Seguro te ha pasado, como a mi y a toda la humanidad, que te has quedado con un pensamiento recurrente en la cabeza como un visitante inoportuno que no se va de casa, o que va y vuelve cada cinco minutos; o como una mala canción que se te pegó y de forma automática canturreas sin darte cuenta hasta que te desesperas. Eso se llama “rumiación mental”, y si se te vino la imagen de una vaca masticando pasto pues sí, así es la cosa, masticas y masticas un pensamiento hasta que te duele la mandibula cerebral… y todo el cuerpo también. Porque la verdad es que la rumiación mental es un grito silencioso, un grito interno de preocupación, miedo y angustia, o una pregunta o inseguridad que corroe. 

Qué es la rumiación mental desde la psicología

La rumiación es un tipo de reacción negativa; significa que cuando un individuo siente dolor, preocupación o tristeza se concentra en esa emoción, sus causas y posibles resultados, en lugar de tomar medidas activas para resolver ese problema. Varios investigadores consideran la rumiación como un rasgo personal reflejado por la condición en la que un individuo piensa demasiado en el dolor y se sumerge en la circunstancia para limitar su motivación para comunicarse y frenar un comportamiento activo. Los individuos que están acostumbrados a lidiar con eventos negativos a través de tales medios de reacción, como la rumiación, se concentran en la emoción negativa aunque el asunto haya terminado y las cosas hayan cambiado.

Nolen-Hoeksemaetc creía que el origen de la rumiación está relacionado con la experiencia de la niñez. Si un individuo no pudo aprender el manejo activo de las emociones en su primera infancia, es probable que exhiba rumiación . Cuando los padres tienen un comportamiento negativo en la vida, brindan un ejemplo a sus hijos, quienes eventualmente lo seguirán por aprendizaje modelado. El origen de la rumiación también está relacionado con el carácter personal; por ejemplo, es muy probable que los individuos con una alta búsqueda del perfeccionismo, alta ansiedad social, pesimismo y un carácter neurótico rumien más los pensamientos, las preocupaciones o incluso las situaciones de interacción social ya pasadas. 

Varios académicos, como Watkins, explicaron el mecanismo de formación de la rumiación basado en la teoría de la concreción reducida. Según la teoría, los pensamientos individuales son de dos tipos, concretos y abstractos. El pensamiento concreto se caracteriza por las circunstancias cruzadas y la ambigüedad, como la memoria autobiográfica abstracta (“Siempre soy un perdedor” o “Siempre hago algo mal”), que es la conclusión de una experiencia repetida. La rumiación suele ir acompañada de una memoria autobiográfica abstracta. Por lo tanto, el efecto negativo causado por el pensamiento concreto influye en el procesamiento y la resolución de problemas, y puede eventualmente causar un gran malestar psicológico.

Desencadenantes de la rumiación

Algunos posibles desencadenantes de pensamientos rumiantes incluyen:

  • un factor de estrés específico, como una relación fallida
  • un evento traumático reciente
  • perfeccionismo
  • baja autoestima
  • un próximo evento estresante, como exámenes finales o una actuación importante
  • enfrentarse a un miedo o fobia, como una persona con miedo a las agujas que se somete a un análisis de sangre
  • esperar información sobre un evento que podría cambiar la vida, como los resultados de una prueba médica o la aprobación de un préstamo

Los pensamientos preocupantes son recurrentes como una alarma es recurrente. 

Nuestro sistema nervioso activa señales de alarma ante lo considera un riesgo y peligro, así que imagina que tal como una alarma de una casa o de un vehículo, tu cerebro te está dando signos de que hay algo que considera como un riesgo. Pero, aunque suene paradójico, el peor riesgo no es tal vez lo externo, sino la repetición incesante de esta alarma.

Por qué es peligrosa la rumiación mental

La rumiación es un factor de riesgo bien establecido para la aparición de sintomatología de depresión mayor y ansiedad, tanto en adolescentes como en adultos. 

Muchos estudios han informado que la rumiación está relacionada con efectos negativos. Nolen-Hoeksema estudió y monitorizó la depresión en adultos que han perdido a sus familiares. Descubrieron que la rumiación aún puede predecir el nivel de depresión durante los próximos seis meses si se controla la variación, incluido el nivel de depresión, el apoyo social, la fuente de presión y el género. Lyubomirsky y Lepper encontraron que la depresión empeora cuando aumenta la rumiación inducida por experimentos. Según una investigación longitudinal, un individuo inmerso en emociones negativas y que tiende a rumiar es probable que sufra una depresión grave, con más casos y una duración más prolongada. Una persona sana pero con tendencia a rumiar podría deprimirse fácilmente. La rumiación agrava la enfermedad de los pacientes clínicos con depresión. 

También se han obtenido resultados de investigación similares sobre otros efectos negativos de la rumia, incluidos la ansiedad y la ira. Se ha encontrado que la rumiación está relacionada con enfermedades mentales clínicas (por ejemplo, ideación suicida y estrés postraumático). Los investigadores creen que cuando un individuo enfrenta eventos traumáticos de la vida y experimenta emociones negativas (por ejemplo, depresión), constantemente piensa en las causas y resultados de las emociones negativas. Este pensamiento excesivo activa la memoria negativa anterior y da como resultado una reacción negativa a la circunstancia actual. Entonces se refuerza la sensación de fracaso e impotencia. Por lo tanto, bajo la influencia de la rumiación se puede inducir un estado mórbido, que eventualmente se convertiría en trastornos emocionales, como depresión y ansiedad.

¿Alguna esperanza para los rumiantes?

Como rasgo psicológico positivo importante, la esperanza o ilusión ha suscitado mucha atención por parte de los estudiosos; es considerada un factor protector por las personas que enfrentan riesgos. Snyder definió la esperanza como una sensación interna de éxito y un estado de motivación activa; en comparación con un individuo con un bajo nivel de esperanza, un individuo con un alto nivel de esperanza es más firme y flexible y busca medios alternativos para lograr su objetivo esperado cuando se enfrenta a la incapacidad de mitigar el efecto negativo inducido por eventos negativos.

Así que intentar conservar nuestro sentido de esperanza, ilusiones nuevas, que active ese sentido de confianza interna, al parecer puede ser de gran ayuda para la posibilidad de que personas que caen en pensamientos recurrentes puedan canalizar energía mental hacia la solución o la activacion personal, saliendo de la parálisis ocasionada por exceso de pensamiento. 

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Emma Sánchez

Escrito por:Emma Sánchez

Psicóloga que escribe, dibuja, lee en voz alta y respira en bosques. Estudiante de MA. Creación literaria. Trabaja como Trainer internacional en el campo de Forest Therapy (@lluviadebosque) colaborando con el Forest Therapy Hub.

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