y apoyo”, y es una habilidad que puedes masterizar.  

Te dejo algunos ejemplos de situaciones que requieren límites

  • En la vida laboral 

– Tus clientes llaman durante conocidas horas de cenar o almorzar, o después de las 9 o 10 pm cuando les has pedido que te llamen antes de las 7 pm. 

– Tu fuiste recientemente contratado en un cargo. Después de empezar, tu te encuentras a tí mismo haciendo algo completamente diferente. 

– Tu jefe te regaña repetidamente enfrente de tus compañeros de trabajo o clientes. 

– Continuamente recibes mail (o chats!) y llamadas mientras estás en tus vacaciones. 

– Eres requerido continuamente para que trabajes durante horas de trabajo o en las noches. 

– Tenías un acuerdo con tu jefe o cliente por un marco específico de tiempo o deadline para un proyecto, y después recibes exigencias para completarlo antes

– Si tu no haces exactamente lo que tu cliente desea (incluso si no le conviene), él o ella se enoja o te amenaza con irse del negocio.

– Tu familia/amigos te llaman a lo largo del día a la oficina, aunque has pedido repetidamente que ellos selecciones tiempos diferentes, o solo si es urgente.

Te tengo una noticia: aceptémoslo, no vas a atravesar estas situaciones sin sentir un profundo malestar, rabia, sentido de injusticia y desesperación. El miedo a quedarse sin empleo si hablan es el más típico que refiere la gente cuando se lo invita a darse cuenta que debe plantear sus límites en entornos laborales. Es importante que ubiques tus emociones y les des un lugar dentro de ti, las sientas, las nombres, las descargues de la manera que sientas que debes hacerlo: llorar, hablar con alguien, escribir. Pero también que puedas darte cuenta que te mereces respeto en el entorno laboral, que puedes agotar diferentes maneras de conversación asertiva, que puedes buscar áreas de recursos humanos, o que incluso, en última instancia, puedes planear tu salida de un lugar donde no te respetan ni escuchan. Habrá cosas que acomodar de la realidad material de tu vida, habrá incertidumbre, pero puede que al tomar el coraje para hacerlo, te estés dando un empujón hacia una vida mucho mejor. 

  • Con las personas cercanas

Cuando tu familia quiere solucionarte los problemas. 

Un límite claro podría ser: “Me gusta saber que deseas estar aquí para mi, pero yo quiero aprender a solucionar el problema por mi mismo(a). ¿Podría preguntarte cuando yo desee tu consejo?”

Cuando te dan consejos no pedidos. 

“Cuando tu pienses que tienes un buen consejo para ofrecerme, yo quisiera que primero me preguntarás, “¿cómo puedo ayudarte?”, antes de que me lo compartas”

“Significa mucho para mi que tu desees estar aquí para mi. Haré mi mejor esfuerzo por dejarte saber el tipo de apoyo que necesito en el momento -para que tu solo me escuches; para solucionar el problema y explorar opciones juntos; o para darme tu consejo”

Cuando opinan sobre tu físico o tus decisiones o filosofías de vida.

“Entiendo que en tu visión del mundo no estás de acuerdo con el amor entre personas del mismo sexo. Te pido no darme tu opinión sobre mi forma de amar si no te lo he pedido”

“Si no te he pedido orientación o consejo acerca de mi salud, mi peso o la forma de mi cuerpo, te pido que te abstengas de dármelos”

Los límites nos incomodan como a un niño le incomoda ducharse a cierta hora, levantarse para ir al colegio, o no gritarle a los amiguitos del salón. Los límites, las normas no nos gustan. Así no nos gusten, nadie negaría la importancia de que un niño aprenda estas cosas -para su vida y la vida en sociedad-. Alguien me decía una vez que le parecía increíble que le tuviera que poner límites a sus tíos adultos, que en reuniones familiares se sentaban a comparar la belleza o la inteligencia de las sobrinas. “Él ya tiene saber hace mucho tiempo que eso no se hace”. Pues bien, lo está haciendo contigo, y tu no tienes que recibir su mala forma de relacionarse. 

Por último, quisiera recordarles que todos, en nuestros pequeños y grandes actos, estamos construyendo sociedad. No normalicemos más la falta de empatía y los miedos a expresar nuestra verdad. No podemos hablar de amor propio y aprender a querernos si no le enseñamos a otros a querernos. Es un acto de amor propio esencial. 

Por Emma Sánchez

@esmindful – @lluviadebosque

Por qué nos autosaboteamos la autocompasión y 3 consejos para dejar de hacerlo

Tomemos con compasión la palabra compasión. Resignifiquemos esta idea tan necesaria. Autocompasión NO es autolamentación, autocompadecerse y tenerse lástima. Por tanto tampoco implica que al ser autocompasivo te estás llevando por el camino de la mediocridad o del poco esfuerzo. Autocompasión tampoco es autoestima. No se trata solo de tenerme en un alto valor personal. Autocompasión ES benevolencia, apoyo a mi mismo, comprensión de mis aciertos y desaciertos; sin exagerada apreciación de los primeros ni eterno castigo por los segundos. Autocompasión es respeto propio, es no violencia, es compromiso en el acto de conocerme y acompañarme en mi experiencia de vida. 

Las personas están acostumbradas a causarse a sí mismas mucho daño. Y no es fácil cortar esta inercia inconsciente hacia la violencia psicológica cuando somos una sociedad de siglos en donde ha imperado la violencia, y la idea del castigo y maltrato físico y psicológico como método de corrección humana. Esta idea de desarrollarnos como personas “de bien” desde el castigo y la dureza de la ley autoritaria ha convivido -incongruentemente- con la misma noción de amor humano y cuidado que también hace parte inherente del ser humano. Entonces, lo que tu padeces si me estás leyendo en este momento, yo también lo he padecido y millones de personas sufren efectos inconscientes gravísimos que provienen de esta misma idea. 

Autocompasión ES benevolencia, apoyo a mi mismo, comprensión de mis aciertos y desaciertos; sin exagerada apreciación de los primeros ni eterno castigo por los segundos. Autocompasión es respeto propio, es no violencia, es compromiso en el acto de conocerme y acompañarme en mi experiencia de vida. 

Hace unos días en Colombia aprobaron una ley que prohíbe el castigo físico de adultos a menores. “los tratos crueles, humillantes o degradantes y cualquier tipo de violencia como métodos de corrección contra niños, niñas y adolescentes”. Maravilloso y triste a la vez. Tocó pasarlo por plenarias y congresos para que prohíban el daño “físico”, ¿y el emocional? ¿Ahora qué van a hacer esos padres y madres que no saben cómo manejar sus emociones ni mucho menos las de sus pequeños? Pues seguirán dando correazos; de cuero y de lengua. Y es que la mordacidad y violencia verbal se queda como un tatuaje en el corazón de las personas, lo cargan con ellos aplastándolos y apagando su respiración, su capacidad de brillar en la vida, su valentía para mostrarse al mundo, para perseguir sueños, para mostrarle a otros su valor personal. Me alegro por la nueva ley colombiana, pero perdónenme si sueno aguafiestas, el cambio real requiere esfuerzos mucho mayores. Y pues bueno, por algo vamos empezando, pero mi interés es que no perdamos de vista que el aprendizaje de la empatía y la compasión es uno necesario que debemos hacer todo el tiempo, y que si continuamos en apostarle a esto, iremos poniendo cimientos para una sociedad futura en donde el auto-odio no exista, el auto-castigo no sea necesario y la vergüenza y desvalorización ya no sean los síntomas de un mundo enfermo.

Photo by Kat Jayne on Pexels.com

Así que cuando vamos, como terapeutas, acompañando personas en el proceso de sanar su auto criticismo, encontramos que las personas se autosabotean, incluso cuando reconocen que lo necesitan. Al intentar decirse palabras amables internamente para modificar su narrativa interna, este tipo de conversación personalizada, vuelven gritos histéricos internos que en forma de mandatos les ordenan sentirse no suficientes, castigarse, verse feas, verse malas, verse inadecuadas. ¿Qué pasa? ¿Por qué es tan fuerte el automaltrato? ¿A qué nos hala de vuelta la autocrítica?

Tim Desmond, en su libro “Autocompasión en psicoterapia. Prácticas basadas en mindfulness para la curación y transformación” nos habla de una clasificación que ha hecho de 5 razones o propósitos inconscientes que buscan las personas cuando se autosabotean este proceso.

  1. MANTENER UNA CONEXIÓN: Puede que mi madre o padre hayan sido maltratadores psicológicos en mi infancia, y si yo asumo esta realidad, ¿cómo voy a poder seguir conectando con ellos? mientras que si yo perpetuo la sensación de que lo merezco, en mi interior conservo la conexión con unos padres que puedo amar.
  2. MANTENER LA ILUSIÓN DE CONTROL: Si yo soy la culpable, puedo controlar el proceso de convertirme en alguien mejor. Si yo no me culpo por aspectos de mi puedo sentir que todo escapa de mi control, por ejemplo la aceptación que los demás tengan de mi ya no la podría controlar fijándome en todos los detalles de los que estoy pendiente cuando me estoy auto criticando. Y esa posibilidad de descontrol me asusta. 
  3. MANTENER UN SENTIDO DE JUSTICIA: Si yo no soy culpable por los maltratos psicológicos que he recibido, si no se trata de que yo sea mala o inadecuada sino que así me lo han hecho ver otros, entonces tengo que reconocer que el mundo es demasiado injusto. 
  4. PROTEGER UNA RELACIÓN: Si yo reconozco que soy digna de amor, puede que alguien importante en mi vida me rechace. Esta persona cree que yo merezco irrespeto y podría no tolerar que yo ya no esté de acuerdo. Esto pasa comúnmente en las relaciones codependientes
  5. EVITAR RESPONSABILIDAD POR LA VIDA: Si yo sé que no hay nada malo conmigo, que soy buena persona que simplemente se equivoca o tiene desaciertos, tendré que convertirme también en responsable de asumir mis procesos. Creer que estoy “rota” o “dañada” me permite escapar inconscientemente de responsabilizarme. 

Así que me parece importante retomar estas ideas de Tim Desmond puesto que podemos reconocer fuerzas inconscientes que están en la base de la forma cómo hemos construido los vínculos afectivos más importantes en nuestras vidas. Sin esas conexiones, sin proteger esas relaciones no sabemos cómo confiar en nuestro valor y darnos apoyo y benevolencia. Si darnos benevolencia y buen trato implica perder la relación, o quitarle poder y veracidad a las voces críticas o mandatos y exigencias que he recibido del exterior, entonces prefiero seguir tratándome mal. Es complejo porque la persona está atrapada en una disyuntiva que le implica elegirse a sí mismo perdiendo un poco al otro. Dándole más peso a sí mismo que a lo que le ha sido enseñado o transmitido por el otro, y esto es sumamente angustiante, porque usualmente nunca lo ha hecho.   

3 Consejos para intentar no autosabotearte tu autocompasión

Las personas que acuden a procesos de ayuda terapéutica por baja autoestima, alta autocritica, sensaciones de vegüenza e inseguridad deben atravesar este camino de distanciamiento de las voces externas para encontrar su voz interna compasiva. Este proceso puede despertar muchas emociones de miedo y también de rabia. Así que el ver la compasión desde una perspectiva circular es muy sanador. Yo hago este proceso de quererme y así mismo tomo el coraje para permitir ser digna de vivir y ser amado en mi esencia, tal y como soy. Así mismo doy eso de vuelta a los otros. Me niego a no ser tratado desde el amor, pero puedo ser compasivo comprendiendo el lugar desde el que los otros hablan cuando hablan. Y este circulo es liberador. 

Pero ahora, de forma práctica quisiera dejarles 3 pequeñas prácticas que puedes introducir para identificar y trabajar tu autosabotaje de la compasión. 

  1. ENTIENDE CÓMO FUNCIONA TU AUTOSABOTAJE: El autosabotaje en todas las áreas de tu vida uede ocurren incluso cuando la persona se siente muy motivada al cambio. Piensa en tí como si pensaras en varios “tu”. Una parte quiere el cambio, la otra parte se rehúsa. Imagínalas, visualiza los gestos de una y de la otra, los tonos de voz. Y siéntalas a dialogar… compasivamente! Toma papel y lápiz y escribe lo que dice una y lo que responde la otra, luego toma nota de lo que siente la que quiere cambiar cuando se imagina una vida sin constante autocrítica, y toma nota también de lo que le preocupa a la otra. Haz consciencia de las dos y entiende que ambas tienen razones. Puede que la segunda que se rehúsa te diga que tiene miedo que al permitirse decir lo que verdaderamente quiere, todos la juzguen y luego no pueda hacerlo bien. Intenta darle respuestas desde tu otro “yo”. 
  1. COMPLETA ESTAS FRASES: 

“Yo necesito continuar (deprimida, ansiosa, insuficiente, inadecuada, etc) porque..…”

“Me niego a dejar ir mi (depresión, ansiedad, insuficiencia, incapacidad, etc) porque si lo hago ……” . Y continúa más allá. Siguete preguntando para qué necesitas lo que dices que necesitas al responder estas preguntas.

  1. USA EL PROCESO “ALIMENTANDO TUS DEMONIOS”: El maestro budista Tsultrim Allione (2008) enseña un proceso para identificar y traer compasión al autosabotaje. Este proceso inicia activando el síntoma y sintiéndolo en el cuerpo. Luego visualiza esa sensación transformándola en alguna forma humanoide. Por ejemplo mi autocrítica es una vieja intelectual y muy seria con unas gafas tipo lupa y voz susurrante y despectiva. Analiza esa imagen, déjate llevar por ella, ponle nombre y… ¡trata de empatizar con ella! Pregúntale cosas: “¿Qué necesitas?”, “¿Cómo estás tratando de ayudarme?”, “¿Cuál es tu trabajo?”, “¿Qué necesitas oírme decir?”. Debes continuar tu interrogatorio hasta que tu personaje exprese la intención positiva que está en la raíz de tus acciones. En mi caso, ahora ella y yo ya tomamos el té, o a veces un vino 🙂 

Estas son algunas de las pequeñas intervenciones que puedes intentar. No sobra decir que ojalá las realices en un espacio sereno y tomándote un momento de mindfulness, relajación y respiración consciente. Äsí podrás transitar mejor el proceso de acompañarte en el incremento de tu autocompasión y amor propio. Próximamente estaré ofreciendo un programa de ocho semanas, online y en directo, en donde trabajaremos la autocompasión por medio de mindfulness de autocompasión, algunas técnicas terapéuticas y trabajo grupal, así como ejercicios para que realices en casa, y audios de meditaciones guiadas por mí para ayudarte en todo este proceso. Si deseas conocer más al respecto de este programa que he llamado “Círculo de Mindfulness para la Autocompasión y Amor Propio”, escríbeme al mail: emmasanchez@gmail.com y con mucho gusto te daré toda la información. 

Un abrazo y contiúa apoyándote benevolentemente. 

Te dejo acceso al episodio 4 de mi podcast ESmindfulness en donde puedes compartir estas mismas ideas con otros, en este maravilloso formato de la escucha.

Emma Sánchez

Mg. Psicología Clínica y Guía certificada de Shinrin Yoku (Terapia de Bosque)

Seamos imperfectos sinvergüenzas

Es la naturaleza humana querer sentirnos valiosos, dignos de amor y pertenecientes a un vínculo importante con otros. Cuando nos sentimos avergonzados de nosotros mismos, nos desconectamos y desesperamos por el sentimiento de valía y las muestras de ésta que queremos encontrar en los demás. Esta dependencia afectiva que se va generando alimenta aún más la necesidad de ser suficiente para los demás, de ganarnos el amor de otros y ser buenos para ellos. Así se echa a andar el círculo de autocrítica, necesidad de esfuerzo o perfección, y miedo al error o el juicio ajeno. Trayendo más vergüenza a nuestras vidas.  

Imperfect hand writing sign on blackboard

Brené Brown, investigadora social, lleva más de una década investigando la experiencia de la vergënza en las personas. Ella nos dice: “La vergüenza es básicamente el miedo de no ser amado; es lo totalmente opuesto a adueñarte de tu historia y sentirte valioso. De hecho, la definición de vergüenza que he desarrollado a partir de mi investigación es: La vergüenza es el sentimiento intensamente doloroso, o la experiencia de creer que somos defectuosos, y por tanto, indignos de amor y pertenencia(Brené Brown, The gifts of imperfection)

Así ha propuesto un concepto que sería “la resiliencia de la vergüenza”, la cual significa esa capacidad para reconocer la vergüenza, moverse hacia ella constructivamente mientras se mantiene la autenticidad y la valoración propias, y para finalmente desarrollar mayor coraje, compasión y conexión como un resultado de nuestra experiencia. 

La vergüenza es el sentimiento intensamente doloroso, o la experiencia de creer que somos defectuosos, y por tanto, indignos de amor y pertenencia”

Brené Brown, The Gifts of Imperfection

“La primera cosa que necesitamos entender acerca de la resiliencia de la vergüenza es que entre menos hablemos acerca de la vergüenza, más la tendremos”, nos explica. Y es que el camino para salir de este sentimiento esclavizante y angustiante que miles y miles de personas sostienen con ellos mismos día tras día, como cargando el mundo a sus espaldas, es el de sacar a la luz nuestra vulnerabilidad. Me gusta imaginar la vergüenza como un monstruo que le tiene miedo a la luz, a la vista pública, al ojo ajeno que se cierne sobre él al estar afuera, en la calle con otros, así que se esconde en el closet, en el sótano de nuestras emociones. Nos enviamos al rincón de la vergüenza y desde ahí creemos que mantendremos el control, para que el otro no se entere de nuestros defectos e imperfecciones, para no quedar en ridículo, para evitar la posibilidad de rechazo y desamor. Pero en esa oscuridad el monstruo se alimenta de galletas ocultas y se crece, se crece al punto de ya no caber más el agujero, y más nos asusta que lo descubran pronto, así que más intentamos por todos los medios mantenerlo a raya, hasta el desgaste emocional, hasta la depresión incluso. 

La vergüenza -nos lo enseña Brené Brown- necesita tres cosas para crecer fuera de control: 

  • El secreto
  • El silencio
  • El juicio

Las tres galletas del monstruo, las que le damos todos los días en su closet de nuestros tormentos. El monstruo ya no es solo un sentimiento de culpa, o una leve consciencia crítica sobre algo a mejorar de mi mismo, no, él ya no me dice: “hiciste algo mal, cometiste un error”, él ahora me grita: “eres mala”. Y esos gritos ya no se van de mi mente. 

La verdad es que la vergüenza nos consume al mantenerla en silencio, necesitamos compartir nuestra experiencia. Si hemos encontrado a alguien que se ganó el derecho a escuchar nuestra historia, necesitamos decirla, narrarla. Así, el monstruo de la vergüenza pierde poder, sale a la luz sin miedo, -o con miedo- pero lo halamos hacia afuera. Único lugar donde lo dejaremos mirar a su alrededor y dignificar su derecho a ser. Brené nos dice: “Necesitamos cultivar nuestra historia para salir de la vergüenza, y necesitamos desarrollar la resiliencia de la vergüenza para cultivar nuestra historia”.

Brené concluye de sus investigaciones que las personas con esta resiliencia comparten estos cuatro elementos:

  1. Entienden la vergüenza y reconocen qué mensajes y expectativas disparan la vergüenza en ellos.
  2. Practican una crítica consciente por medio del chequeo de los mensajes y expectativas de la realidad, que nos dicen que ser imperfecto significa ser inadecuado
  3. Analizan y comparten sus historias con personas en quienes confían.
  4. Hablan de su vergüenza -¡usan la palabra vergüenza!-, hablan acerca de cómo se sienten, y se preguntan por lo que necesitan.

Según la Dr. Linda Hartling, para lidiar con la vergüenza, algunos de nosotros se mueven hacia atrás, retirándose, escondiéndonos o silenciándonos a nosotros mismos, y guardando secretos. Otros se mueven hacia adelante buscando agradar y complacer. Y otros se mueven en contra tratando de ganar poder sobre otros, siendo agresivos o usando la vergüenza para pelear la vergüenza. Todos podemos usar estos en diferentes momentos y por diferentes razones. Todas estas estrategias nos alejan de nuestra historia; la verdadera, la completa, la que tiene subidas y bajadas, aciertos y errores. La comprensión plena del personaje que somos en nuestra aventura personal. 

La vergüenza es acerca del miedo, culpa y desconexión, y esa historia también viene ligada a nuestra educación. Nada más observemos que en el lenguaje popular hay una expresión despreciativa hacia “los sinvergüenzas”, como aquellos que no sienten pena y culpa por sus actos. Se nos educa haciéndonos sentir -no solo que nos equivocamos- sino que somos malos por equivocarnos y nos debemos sentir mal de quienes somos. 

Pero restituyamos una historia completa. La historia de nuestras vidas también es acerca de valía, y para hacerle justicia nos requiere abrazar las imperfecciones, lo que nos trae coraje, compasión y conexión -con otros y con nosotros-. “Si queremos vivir plenamente, sin el constante miedo de no ser suficientes, tenemos que adueñarnos de nuestra propia historia” -Brené Brown. 

Así que te propongo que seamos imperfectos sinvergüenzas, que reconozcamos el valor de nuestras imperfecciones, y nos apoyemos para que podamos reaccionar a ellas con intención. Que tengamos el supuesto descaro de reconocernos completos, y seamos libres, en una sociedad llena de ojos que atemorizan y monstruos en el rincón.


Si quieres seguir trabajando en el proceso de superar tu autocrítica, te dejo este video con algunas de mis reflexiones sobre el tema en mi canal de youtube

Por Emma Sánchez – Psicóloga Clínica y Guía de Shinrin-Yoku (terapia de bosque) –@esmindful & @lluviadebosque

El “problema” psicológico es una “solución” de supervivencia afectiva

El problema psicológico es la solución. La solución intentada para sobrevivir emocionalmente. Una solución que se ha convertido en fija y desactualizada e impide el crecimiento y la evolución de las personas. Una solución que ya no soluciona y por el contrario, trae sufrimiento.

En consulta la mujer S dice, por ejemplo, que desde que aquel hombre de su pasado la engañó, a ella le dolió muchísimo este engaño, y después de un tiempo, ya no solo le dolía este engaño, sino que ella hubiera confiado tanto, que no se hubiera dado cuenta, o sospechado antes. Así que aquí viene su solución: “voy a sospechar de todo en una relación con un hombre”, “no voy a volver a ser tan confiada”. Resultado: se salva de algunas relaciones en que pudo haber terminado igual, y hasta ahí, todo bien. Pero… tres años después encuentra un hombre dispuesto a una relación diferente. Nuevo problema: su solución anterior está volviéndose un problema en la nueva relación. Y su cuerpo ya siente sistemas de alarma de ansiedad todo el tiempo, ¿por qué? porque ella lo acostumbró a “sospechar de todo”. Esta nueva relación, desde la madurez, le exige confiar, y su solución la lleva a autoprotegerse en un nivel de menor crecimiento.

Ahora está la mujer L, quien cuenta que su padre era un hombre demasiado violento con sus tres hermanos varones. Los humillaba todos los días, los insultaba, los golpeaba, les repetía que no iban a ser nadie en la vida. Todos los días al llegar papá a casa, ella de cinco o seis años sentía una opresión en el pecho, ahogo, un nudo en la garganta y retenía la respiración (de lo cual hace consciencia apenas ahora a sus 47 años). Aquí viene su solución: “yo no puedo dar problemas”, “para que mis padres no peleen, yo tengo que ser buena”. Así la niña que fue la mujer L, se convierte en la mejor estudiante, nunca tiene una mala calificación, nunca dice lo que piensa, nunca se opone a la ley de su padre, nunca expresa sus necesidades, y cae en un perfeccionismo opresor. El papá no soportaba ningún error. Ahora ella tampoco soporta ninguno de sí misma. Su matrimonio tiene dificultades, y la idea de que este hombre la deje de amar “por su culpa” le hace sentir la misma opresión en el pecho, ahogo, nudo en la garganta y retención de la respiración, que sintió en toda su infancia. La solución es tan tirana y agresiva como el problema que la ocasionó: intentar tener valor y amor de un padre tirano.

Estos son pequeñas lecturas de casos que atiendo. Todos los días me encuentro con problemas y soluciones cuya base está en la necesidad afectiva básica, ser valorados y amados por nuestros “otros” importantes. Esta perspectiva nos permite pensar que un “problema” psicológico, lo que se considera un “trastorno”, es una forma de funcionar (un estilo de vida, en el sentido literal de la frase) que tiene que ver  con las experiencias afectivas y la forma poder “sobrevivir” en el entorno relacional y afectivo en que nos hemos desenvuelto.

Photo by Marianne Bos on Unsplash

Lo que nos muestra la Teoría del Vínculo Afectivo de John Bowlby, -para mí la más importante para comprender al individuo-, es la conformación de unos tipos de relacionamiento afectivo con los “otros significativos”, basados en la forma de satisfacción de emociones muy fundamentales y necesidades emocionales que tiene todo niño, y todo individuo en su desarrollo.

Esta teoría del vínculo y apego es nuclear en la psicología humana, pues complementándose con teorías evolutivas, neuropsicológicas, y de psicología social, nos da un marco integral para entender lo que está en el núcleo de la constitución de patrones afectivos,de relacionamiento del individuo consigo mismo y con los otros. 

Reconocemos que para lidiar con la angustia de “ser alguien” en los afectos esenciales de nuestro contacto social, entramos en unas dinámicas que Mary Ainsworth (otra científica del comportamiento y el desarrollo que se suma al trabajo de Bowlby), divide como “ansiosas inseguras”, “evitativas”, “ambivalentes” o “seguras”. Ella, en su trabajo con niños en Uganda, encontró una información muy valiosa para el estudio de las diferencias en la calidad de la interacción madre-hijo y su influencia sobre la formación del apego. Ella define estos patrones de apego anteriormente señalados así: los niños de apego seguro lloraban poco y se mostraban contentos cuando exploraban en presencia de la madre; los niños de apego inseguro, lloraban frecuentemente, incluso cuando estaban en brazos de sus madres, les era difícil explorar y ganar autonomía; y otros niños que parecían no mostrar apego ni conductas diferenciales hacia sus madres. 

Así se van estableciendo patrones que corresponden con el mundo emocional, y que también influencian nuestros modos de relación como adultos. Podemos, por ejemplo tener un apego inseguro o ansioso en nuestras relaciones, o por el contrario, asumir el polo de la evitación afectiva, o distanciamiento, o generar un patrón ambivalente que pasa continuamente del deseo de conexión profunda al establecimiento de distancia. Todas estas posturas, si las observan, están orientadas a ayudarnos a protegernos emocionalmente del abandono, el rechazo, la pérdida o la poca valoración. 

Pero no solo van a influir nuestros modos de relacionarnos con los otros, sino también, por supuesto, con nosotros mismos. Esto es parte formativa fundamental de lo que luego se configurará como nuestra personalidad, nuestros modos de afrontamiento, nuestro autoconcepto, identidad, autoestima, estilo de aprendizaje, funcionamiento cognitivo, resolución de problemas, manejo y gestión emocional. Si lo vemos bien, todo parte de ese encuentro con el amor del otro, de nuestros primeros inicios.

Por esto ponernos en contacto con nuestras emociones de la infancia, reconocer quiénes fuimos, cuál es nuestro niño o niña interno que ha quedado lastimado. Darnos cuenta si sentimos negligencia o desinterés por uno de nuestros padres, o si sentimos que debíamos hacerlos felices y no decepcionarlos, o nos sentimos muy sobreprotegidos o asfixiados en nuestra necesidad de exploración del mundo. Todas estas emociones y formas de “ganar” valor o validación para nuestros personajes importantes en la infancia, nos ha trazado la ruta de nuestras relaciones “soluciones” y “problemas”. Y echar luz sobre esto, es empezar a realizar un proceso de liberación emocional en el que ganamos poder, nos podemos comprender y cambiar estas soluciones intentadas desactualizadas, por unas nuevas que no provengan del miedo a no ser amado.

Por Emma Sánchez

Mg. Psicología Clínica – Guía de Shinrin Yoku (Baños de Bosque)

Las 5 cosas que he hecho con la incertidumbre

La incertidumbre llegó como si nos hubieran timbrado en la puerta a las 3 de la mañana de un martes. No la esperábamos. La sorpresa por el Coronavirus y todas sus consecuencias en nuestras vidas no la pudimos (o no la supimos) prever. A ti, a mí y a todos, esto nos afecta. Somos personas que necesitamos estabilidad, control y seguridad en nuestras vidas. Todos tenemos temores y ganas de sobrevivir. A unos les será más difícil estar en casa que a otros, pero en últimas a todos nos preocupa nuestro bienestar. La reacción ante lo incierto, que opera como un detonante de muchos aspectos emocionales y particulares de nuestra personalidad, es un elemento de nosotros mismos que tenemos que conocer, para trabajar en él si sentimos que nos causa más sufrimiento del soportable, o del necesario.

Lo incierto esta ahí, como el timbre a las 3 am de un martes; es algo que se sale de la regla normal, que nos abre una ventana a algo inusual, que nos hace pregunta, que nos pone en suspenso. Pero mientras una persona se acerca a la puerta con la sensación de suspenso pensando: “¿Quién será a estas horas?”, otro puede que pegue un salto en la cama diciendo a grito herido: “¡Los ladrones!”. Son dos interpretaciones mentales que nos llevarán a reacciones emocionales y formas de actuar muy diferentes. ¿Cuál es la más saludable y eficiente? La que te da margen para reconocer tus emociones, manejarlas, evaluar la situación y elegir la mejor acción a tomar. Es decir, tal vez necesites preguntarte ¿quién será a estas horas? mientras te aproximas en mucho silencio, respiras profundo para regularte, no prendes las luces de tu casa, buscas un palo para defenderte, y tratas de buscar la manera de ver quién está afuera sin ponerte en riesgo, con los sentidos agudos, pero también la mente enfocada.

Lo incierto existe y necesitamos asumirlo. No todos han podido estar preparados, no muchos tienen las cosas acomodadas ni los fondos de ahorro de emergencia llenos, en un país como Colombia. Todo esto da más sensación de angustia. Necesitamos trabajar pero también necesitamos estar sanos. Necesitamos saber si nos vamos a enfermar todos, si al enfermarnos nos podemos morir, si vamos a entrar en recesión, si vamos a tener con qué pagar los siguientes meses de arriendo o de crédito hipotecario, o si mi empresa empleadora me va a despedir, o si mi emprendimiento va a sobrevivir. Queremos que esto no estuviera pasando, seguir durmiendo tranquilos sin que nadie hubiera venido a interrumpir el silencio de mi casa en la madrugada. Pero la situación nos exige asumirla, y eso implica alertar nuestros sentidos, tratar de buscar información, y comprender.

Es aquí donde muchas personas se encuentran con un estancamiento emocional que drena su energía. Así que aquí simplemente quiero transmitir de forma sencilla, 5 cosas que hice con la incertidumbre (tengan en cuenta que yo trabajo por mi cuenta como independiente).

1. Me inmovilicé. Me quedé un poco inmóvil unos días. Yo diría que fueron los primeros días de alarma en Colombia que estuve un poco como quien sabe que timbraron a la puerta, y que no es usual que eso pase a la madrugada, pero como quien quiere seguir durmiendo y explicarse la cuestión de un modo más positivo para no sentirse alarmista ni desgastarse emocionalmente. Sin embargo, haciendo un ejercicio de introspección rápidamente, preguntándome por qué estaba en esta sensación de inmovilidad, me di cuenta que fue un periodo de recoger toda la información posible. Como quien no se atreve a asegurar que en la puerta hay ladrones, antes de cerciorarse y evaluar todas las posibilidades. Fue una etapa normal de recoger datos y sopesarlos. Luego sí dije: “esto es serio”

2. Me dolí. Experimenté mis sentimientos de pérdida. Tuve una mezcla de sensaciones de tristeza por todas esas muertes en Italia, España y el mundo en general. Me dieron tristeza los profesionales de salud, me preocupé por nuestra sociedad colombiana, me puse a revisar si mi familia podría estar a salvo, y mi hogar también. Me preocupé por darle ánimo a otros (ustedes y mis consultantes). Sentí como un duelo, como cuando te das cuenta que sí te timbraron a la madrugada los ladrones, y entraron y te da tristeza que se te estén llevando las cosas, e impotencia también.

3. Me estresé. Me di cuenta que mi familia, mi pareja, mis cercanos y yo, estábamos tomando las medidas adecuadas. No me estresó tanto la posibilidad de contagiarme, sino el hacerme la pregunta: “¿Y ahora…?”. Tuve un día de dolor de cabeza terrible, y les quiero contar qué me pasó ese día, porque así, -con mi experiencia-, ustedes también comprenden lo que nos está pasando psicológicamente. Ese día me animé a pagar una deuda que tenía; que aunque sé que la debía pagar, pues era de tasas altas de interés, y lo hice sabiendo que además podía hacerlo (no arriesgaba mi subsistencia en el futuro próximo), desprenderme de una cantidad de dinero, en un momento en que todos estamos experimentando miedo de escasez, fue un detonante de incertidumbres financieras, que gracias a mi organización de los últimos años, no había vuelto a sentir. Y es normal que si estás experimentando pérdida de seguridad, temor por tu subsistencia, te angustie desprenderte de algo que crees seguro. No todos están pensando solo en la salud, están preocupados por el dinero, y es absolutamente normal, lamentablemente nuestro sistema capitalista (mis críticas dan para otro blog… o un libro) nos pone en este aprieto.

4. Me reevalué. Me gusta esta palabra re-evaluar. Evaluar que viene de “valuar” o “valorar”. Es aquí donde reside la magia de tu “sistema inmune emocional” y psicológico. Es la capacidad de “re-valuar”, de reinterpretar una situación, de mirarla con curiosidad, de añadirle otras perspectivas, de verla en el contexto general de tu vida, e incluso, ¡de valorarla! Es ahí, donde reside el super poder con el que cuentas, y que no te has dado cuenta que tienes. Si no dejas entrar el virus de tus inseguridades, toda, pero TODA situación de tu vida puede revaluarse. Re valorizarse. Re valorarse. Así que me encerré en mi estudio por varias horas durante varios días a mirar con lupa mi negocio independiente, sí, mi consultorio privado de psicología, mis expectativas con “Lluvia de Bosque”, o los encuentros de Ecoterapia y Baños de Bosque en Colombia, mi blog, mi “marca personal” como le dicen los de marketing. Lo que sea, me senté a pensar en lo que soy, lo que me caracteriza, lo que necesitan las personas cercanas de mi, lo que puedo ofrecerle al mundo. A recordar cómo antes superé crisis trabajando también como independiente, cómo antes me permití cambiar rumbos de mi vida, aprender nuevas cosas, trabajar en diferentes escenarios. Me senté a recordar lo importante de mi trabajo y para lo que soy buena. Me senté a agradecer lo que tengo, y a confiar en que “un día a la vez” iremos superando la incertidumbre.

5. Me impulsé. Aún no sabemos qué nos espera, pero yo no soy una persona que resista mucho tiempo tener un problema sin solucionar. Me impaciento, igual que cuando se me quedan los platos sin lavar. He aprendido a solucionar prontamente, aunque comprenda que los procesos de solución toman tiempo, que la cosecha no se da en el momento en que se siembra. Pero también he aprendido de mis plantas, de mi amor por la naturaleza y por el bosque, que nada crece si no se alimenta y cuida todos los días. Hoy escribo este blog con verdadero impulso, y planeo otras cosas, y pienso en cambios por venir, y me proyecté en un sueño que me parece realista. Hoy me impulsé a contarles mi proceso con la incertidumbre. Las montañas que he subido en la vida las he caminado sin saltarme pasos, así que solo un paso a la vez subimos con aire a la cima del Everest.

Espero que mi historia, ésta de una psicoterapeuta, psicóloga clínica que también lidia con sus emociones ante la incertidumbre, les aporte en algo hoy, para que vivan SUS fases, las de ustedes, no las de los libros, ni las de las recetas simples que muchos terapeutas intentamos darles en imágenes de reducido espacio, por las redes sociales. Vivan sus procesos, pero ojalá se permitan experimentarlos con autocompasión, entendiéndose como si fueran sus mejores amigos, y apoyándose para tomar aire de impulsos nuevos. Así se sale de las crisis.

Salud para todos!

Emma Sánchez

emmasanchez.co

@esmindful

No te escondas de los duelos. Afróntalos con 8 apoyos emocionales

Hacemos procesos de duelo constantemente en nuestras vidas. No solo cuando un ser querido fallece estamos experimentando un duelo, también cuando terminamos una relación, cambiamos de ciudad o país, o de etapa de vida. El duelo es un proceso curativo y de crecimiento. No te escondas de los duelos que debes hacer porque así será más difícil que crezcas en tu proceso de maduración.

El duelo es un proceso normal de dolor, aceptación y adaptación ante una pérdida significativa. No es una situación “anormal”, y aunque en muchas ocasiones se vive desconsoladamente o con mucha angustia, el duelo en realidad sana, está curando y limpiando aspectos de tu mundo interno que al fortalecerse te ayudarán a seguir adelante.

¿Por qué es tan difícil el duelo?

Puede darse por una pérdida, cambio o desapego impuesto desde el mundo externo, como una muerte, una enfermedad, una distancia de un ser amado que no fue producto de mi decisión. Y este tipo de duelo comporta una frustración mucho más fuerte, pues algo que deseas no se da, o alguien en quien tenías puestos muchos afectos ya no está. Has vivido una ruptura violenta y se siente como si perdieras tu piso, tu norte, no entiendes la situación, o no sabes cómo continuar.

Por otra parte, también está el duelo que puede sobrevenir de una decisión tuya, como el que viven personas que deciden emigrar de su país, pero aun así se encuentran a veces tristes, nostálgicos y angustiados por este desarraigo. Aunque lo hayan decidido, o sea un ciclo nuevo de la vida, se requiere un proceso de despedida del estado anterior, una reconfiguración de la anterior identidad construida, una pregunta sobre ¿quién voy a ser ahora?,¿qué me espera?

En todo caso, el duelo implica una despedida, enfrentar un vacío, decir adiós, avanzar sin una presencia en tu vida. Nos reta a comprender la impermanencia de todas las situaciones, relaciones y personas que nos rodean. Y esto va en contravía natural con lo que deseamos. Cuando amamos algo, o tenemos una situación que nos es familiar, es también normal que queramos que permanezca en el tiempo, pues nos provee seguridad emocional, estabilidad, confianza. Algunas personas cuentan con más herramientas emocionales para vivir las pérdidas, mientras que otras sienten a veces por muchos años que no olvidan con facilidad o no superan el dolor.

Implica una despedida, enfrentar un vacío, decir adiós, avanzar sin una presencia en tu vida. Nos reta a comprender la impermanencia de todas las situaciones, relaciones y personas que nos rodean

Por esto, crear el aprendizaje para vivir tus duelos personales, sean los que sean, del modo más compasivo contigo mismo, más sano posible para tu crecimiento, es muy importante. Si de verdad quieres aprender a vivir mejores duelos y procesos, debes preguntarte

– ¿Qué ha hecho en tu historia de vida que sea tan doloroso para ti el desprendimiento?

– ¿Qué ideas tienes con respecto a los cambios y las despedidas?

– ¿Cómo afrontaban los cambios y los duelos los miembros de tu familia?

– ¿Cómo alimentas tu mismo la nostalgia o el “exceso de pasado”?

– Si identificas un apego tal vez no muy sano, pregúntate ¿de qué te enganchaste con esa situación o persona?

Esto tal vez te ayude a tener más claridad sobre ti. Como si fueras un investigador un poco externo, escribe estas preguntas y registra lo que llegue a tu mente sin filtrarlo. Hacer un poco de Escritura Expresiva, solo dejando fluir las emociones en un journal, te va a ayudar a ir teniendo una perspectiva sobre las características particulares de este proceso emocional en ti.

Proceso del duelo

Habrás escuchado ya las famosas etapas del duelo. Pues bien, vengo a decirte que aquellas etapas (negación, ira, negociación, depresión y aceptación) fueron establecidas por Elisabeth Kübler-Ross investigando el proceso de ajuste emocional de personas con una enfermedad terminal, y extendiendo luego esta idea como un proceso de transición que también puede vivir alguien ante una pérdida importante. Yo pude confirmar -cuando trabajé años con pacientes con Insuficiencia Renal Crónica, Diabetes, y Trasplante renal-, que estas etapas se viven, pero también que cada persona puede vivirlas de diferentes maneras, en diferentes duraciones y hasta en desorden. Entonces me parece importante que si bien comprendas que es un curso o tránsito hacia la curación en donde te vas a sentir de diferentes formas, también quiero invitarte a vivir tus duelos sin presiones externas sobre cómo es “normal” o “no-normal” experimentarlo.

Lo que vas a vivir es un proceso de adaptación -no una enfermedad-, puede que estés triste más no eres “depresivo”, que estés angustiado y eso no te hace “ansioso”, que necesites apoyo más de lo normal y eso no te convierte en un “dependiente”.

Trata tu proceso con la comprensión de que el dolor sana un poco más con cada día que te des más apoyo a ti mismx. Ayúdate con autocompasión, sin crítica ni presiones de tiempo o escapes para evitar sentir el dolor. Quédate más en ti y menos en el afuera, y así, como si guardaras reposo de un virus, haciendo algunos actos de autoayuda cada día, irás sanando y saldrás de nuevo a tu vida con un sistema inmune emocional más fortalecido.

Para tener un buen duelo necesitas darte todo tu apoyo:

1. Descubriendo tu forma particular de vivirlo y respetándola: Que no importe tanto cómo dicen los demás que debes vivirla. No siempre tendrás que “ser fuerte”, o irte de fiesta, o tirarte a llorar sin comer. Tu encontrarás cada día la forma en que puedas irlo viviendo.

2. Recordando todas las veces que ya te has salvado antes (escribe la lista): Recuerda todas las ocasiones donde has sufrido, cuando pensaste que no ibas a resistir más dolor. ¿Qué pasó luego?, ¿Qué hiciste, qué te sirvió?, ¿Cómo fuiste tú mejor salvador(a)? Y si no lo fuiste en el pasado, entonces pregúntate ¿qué sería más sano para ti hacer ahora diferente?

3. Permitiendo que te duela sin temor al dolor (él pasará, tu quedarás): No le temas, del dolor emocional muchos podemos salir. Confía y siéntelo. Es tu sistema nervioso y emocional mostrándote que hay aspectos de ti que curar y atender. Abrázalos.

4. Estableciendo límites claros con los demás: Permítete buscar ayuda solo cuando la necesites, o también estar en soledad sin culpa. A veces los demás quieren ayudarnos con su presencia, pero nos llenan de muchas conversaciones u opiniones. Sin embargo, tampoco te aísles completamente. Elige de tus cercanos a quién sientas que te apoya mejor, e incluso explícale claramente lo que te serviría en este momento.

5. Permitiéndote progresivamente imaginar una vida sin lo que pierdes: A veces da culpa imaginarse una vida sin lo que pierdo, en especial cuando ha habido una muerte, o cuando alguien decide emigrar dejando a su familia atrás. A veces también en el apego del amor, creemos que no podríamos tener una vida feliz con nadie más como la tuvimos con esa persona. Esas ideas provienen muchas veces de aspectos infantiles sin resolver, de apegos inseguros, y de poca autoconfianza. Poco a poco, hacer el ejercicio de imaginar algo diferente, algunas nuevas posibilidades, puede ir abriendo un poco tu mente hacia la aceptación.

6. Agradeciendo por lo que tuviste y reconociendo lo que trajo a tu vida: Agradecer es un acto salvador. Es potente el efecto emocional que puede tener en nosotros, tomarnos unos minutos de agradecimiento, de sonrisa interna y profunda hacia lo que me trajo la vida con cada experiencia. Inténtalo diariamente, y vuelve también la mirada hacia el presente, a lo que está, esto te ayudará a tomar una mejor perspectiva de la continua evolución de la vida.

7. Sacando poco a poco los objetos sentimentales (o cortando contacto si es un duelo de relación): Hay que sacar, “eliminar para iluminar” como dicen por ahí, y este proceso va a movilizar emociones, así que debes hacerlo con autocompasión, con mindfulness, con presencia en tus emociones, llorar, sentirlas, ir poco a poco y al final, ir dejando objetos y elementos del recuerdo en lugares de más difícil acceso para ti. Vendrá el lugar vacío –real o virtual, o emocional-, pero ver el vacío, es al menos dirigir intencionalmente tu atención hacia otro lugar.

8. Practicando ejercicios de respiración, meditación o un nuevo hobbie relajante: Y esto me lleva a la última, que en realidad tiene que estar presente en todas las anteriores. Respirar y hacer momentos de mindfulness, es la dosis perfecta de sanación que puedes darte. Cuando sientas el dolor, ubícalo en el cuerpo, intenta cerrar los ojos, inhalar enviando aire hacia esa zona, y exhalar imaginando que el aire sale expelido desde ahí. Toma breaks de respiración constantemente, observa que tu exhalación sea más larga que la inhalación, y si te es difícil calmar un poco el mar de pensamientos, concéntrate en el conteo de los ciclos de tu respiración. El dolor lo vas a sentir, pero si le das unos minutos, también vas a sentir cómo se aliviana. ¡Y esto te muestra el camino!. Adicionalmente, intenta un hobbie nuevo, o una actividad que ponga tu mente un poco en calma o te relaje.

Recuerda que debes tenerte paciencia, no todos sanamos al mismo ritmo y para algunos el camino es más difícil. No te enojes contigo, compréndete, pero date un voto de fe de que sobrevivirás, y construirás una nueva vida después de tu pérdida.

Si necesitas ayuda en este proceso, puedes escribirme al mail emmasanchez@gmail.com y pedir información sobre mi psicoterapia online.

Por aquí te dejo la imagen a manera de un buen recordatorio para ti o para compartir con tus seres cercanos.

40 días sacando diariamente algo de mi casa. ¿Qué ha pasado con mi vida?

Llevo 40 días sacando, donando o botando cosas de mi casa todos los días. Quiero hacer la claridad que no soy, ni nunca he sido, lo que se llamaría “acumuladora”, tampoco millonaria ni mucho menos amante de las compras, pero todos los días durante 40 días he asumido pequeños y grandes actos que me acerquen a una vida simple y minimalista.

Hace un tiempo quise comprometerme con aquel adagio “less is more”. En el inicio de este año sentí un impulso incontenible de revisar todo el equipaje en mi mochila (mi vida) y plantearme si cada cosa estaba alineada con mis valores, mi ser auténtico, mi intención de vida. Una vida con sentido y propósito requiere iluminar hábitos nocivos, tendencias inconscientes, complejidades innecesarias.

No solo se ha tratado, para mí, de vivir con menos por un deseo de abstención y dejar contribuir al mundo consumista que no me gusta, en el que no deseo vivir, sino que también se ha tratado de querer vivir una vida más ética, sostenible, ecológica y libre de tóxicos en el hogar. Además, se ha tratado de volver a ponerme en contacto con quien soy, de limpiar el computador, el celular, las redes sociales, el tiempo invertido en prácticas que no aportan. Y finalmente, de aprender a cuidarme, haciendo mi elección consciente de la forma más eficiente y efectiva de vivir dejando el estrés por fuera de mi vida. Y no vengo a decir que lo conseguí del todo o para siempre, pero sí es más fácil con el método de una vida minimalista y simple, saber dónde están los pequeños focos de ansiedad que pueden aparecer, donde está lo que parece un problema y es solo falta de organización y de creencias limitantes sin revisar. Todo internamente también empieza así a iluminarse y a entrar en su lugar.

¿Qué me ha pasado en estos 40 días y cómo ha sido esta experiencia? Aquí te expreso los 5 simples y gigantes cambios que me han sucedido. Tal vez te animes a dar primeros pasos. Esto es solo el comienzo para mí.

1. Tengo cajones, estantes y espacios vacíos. Y me encanta

Cuando empecé esto que se ha convertido en un hábito, -el de revisar y sacar a donar o botar-, ya estaba pensando que iba a “tener” que comprar una cómoda con cajones extras para organizar mi bisutería y otras cosas más, puesto que mucha estaba desordenada en una especie de “caja organizadora” abierta en uno de los estantes del mueble del televisor en la habitación principal. Yo estaba sintiendo la necesidad de quitar todo ese desorden de ahí, y cuando intentaba hallarle lugar en cualquier otro espacio, ¡todo estaba lleno! El closet lleno y los cajones del baño llenos, y en una mesa de noche ni siquiera me cabría todo eso, además de lo que usualmente uno introduce en los cajones de las mesas de noche.

Ah! Pero hablemos de la mesa de noche. Resulta que aunque mi pareja no es tan organizado como yo, sí tiene una actitud de tener pocas cosas, y en especial, muebles, ya que además volvió al país después de vivir como nómada varios años, y no necesita mucho, ni le importa. Yo, antes de vivir con él pasé por una etapa de mi vida en la que viví sin tantos objetos en un pequeño apartaestudio, después de la ruptura de una relación de pareja, que me dejó sin mesas de noche a cambio del sofá de la sala (algo así fue mi división de bienes), así que por un tiempo me acostumbré a dormir sin una mesa de noche al lado, pero recientemente, con el desorden ya antes mencionado y el closet lleno, empezaba a sentir la necesidad ardiendo dentro de mí, de una nueva y hermosa mesa de noche. Dos, en realidad, una a cada lado, con dos modernas lámparas, que le dieran a la habitación un toque decorativo digno de tablero de Pinterest. ¡Cómo se incrementan las necesidades!

Pues a finales del mes de Enero, algo volvió a picar dentro de mí. Este llamado de nómada frustrada que siempre he tenido, y que me hace desear fuertemente que la vida me quepa en una maleta. Observé a mi pareja y le dije; “no voy a comprar mesa de noche”, y ahí empezó todo. Para suplir “el deseo” de poner el celular más cerquita del alcance de la mano, (terrible deseo, ya lo sé, pero no nos mintamos, es la utilidad principal que nos ofrecen las mesas de noche hoy en día), entonces me traje una mesita auxiliar pequeña que había traído al apartamento mi compañero, y que era propiedad de una tía de él que al trasladarse de ciudad se la regaló. Una mesita vieja que inicialmente nunca pasó mi estándar decorativo y estético y tenía recluida en la habitación que ya se estaba convirtiendo de “chécheres”. Aclaro que somos dos personas en un apartamento de tres alcobas, dos baños, un closet grandísimo en la zona de ropas, una cocina estándar y una sala comedor muy amplia. No tenemos hijos ni mascotas, en una de las habitaciones yo tengo mi consultorio porque trabajo en casa, pero él sale temprano y regresa en la noche, ¿cómo es posible que ya tuviéramos un “cuarto de las cosas varias desordenadas”? Pero al traer la mesita a mi lado de la cama, y ponerle encima un portarretrato y una pequeña velita, por aquello de mi obsesión estética, ¡todo cambió! Me permití verla con buenos ojos, su función (la vergonzosa del celular) estaba siendo cumplida, y en últimas era tan pequeña que encajaba perfecta y no molestaba mucho.

Pero entonces ¿qué hice con la bisutería y todo el resto del desorden? Pues acordarme de Marie Kondo, si no la conocen búsquenla en google por favor al terminar este artículo. Me acordé de esta gurú moderna del orden que ha sido éxito en ventas de un libro que nos enseña a organizar la casa, deshacernos con amor de lo que no usamos ni necesitamos, y solo dejar en nuestro hogar lo que nos hace felices (una clave importante), pero yo además agregaría que dejo solo lo que me haga “feliz” o me aporte valor a mi vida. Además, Marie Kondo tiene un sistema maravilloso para doblar la ropa que hizo que con solo unos cuantos videos de Youtube yo ya hubiera saqueado mi closet, llenando varias bolsas para regalar, despidiéndome con agradecimiento de blusas y pantalones, y organizando perfectamente todo el resto de cosas, que ahora cabía en dos cajones, por lo que uno de los estantes del closet recibía, ahora con agrado, una caja “organizadora” también vaciada con solo lo esencial, de mi bisutería.

No pude parar; el resto es la misma historia con todos los closets, con el cajón del maquillaje, que pasó de ser un cajón a un estuche de viaje con el más básico maquillaje que necesito, y unas cuantas cremas para el cuerpo (que además ahora son todas orgánicas, pero eso va para otro blog). También pasó así con un closet lleno de “cosas varias”, con mi closet del consultorio y mi biblioteca, llenos de libros que ya leí y no voy a volver a leer, de materiales para dibujar o innumerables marcadores que ya no utilizo ni voy a utilizar, con cartucheras con lapiceros ya sin tinta, con papeles con dibujos y sketches, de los cuales la mayoría ya están digitalizados. Sin romanticismo ni apegos, pero tampoco sin su respectivo agradecimiento por cada cosa, me fui despidiendo de mucho, y eso que recuerden que yo siempre tuve menos cosas que muchas amigas que conozco. Pero el proceso también me enseñó que para hacer una verdadera limpieza se requirieron varias purgas. A veces dejaba una cosa pensando que sí la podría usar, o con culpa por no haberla usado tal vez mucho más, pero luego de dejar asentar esas emociones varios días, volvía a observarla allí, puesta en mi closet o mi cajón, y me daba cuenta que podía despedirme y dársela a alguien más que sí la usara. Así salieron algunas blusas y pantalones más elegantes dirigidos a mi hermana, porque yo soy realmente una persona informal, y mi trabajo como independiente en casa no me demanda cumplir ningún código de vestido.

El vacío empezó a llegar a mi casa, y a mi computador, y ya no tengo Facebook o Twitter o Pinterest en el celular, y aunque tengo muchas plantas, o me quedé con una buena selección de libros y materiales de arte, que a juicio de algunos puede que sea mucho en cantidad, pero para mí son las áreas de mi vida que me dan felicidad y creatividad, así que a diferencia del maquillaje que no pasa de diez objetos, mi estantería de libros y plantas todavía alberga mucho más. No es un juicio sobre lo que debe ser importante, o el número ideal para poder sentir que vives una vida simple. Se trata de no permitirte un exceso inconsciente, que uses todo lo que tienes porque sino no tiene sentido que te desprendas de dinero para tener cosas que no usas o no son necesarias, y se trata también de apoyarte en que cada aspecto importante de tu vida tenga un lugar –ordenado-, para que vivas en balance.

Siempre me ha gustado la paz del vacío, por eso practico meditación y mindfulness, pero mi vida estaba saturada, lo podía observar hasta en mis pinturas, llenas de color sin un solo espacio en blanco. Traer el principio de la simpleza japonesa a mi vida, me permitió reconectarme con la sensación de abundancia que se encuentra en el vacío. La abundancia que está dentro de mí, sin miedo a la escasez, volver a experimentar el soltar y así poder respirar nuevo aire. Ahora ya no permito la entrada de algo nuevo si no lo evalúo con detenimiento, y seguiré procurando la regla de 1/1, si un objeto entra, es porque otro ha salido.

2. Todo tiene un lugar y es fácil encontrarlo

En el proceso de organización de una vida más simple me parece que las ventajas de la eficiencia son innegables. Las culturas que trabajan en la disciplina y eficiencia tienen desarrollos importantes de los cuales podríamos aprender, pero a los latinos, siempre un poco espontáneos, desordenados y supuestamente más emocionales, nos parece que estas culturas son muy “rígidas” y las rechazamos. La verdad es que hay demasiada evidencia de que tener disciplina, orden y solucionar eficientemente cada problema de tu vida y tu trabajo, siempre será más benéfico para tu vida y tu salud. Tu sistema nervioso no vivirá en “modo estrés” o “modo supervivencia” sintiendo siempre el caos alcanzándolo.

Cuando en mi casa todo empezó a estar más ordenado –ya que de por sí mi pareja me consideraba ordenada-, fue más fácil guardar las cosas, volverlas a su lugar, y para mí se ha vuelto clave que cuando abras un cajón encuentres todo en la rapidez de un simple vistazo. Generalmente nos desordenamos porque en un cajón o un espacio introduces muchas cosas, así que siempre desordenarás metiendo tus manos para removerlas y encontrar lo que necesitas. Recuerdo que en mi casa materna nos pasaba eso, y era un desgaste energético y de tiempo encontrar las cosas, terminábamos llamando a mamá para que nos dijera dónde estaba todo.

Es eficiencia, eficiencia de movimiento, de energía mental y de tiempo. ¿No es eso salud mental?

3. Descubrí que no necesito nada más

Un día me senté a tomarme mi café de la mañana y tuve esta sensación de amplitud y gratitud, revisé mentalmente todo lo que había reconocido que componía mi casa, y por tanto cada área de mi vida, y tuve esta pacífica revelación: “no necesito nada más”, y me refería a la cuestión literal, no metafóricamente. Hace unos años yo era de las que hacía listas en el celular de todo lo que me faltaba; un pantalón blanco, una blusa verde, una chaqueta de invierno, unas copas de vino, un cojín más para la cama, etc, etc. Ahora, la que soy, es feliz viendo videos de youtube de “Capsule Wardrobes” y se sorprende graciosamente de cómo la gente empieza a mostrar cómo vivir con un armario de ¡treinta y tres prendas!

Pues bien, me regocijo en la no-necesidad de más objetos, más cosas que limpiar, más cosas que cuidar, más cosas que nos dicen que “necesitamos”, como mi mesa de noche. Me regocijo en ponerle un freno en mi puerta a la presión de una sociedad que quiere verte en la escasez, en la mentalidad de escasez para que siempre sientas que te falta algo y luego estés dispuesto a pagar mucho por eso, que te quiere lleno de créditos y deudas, cuando con poco, y cuidando lo poco, puedes vivir tan pero tan lleno.

4. Me relaciono con cada aspecto de mi vida con valoración

Lo anterior me lleva a este punto que quise resaltar aparte. Ahora me relaciono con cada aspecto de mi vida y mi entorno con una profunda gratitud y valoración. No hay tal acumulación que genere que se me pasen por delante mis objetos, mis actividades, mis tareas, mis hobbies, sin una gran valoración de lo que viene a aportar a mi vida. Realizo momentos de mindfulness diario agradeciendo cosas simples que me rodean, que he podido adquirir sin que ellas, –los objetos- me posean a mí. Entro en relación con cada parte de mi mundo, con la consciencia de su utilidad, pero sin la idealización del consumismo. No compro cosas por moda desde hace rato, pero es cierto que aún tenía muchos puntos oscuros que me hacían comprar sin una consciencia, sin un momento de mindfulness para evaluar su verdadera necesidad en mi vida. No necesitas cinco tablas de picar cuando viven dos personas, ni más de una docena de toallas, ni cuchillos y aparatos de cocina para cada cosa imaginable, ni esa blusa que ahora está en todas las vitrinas repitiéndose, y todas las otras mujeres están luciendo en la calle. Cuando te quedas con lo necesario, y lo que te aporta, la valoración de tu mundo cambia.

5. Empecé a escribir mi primer libro

Y éste es el último y más feliz de mis cambios. Finalmente, después de tantos años de tener el deseo de escribir un libro, y la pasión de la escritura corriéndome en las venas. Después de obviar mi compromiso con esto por miedo, de pasar de ser la adolescente que escribía y no lo mostraba a nadie por miedo, y luego lo destruía siempre encontrándolo poco valioso, después de muchas vueltas de autovaloración de mi misma que he dado en la vida, me desbloqueé. De pronto me vi sentada en mi mesa de trabajo, ahora casi vacía, desatrancando una parte de mí en forma de palabras, frases y capítulos de mi primer Ebook, que espero salga pronto a la luz. El minimalismo me trajo foco. Ponerle límites a los tiempos de las aplicaciones del celular, silenciar Whatsapp, no entrar tanto a Instagram, hacer más silencio, más meditación, volver a tener tiempo en un espacio vacío para encontrarme con el vacío de la página en blanco, me tiene escribiendo más en mi blog y en mi libro. Y esto, es un regalo invaluable para mí.

Me agradezco haber llegado hasta aquí, a este deseo de manifestar una vida simple y minimalista. Tal vez es mi natural afinidad con lo japonés, con la estética y el arte minimalista, pero si te sientes un poco saturado y crees que tu mochila puede ir más ligera, intenta empezar sacando, aunque sea un objeto de tu casa al día. Empezarás un proceso de limpieza muy especial que quién sabe a dónde te lleve.

Emma Sánchez

@esmindful

40 días sacando diariamente algo de mi casa. ¿Qué ha pasado con mi vida?

Llevo 40 días sacando, donando o botando cosas de mi casa todos los días. Quiero hacer la claridad que no soy, ni nunca he sido, lo que se llamaría “acumuladora”, tampoco millonaria ni mucho menos amante de las compras, pero todos los días durante 40 días he asumido pequeños y grandes actos que me acerquen a una vida simple y minimalista.

Hace un tiempo quise comprometerme con aquel adagio “less is more”. En el inicio de este año sentí un impulso incontenible de revisar todo el equipaje en mi mochila (mi vida) y plantearme si cada cosa estaba alineada con mis valores, mi ser auténtico, mi intención de vida. Una vida con sentido y propósito requiere iluminar hábitos nocivos, tendencias inconscientes, complejidades innecesarias.

No solo se ha tratado, para mí, de vivir con menos por un deseo de abstención y dejar contribuir al mundo consumista que no me gusta, en el que no deseo vivir, sino que también se ha tratado de querer vivir una vida más ética, sostenible, ecológica y libre de tóxicos en el hogar. Además, se ha tratado de volver a ponerme en contacto con quien soy, de limpiar el computador, el celular, las redes sociales, el tiempo invertido en prácticas que no aportan. Y finalmente, de aprender a cuidarme, haciendo mi elección consciente de la forma más eficiente y efectiva de vivir dejando el estrés por fuera de mi vida. Y no vengo a decir que lo conseguí del todo o para siempre, pero sí es más fácil con el método de una vida minimalista y simple, saber dónde están los pequeños focos de ansiedad que pueden aparecer, donde está lo que parece un problema y es solo falta de organización y de creencias limitantes sin revisar. Todo internamente también empieza así a iluminarse y a entrar en su lugar.

¿Qué me ha pasado en estos 40 días y cómo ha sido esta experiencia? Aquí te expreso los 5 simples y gigantes cambios que me han sucedido. Tal vez te animes a dar primeros pasos. Esto es solo el comienzo para mí.

1. Tengo cajones, estantes y espacios vacíos. Y me encanta

Cuando empecé esto que se ha convertido en un hábito, -el de revisar y sacar a donar o botar-, ya estaba pensando que iba a “tener” que comprar una cómoda con cajones extras para organizar mi bisutería y otras cosas más, puesto que mucha estaba desordenada en una especie de “caja organizadora” abierta en uno de los estantes del mueble del televisor en la habitación principal. Yo estaba sintiendo la necesidad de quitar todo ese desorden de ahí, y cuando intentaba hallarle lugar en cualquier otro espacio, ¡todo estaba lleno! El closet lleno y los cajones del baño llenos, y en una mesa de noche ni siquiera me cabría todo eso, además de lo que usualmente uno introduce en los cajones de las mesas de noche.

Ah! Pero hablemos de la mesa de noche. Resulta que aunque mi pareja no es tan organizado como yo, sí tiene una actitud de tener pocas cosas, y en especial, muebles, ya que además volvió al país después de vivir como nómada varios años, y no necesita mucho, ni le importa. Yo, antes de vivir con él pasé por una etapa de mi vida en la que viví sin tantos objetos en un pequeño apartaestudio, después de la ruptura de una relación de pareja, que me dejó sin mesas de noche a cambio del sofá de la sala (algo así fue mi división de bienes), así que por un tiempo me acostumbré a dormir sin una mesa de noche al lado, pero recientemente, con el desorden ya antes mencionado y el closet lleno, empezaba a sentir la necesidad ardiendo dentro de mí, de una nueva y hermosa mesa de noche. Dos, en realidad, una a cada lado, con dos modernas lámparas, que le dieran a la habitación un toque decorativo digno de tablero de Pinterest. ¡Cómo se incrementan las necesidades!

Pues a finales del mes de Enero, algo volvió a picar dentro de mí. Este llamado de nómada frustrada que siempre he tenido, y que me hace desear fuertemente que la vida me quepa en una maleta. Observé a mi pareja y le dije; “no voy a comprar mesa de noche”, y ahí empezó todo. Para suplir “el deseo” de poner el celular más cerquita del alcance de la mano, (terrible deseo, ya lo sé, pero no nos mintamos, es la utilidad principal que nos ofrecen las mesas de noche hoy en día), entonces me traje una mesita auxiliar pequeña que había traído al apartamento mi compañero, y que era propiedad de una tía de él que al trasladarse de ciudad se la regaló. Una mesita vieja que inicialmente nunca pasó mi estándar decorativo y estético y tenía recluida en la habitación que ya se estaba convirtiendo de “chécheres”. Aclaro que somos dos personas en un apartamento de tres alcobas, dos baños, un closet grandísimo en la zona de ropas, una cocina estándar y una sala comedor muy amplia. No tenemos hijos ni mascotas, en una de las habitaciones yo tengo mi consultorio porque trabajo en casa, pero él sale temprano y regresa en la noche, ¿cómo es posible que ya tuviéramos un “cuarto de las cosas varias desordenadas”? Pero al traer la mesita a mi lado de la cama, y ponerle encima un portarretrato y una pequeña velita, por aquello de mi obsesión estética, ¡todo cambió! Me permití verla con buenos ojos, su función (la vergonzosa del celular) estaba siendo cumplida, y en últimas era tan pequeña que encajaba perfecta y no molestaba mucho.

Pero entonces ¿qué hice con la bisutería y todo el resto del desorden? Pues acordarme de Marie Kondo, si no la conocen búsquenla en google por favor al terminar este artículo. Me acordé de esta gurú moderna del orden que ha sido éxito en ventas de un libro que nos enseña a organizar la casa, deshacernos con amor de lo que no usamos ni necesitamos, y solo dejar en nuestro hogar lo que nos hace felices (una clave importante), pero yo además agregaría que dejo solo lo que me haga “feliz” o me aporte valor a mi vida. Además, Marie Kondo tiene un sistema maravilloso para doblar la ropa que hizo que con solo unos cuantos videos de Youtube yo ya hubiera saqueado mi closet, llenando varias bolsas para regalar, despidiéndome con agradecimiento de blusas y pantalones, y organizando perfectamente todo el resto de cosas, que ahora cabía en dos cajones, por lo que uno de los estantes del closet recibía, ahora con agrado, una caja “organizadora” también vaciada con solo lo esencial, de mi bisutería.

No pude parar; el resto es la misma historia con todos los closets, con el cajón del maquillaje, que pasó de ser un cajón a un estuche de viaje con el más básico maquillaje que necesito, y unas cuantas cremas para el cuerpo (que además ahora son todas orgánicas, pero eso va para otro blog). También pasó así con un closet lleno de “cosas varias”, con mi closet del consultorio y mi biblioteca, llenos de libros que ya leí y no voy a volver a leer, de materiales para dibujar o innumerables marcadores que ya no utilizo ni voy a utilizar, con cartucheras con lapiceros ya sin tinta, con papeles con dibujos y sketches, de los cuales la mayoría ya están digitalizados. Sin romanticismo ni apegos, pero tampoco sin su respectivo agradecimiento por cada cosa, me fui despidiendo de mucho, y eso que recuerden que yo siempre tuve menos cosas que muchas amigas que conozco. Pero el proceso también me enseñó que para hacer una verdadera limpieza se requirieron varias purgas. A veces dejaba una cosa pensando que sí la podría usar, o con culpa por no haberla usado tal vez mucho más, pero luego de dejar asentar esas emociones varios días, volvía a observarla allí, puesta en mi closet o mi cajón, y me daba cuenta que podía despedirme y dársela a alguien más que sí la usara. Así salieron algunas blusas y pantalones más elegantes dirigidos a mi hermana, porque yo soy realmente una persona informal, y mi trabajo como independiente en casa no me demanda cumplir ningún código de vestido.

El vacío empezó a llegar a mi casa, y a mi computador, y ya no tengo Facebook o Twitter o Pinterest en el celular, y aunque tengo muchas plantas, o me quedé con una buena selección de libros y materiales de arte, que a juicio de algunos puede que sea mucho en cantidad, pero para mí son las áreas de mi vida que me dan felicidad y creatividad, así que a diferencia del maquillaje que no pasa de diez objetos, mi estantería de libros y plantas todavía alberga mucho más. No es un juicio sobre lo que debe ser importante, o el número ideal para poder sentir que vives una vida simple. Se trata de no permitirte un exceso inconsciente, que uses todo lo que tienes porque sino no tiene sentido que te desprendas de dinero para tener cosas que no usas o no son necesarias, y se trata también de apoyarte en que cada aspecto importante de tu vida tenga un lugar –ordenado-, para que vivas en balance.

Siempre me ha gustado la paz del vacío, por eso practico meditación y mindfulness, pero mi vida estaba saturada, lo podía observar hasta en mis pinturas, llenas de color sin un solo espacio en blanco. Traer el principio de la simpleza japonesa a mi vida, me permitió reconectarme con la sensación de abundancia que se encuentra en el vacío. La abundancia que está dentro de mí, sin miedo a la escasez, volver a experimentar el soltar y así poder respirar nuevo aire. Ahora ya no permito la entrada de algo nuevo si no lo evalúo con detenimiento, y seguiré procurando la regla de 1/1, si un objeto entra, es porque otro ha salido.

2. Todo tiene un lugar y es fácil encontrarlo

En el proceso de organización de una vida más simple me parece que las ventajas de la eficiencia son innegables. Las culturas que trabajan en la disciplina y eficiencia tienen desarrollos importantes de los cuales podríamos aprender, pero a los latinos, siempre un poco espontáneos, desordenados y supuestamente más emocionales, nos parece que estas culturas son muy “rígidas” y las rechazamos. La verdad es que hay demasiada evidencia de que tener disciplina, orden y solucionar eficientemente cada problema de tu vida y tu trabajo, siempre será más benéfico para tu vida y tu salud. Tu sistema nervioso no vivirá en “modo estrés” o “modo supervivencia” sintiendo siempre el caos alcanzándolo.

Cuando en mi casa todo empezó a estar más ordenado –ya que de por sí mi pareja me consideraba ordenada-, fue más fácil guardar las cosas, volverlas a su lugar, y para mí se ha vuelto clave que cuando abras un cajón encuentres todo en la rapidez de un simple vistazo. Generalmente nos desordenamos porque en un cajón o un espacio introduces muchas cosas, así que siempre desordenarás metiendo tus manos para removerlas y encontrar lo que necesitas. Recuerdo que en mi casa materna nos pasaba eso, y era un desgaste energético y de tiempo encontrar las cosas, terminábamos llamando a mamá para que nos dijera dónde estaba todo.

Es eficiencia, eficiencia de movimiento, de energía mental y de tiempo. ¿No es eso salud mental?

3. Descubrí que no necesito nada más

Un día me senté a tomarme mi café de la mañana y tuve esta sensación de amplitud y gratitud, revisé mentalmente todo lo que había reconocido que componía mi casa, y por tanto cada área de mi vida, y tuve esta pacífica revelación: “no necesito nada más”, y me refería a la cuestión literal, no metafóricamente. Hace unos años yo era de las que hacía listas en el celular de todo lo que me faltaba; un pantalón blanco, una blusa verde, una chaqueta de invierno, unas copas de vino, un cojín más para la cama, etc, etc. Ahora, la que soy, es feliz viendo videos de youtube de “Capsule Wardrobes” y se sorprende graciosamente de cómo la gente empieza a mostrar cómo vivir con un armario de ¡treinta y tres prendas!

Pues bien, me regocijo en la no-necesidad de más objetos, más cosas que limpiar, más cosas que cuidar, más cosas que nos dicen que “necesitamos”, como mi mesa de noche. Me regocijo en ponerle un freno en mi puerta a la presión de una sociedad que quiere verte en la escasez, en la mentalidad de escasez para que siempre sientas que te falta algo y luego estés dispuesto a pagar mucho por eso, que te quiere lleno de créditos y deudas, cuando con poco, y cuidando lo poco, puedes vivir tan pero tan lleno.

4. Me relaciono con cada aspecto de mi vida con valoración

Lo anterior me lleva a este punto que quise resaltar aparte. Ahora me relaciono con cada aspecto de mi vida y mi entorno con una profunda gratitud y valoración. No hay tal acumulación que genere que se me pasen por delante mis objetos, mis actividades, mis tareas, mis hobbies, sin una gran valoración de lo que viene a aportar a mi vida. Realizo momentos de mindfulness diario agradeciendo cosas simples que me rodean, que he podido adquirir sin que ellas, –los objetos- me posean a mí. Entro en relación con cada parte de mi mundo, con la consciencia de su utilidad, pero sin la idealización del consumismo. No compro cosas por moda desde hace rato, pero es cierto que aún tenía muchos puntos oscuros que me hacían comprar sin una consciencia, sin un momento de mindfulness para evaluar su verdadera necesidad en mi vida. No necesitas cinco tablas de picar cuando viven dos personas, ni más de una docena de toallas, ni cuchillos y aparatos de cocina para cada cosa imaginable, ni esa blusa que ahora está en todas las vitrinas repitiéndose, y todas las otras mujeres están luciendo en la calle. Cuando te quedas con lo necesario, y lo que te aporta, la valoración de tu mundo cambia.

5. Empecé a escribir mi primer libro

Y éste es el último y más feliz de mis cambios. Finalmente, después de tantos años de tener el deseo de escribir un libro, y la pasión de la escritura corriéndome en las venas. Después de obviar mi compromiso con esto por miedo, de pasar de ser la adolescente que escribía y no lo mostraba a nadie por miedo, y luego lo destruía siempre encontrándolo poco valioso, después de muchas vueltas de autovaloración de mi misma que he dado en la vida, me desbloqueé. De pronto me vi sentada en mi mesa de trabajo, ahora casi vacía, desatrancando una parte de mí en forma de palabras, frases y capítulos de mi primer Ebook, que espero salga pronto a la luz. El minimalismo me trajo foco. Ponerle límites a los tiempos de las aplicaciones del celular, silenciar Whatsapp, no entrar tanto a Instagram, hacer más silencio, más meditación, volver a tener tiempo en un espacio vacío para encontrarme con el vacío de la página en blanco, me tiene escribiendo más en mi blog y en mi libro. Y esto, es un regalo invaluable para mí.

Me agradezco haber llegado hasta aquí, a este deseo de manifestar una vida simple y minimalista. Tal vez es mi natural afinidad con lo japonés, con la estética y el arte minimalista, pero si te sientes un poco saturado y crees que tu mochila puede ir más ligera, intenta empezar sacando, aunque sea un objeto de tu casa al día. Empezarás un proceso de limpieza muy especial que quién sabe a dónde te lleve.

Emma Sánchez

@esmindful

A %d blogueros les gusta esto: