Cómo la meditación cambia tus genes… para bien

Antes la mayoría de los biólogos estaban convencidos de que los seres vivos eran únicamente el producto de sus genes heredados. Dicho de otro modo, estaríamos determinados por un programa genético incambiable legado por nuestros ancestros. Esa idea planteaba el problema además de la responsabilidad, mucha gente decía que no podría modificar comportamientos o superarse para tener una aptitud física porque ya venía determinado por los genes de su familia. Me tocó escuchar muchas veces esas ideas en el campo de la psicología, y sus “patologías” al parecer talladas en roca. Pero al hacer descubrimiento sobre la funcionalidad que tenía una parte del ADN con otro tipo de codificación, el cual había sido visto como un ADN basura, o no codificado, los científicos fueron descubriendo el poder del entorno y los hábitos en la activación o desactivación de ciertos genes de la cadena de ADN de un organismo sin alterar su secuencia básica. Esto es la epigenética, la cual nos restituye el papel del ambiente y el entorno en nosotros, pero también nuestras posibilidades de cambio voluntario. La práctica de la meditación por otra parte se está demostrando que tiene efectos importantes en la epigenética, cambiando la expresión de nuestros genes para bien.

La importancia de la epigenética

Para Jöel de Rosnay, científico y ex investigador del MIT, entender la importancia de la epigenética es tener la oportunidad de convertirnos en algo como los directores de orquesta de nuestro propio cuerpo. Una de las conclusiones principales de los trabajos sobre la revolución epigenética es que los individuos no están (totalmente) predeterminados por sus genes. Su comportamiento y su voluntad de actuar también pueden cambiarles la vida. Es maravilloso lo que nos muestra este campo de investigación porque nos está diciendo que de nosotros dependerá adaptar nuestro modo de vida para activar genes que contribuyen a protegernos de una manera más eficaz contra enfermedades -físicas y psicológicas-. Es decir que al asumir un cierto estilo de vida saludable, no solo estás cambiando la fisiología y los patrones químicos en el funcionamiento de tu cuerpo, sino que también estás impactando la activación genética, que se encargará de crear otros patrones de actuación de las moléculas del cuerpo.

Ahora se sabe que los padres no transmiten solamente sus genes a sus hijos, sino que por ejemplo el comportamiento de la mujer embarazada influye en el desarrollo celular del hijo desde el estado embrionario. Lo que hacemos y lo que vivimos no carece, por tanto, de consecuencias en la expresión de nuestros genes. Nuestros hábitos de vida, así como los acontecimientos que marcan nuestra vida, y Rosnay nos dice: “traumas diversos, guerra, hambre o, por el contrario, abundancia, despreocupación… repercutirán en nuestra salud y nuestros comportamientos. Así mismo, influirán en la forma en que se expresarán los genes heredados en el organismo de nuestros descendientes”.

Actividades con efectos positivos epigenéticos

Ahora bien, se ha ido demostrando como ciertas actividades como el deporte desencadenan y amplifican efectos positivos epigenéticos increíbles, no solo en la salud física sino que son un antidepresivo natural. Pero además, la meditación, esta antigua práctica tan propia de culturas orientales que promueve la contemplación de los propios pensamientos, la relajación a través de la respiración y la quietud, incluye también en la forma como funcionan nuestros genes y puede tener prácticas muy importantes en todo nuestro cuerpo.

El pensamiento occidental ha disociado durante mucho tiempo la mente y el cuerpo, y la psicología occidental, lamentablemente también. 

Durante mucho tiempo se ha sugerido que las prácticas conscientes promueven el bienestar al producir un estado de relajación corporal y silencio interior, es decir, un estado de tranquilidad mental y emocional caracterizado por la ausencia de pensamientos, imágenes y fluctuaciones emocionales recurrentes. En consecuencia, una amplia variedad de prácticas conscientes derivadas de las tradiciones orientales se han introducido en las sociedades occidentales a raíz de la imperante demanda de aumentar la autoconciencia, mejorar la salud y mejorar la calidad de la vida diaria. Estas prácticas incluyen un espectro de meditaciones, tanto sentado (es decir, meditación de atención plena, Vipassana, atención enfocada en la respiración) como en movimiento (Yoga, Tai Chi y Quadrato Motor Training), todos los cuales comparten el objetivo común de lograr un estado de silencio mental con repercusiones positivas en la regulación emocional y la salud. La evidencia de su efectividad está creciendo y están surgiendo prácticas prometedoras de mente y cuerpo como complementarias a las intervenciones terapéuticas más convencionales. De hecho, una cantidad considerable de literatura sugiere que las actividades de la mente y el cuerpo pueden aliviar los síntomas del estrés, de diversas enfermedades, incluidos los trastornos psicológicos (p. Ej., Trastornos del estado de ánimo y de ansiedad), enfermedades inflamatorias, cardiovasculares, envejecimiento y cáncer.

Sin embargo, aunque es probable que los resultados relacionados puedan estar mediados por cambios en los niveles de algunos factores humorales, inmunológicos y neurológicos, los mecanismos moleculares que subyacen a los beneficios de las intervenciones mente-cuerpo y que tienen que ver con la epigenética se empiezan a descubrir como impactados positivamente también por estas prácticas. El análisis de los tejidos periféricos humanos (p. Ej., Sangre y saliva) ha comenzado a mostrar que varios tipos de meditación pueden reducir los niveles de la hormona del estrés cortisol y de especies reactivas de oxígeno (ROS), así como estimular citocinas antiinflamatorias, endorfinas, y neurotrofinas. Pero además, algunos autores han rastreado el efecto de la meditación sobre dichas moléculas efectoras hasta los cambios de expresión de los genes correspondientes y, más recientemente, hasta los mecanismos específicos que regulan la expresión génica (Buric et al., 2017; Kaliman, 2019). Las observaciones anteriores plantean la intrigante idea de que las prácticas conscientes influyen en el cuerpo por medio de la epigenética.

En el 2013, en una investigación se pudo constatar la modificación de la expresión génica en los sujetos de la investigación que habían participado de una jornada práctica intensiva de meditación. No solamente presentaron modificaciones de los mecanismos de regulación de los genes, sino también niveles reducidos de expresión génica proinflamatoria, todo ello en correlación con una recuperación física más rápida a pesar del estrés al que habían sido sometidos. Como resultado del experimento, varios centenares de genes habían sido modificados, y se analizaron decenas de miles de genes, observándose que los grupos de meditadores y el grupo de control presentaban resultados muy diferentes. En el grupo de personas que practicaban la meditación se constató que algunos de los genes regulados negativamente bajo la influencia del estrés, experimentaban una recuperación más rápida de los efectos del Cortisol, hormona del estrés.

Los cambios observados como resultado de la meditación tuvieron lugar en genes a los que apuntan los medicamentos antiinflamatorios y antiparasitarios tan utilizados en la actualidad. Los genes afectados por la regulación epigenética diferencial van desde moduladores de la respuesta inmune (es decir, citocinas) y glucocorticoides en el eje hipotalámico-pituitario-adrenal (HPA) hasta neurotrofinas como el Factor Neurotrófico derivado del cerebro (BDNF) y el Factor de Crecimiento Nervioso (NGF), involucrados en la neuroplasticidad, el aprendizaje y la memoria. Y además, por sus beneficios en la presión arterial y el funcionamiento cardiaco, la Asociación Estadounidense del Corazón considera que la meditación es un medio de combatir los riesgos de padecer enfermedades cardiovasculares. 

Otro estudio ha determinado que la meditación es más eficaz que la morfina para reducir la percepción del dolor por parte de la zona somatosensorial del cerebro. Es decir que la meditación posee todas las propiedades necesarias para su uso clínico, como por ejemplo, tratamientos contra el dolor. 

También las formas de meditación dinámicas como el tai chi y qi gong que tienen secuencias de movimientos esenciales destinados a mejorar las relaciones entre el cuerpo y la mente, a incrementar el bienestar o ayudar a recobrar las fuerzas, y en donde todas las posturas o movimientos tienen un efecto relajante reconciliando cuerpo y mente, son destacadamente positivas para estos mismos resultados. Se demostró que el yoga mejora el «estado redox» (reducción-oxidación celular) del cuerpo al reducir los niveles de ROS, que causan inflamación y envejecimiento acelerado en las células. Además, el yoga puede ayudar a hacer frente a las condiciones de estrés, como lo demuestra la reducción del cortisol sérico a través del eje HPA. Estos resultados sugieren que el Yoga puede contrarrestar los procesos neurodegenerativos desencadenados por varios tipos de estrés al reducir el envejecimiento celular y preservar la neuroplasticidad en el cerebro. Lo mismo el Tai Chi y Qi Gong generan efectos antiinflamatorios en el organismo y mejoran el sistema inmune.

Finalmente quisiera señalar que la creciente evidencia sugiere que los cambios epigenéticos son un mecanismo clave por el cual un ambiente estresante actúa sobre el genoma, provocando cambios estables en la expresión génica y en el comportamiento que pueden generar respuestas de mala adaptación. Por otro lado, la práctica voluntaria de la meditación puede considerarse una forma de enriquecimiento ambiental, equivalente a la estimulación externa positiva, y con efectos que ya sabemos que te ayudarán a transfomar las respuestas génicas de una forma muy saludable.

Por Emma Sánchez

REFERENCIAS

  1. Epigenética. La ciencia que cambiará tu vida. Jöel de Rosnay. Editorial Planeta. 2018
  2. Venditti, S., Verdone, L., Reale, A., Vetriani, V., Caserta, M., & Zampieri, M. (2020). Molecules of Silence: Effects of Meditation on Gene Expression and Epigenetics. Frontiers in psychology11, 1767.
Escrito por:Emma Sánchez

Psicóloga que escribe ideas remojadas en tinta, dibuja un cartoon, pinta sus voces internas, lee en voz alta, estudia Creación Literaria, hace collage para integrarse, lidera talleres de Creatividad Terapéutica y respira en bosques haciendo Forest Therapy.

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