Pienso esta mañana en las cosas que cuidamos,  y en cómo el acto de interesarnos, componer, arreglar, ordenar, encargarnos tiene una inercia que nos lleva a valorar más, y por tanto a seguir cuidando. Seguramente a todos no les pasa así, pero creo que pueden encontrar este ejemplo en muchas personas. Ayer por ejemplo limpié -junto con mi pareja- mi casa, y siempre pasa lo mismo; después de hacer el esfuerzo, por supuesto un tanto incómodo, de ponernos manos a la obra con la limpieza, se siente, se percibe, se vive la casa más bonita, más acogedora, más valiosa. Y debido al recuerdo vivo aún del esfuerzo hecho, se despiertan comportamientos más bien instintivos, o digamos automáticos, de toma de conciencia para mantener este estado conseguido, de actos sutiles y constantes de mayor cuidado, de contribución al orden. 

Ayer lo sentí especialmente porque veníamos de dos semanas de tener una casa descuidada, sucia y poco amigable. Hoy me despierto y me siento diferente, y esto hace que traslade este simple sentir a lo que también nos pasa con aspectos más internos de nosotros mismos. A mi me pasa también con mi cuerpo, si a veces no lo cuido por un tiempo, no le doy ejercicio, no lo alimento bien, no le ofrezco descansos, masajes, cuidado estético (cremas, mascarillas, etc), caigo en la inercia del descuido, del desinterés, de sentir muy alto el esfuerzo por el cambio; así como hace dos días sentía que había tanto que arreglar en casa que me daba ganas de salir a correr y dejarla sola. He presenciado cuando las personas se sienten abrumadas en su proceso de cambio pensando: “Tengo demasiados problemas que solucionar de mi misma(o)”, y cuando se ponen manos a la obra y simplemente comienzan por un asunto, y experimentan el sentir positivo de ese nuevo orden mental o emocional, hay una hermosa fuerza vital que parece hacerlos sentir más conscientes del “acto de limpieza” que acaban de realizar, y se despiertan estos actos sutiles que buscan preservar este nuevo estado de bienestar.

Sin embargo, estos actos son frágiles, porque al igual que con el orden de casa, luego viene la vida con su día a día y es probable que volvamos a los hábitos antiguos, desordenados o descuidados, a las creencias nocivas, a los patrones dolorosos. Para volverlos fuertes, se requiere ejercitar la conciencia del recuerdo constante de lo que se siente en ese estado que experimentaste cuando lo hiciste, de la voluntad constante de mantenerte en los actos de cambio. Y para volverlo simple; si quieres mantener tu casa limpia y en orden, pues ten consciencia de donde dejas tus cosas todos los días, y haz actos de limpieza pequeños y frecuentes. Pero tal vez lo que más he visto que les ayuda a todos, es darse cuenta que lo pueden hacer, que son tan capaces de poner las emociones, metas y relaciones en orden como capaces son de guardar la ropa, limpiar los muebles y pasar el trapero por la casa. 

Así como el descuido tiene inercia, el cuidado también. Y eso es bueno para todos.

Por Emma Sánchez

Escrito por:Emma Sánchez

Emma Sánchez, creadora del podcast Simple de Mente y conferencista sobre estrategias de bienestar emocional a través del mindfulness y la psicología.

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