Es común que hablemos con formulas repetidas socialmente. Como cuando te preguntan: “¿Cómo estás?”, y ni te detienes a pensar si bien, mal, regular, y ya estás diciendo “bien” con convicción. Así creo que venimos repitiendo el uso del verbo “ser” para denominar lo del verbo “hacer”. ¿Y cuáles pueden ser las repercusiones de eso? Pues de seguro muy sutiles e inconscientes para muchos, pero yo opino que ese “soy” delimita la mentalidad de muchos de nosotros para permitirnos “hacer” otras cosas, explorar otros oficios, y en especial cuando parece haber culpa y un resabio cultural que nos hace pensar que si invertiste 5 años estudiando sobre un tema, y pagaste dinero en eso, entonces debes seguir “siendo” lo que estudiaste. O más aún, que debes “ser” el cargo que tienes en tu compañía o empleo. Y ¡ojo! Que ese cargo o profesión que “eres” le debe mostrar al mundo una imagen de personalidad coherente. Por ejemplo, gente que me sigue en mis redes sociales como psicóloga, me dice que les inspiro tranquilidad y paz. Gente que me conoce por mi caricatura, me cree divertidísima, casi que un payaso. Otros que saben de mis actividades de Terapia de Naturaleza me suponen súper ecologista y hasta espiritual de onda «pachamamística». Personas que saben que leo o escribo me imaginan culta, crítica o intelectual. Cuando asumes que tu “hacer” es una definición de tu “ser” te estás metiendo en una categoría social que hace que los demás se relacionen contigo sesgadamente.

Todos lo hacemos, pero no nos vendría mal pensar e intentar nuevas definiciones de su “ser”.

Emma Sánchez

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Escrito por:Emma Sánchez

Psicóloga que escribe, dibuja, lee en voz alta y respira en bosques. Estudiante de MA. Creación literaria. Trabaja como Trainer internacional en el campo de Forest Therapy (@lluviadebosque) colaborando con el Forest Therapy Hub.

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