Una de las cosas que las personas persiguen desde hace mucho tiempo es la plenitud personal, o lo que podríamos llamar “Self-fulfillment”. Éste es un ideal tradicional que se ha exaltado tanto en las culturas occidentales como en las no occidentales y que en los últimos años hace parte imprescindible de nuestro discurso cultural. Porque no es solo una idea promovida por psicólogos o hasta filósofos, sino que se ha arraigado en nuestra mentalidad contemporánea, tanto que la escuchas constantemente por ahí; la gente quiere vivir una vida plena y está dispuesta a buscar medios y ayudas de los más variados expertos, o testimonios de vida de otros, para encontrar la manera de conseguirlo. 

Y aunque el término “plenitud personal”  puede tener muchas definiciones, hay una concepción general que nos da una idea inicial de por qué la plenitud, la que también podríamos llamar “autorrealización”, ha sido tan a menudo un componente muy valorado, y el principal, para llevar una vida humana buena y feliz. Según esta concepción, la autorrealización consiste en hacer realidad los deseos más profundos o las capacidades más dignas de las personas. El filósofo Alan Gewirth, quien publica una importante obra llamada “Self-fulfillment”, nos dice: “es llevarse a uno mismo a una culminación floreciente, un despliegue de lo que es más fuerte o mejor en uno mismo, así que representa la  culminación exitosa de las aspiraciones o potencialidades de uno. De esta manera, la autorrealización presagia una vida bien vivida, una vida profundamente satisfactoria, fructífera y valiosa”. 

black young student reading textbook while resting near lake
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La lucha por la autorrealización, o plenitud, ha figurado de manera central en nuestra herencia literaria, así como en gran parte de la historia real de los seres humanos. Ya Socrates nos invitaba a la Auto-examinación como el proceso de investigar en tus propios comportamientos, y las motivación guardadas bajo ellos, siendo casi que los antiguos planteamientos de una psicología o psicoterapia moderna. Las personas asisten a un proceso de autoexaminación, introspección y se disponen a tomar acciones diferentes, básicamente porque han reconocido que hay potencialidades que podrían desarrollar más, o no se explican por qué les es tan difícil desarrollarlas. 

El texto de Gewirth, nos lleva a plantearnos que los poderes o las potencialidades humanas deben ser guiadas o controladas a través de la deliberación y de la elección, las cuales son ambas funciones del deseo. Y es que es evidente que la naturaleza nos ha otorgado poderes o “potencialidades difusas”, dice el filósofo, así que mientras algunas de ellas pueden ser más fuertes que las otras, nosotros podemos elegir, a través de las acciones voluntarias que ejecutamos, cuál de entre ellas deseamos potenciar y permitir que alcancen su realización. Así, Gewirth piensa que la autorrealización puede ser considerada de dos maneras diferentes: la primera que proviene de la elección, es decir del deseo y es una autorrealizacion de las aspiraciones; y la segunda del elemento mismo de potencialidad al cual apunta la actualización de sí mismo, y que sería más una autorrealización de las capacidades.

Es decir que el “Yo” se realiza cuando sus deseos más profundos o sus mejores capacidades se hacen realidad o florecen. Por esto la autorrealización es una condición supremamente valiosa del “Yo”, y la buscamos en nuestra vida. Ahora bien, ¿la sociedad nos la permite?, porque ustedes habrán pensado muchas veces que no se sienten plenos, es más esa congoja es la que los acompaña y los hace sentirse desmotivados, angustiados o extenuados. Y es que cabe la pregunta sobre si estamos en una sociedad que nos permite escuchar y comprender nuestros “deseos más profundos”, y potenciar sin dudas ni presiones nuestras “mejores capacidades”.

Esta que ves aquí es la pirámide de Abraham Maslow

Pirámide de Abraham Maslow

La Pirámide de Maslow forma parte de una teoría psicológica que trata acerca de la motivación y las necesidades del ser humano: aquello que nos lleva a actuar tal y como lo hacemos. Según Abraham Maslow, nuestras acciones nacen de la motivación dirigida hacia el objetivo de cubrir ciertas necesidades, las cuales pueden ser ordenadas según la importancia que tienen para nuestro bienestar. Él proponía una jerarquía de las necesidades humanas, y defendía que conforme se satisfacen las más básicas, los seres humanos desarrollamos necesidades y deseos más elevados (Pirámide de Maslow). Y en su esquema vemos que la necesidad de autorrealización viene a estar en la cúspide, es decir que para el individuo ésta tiene lugar cuando también se van cubriendo otras necesidades de orden inferior. 

Como humanista, su idea era que las personas tienen un deseo innato para autorrealizarse, para ser lo que quieran ser, y que cuentan con la capacidad para perseguir sus objetivos de manera autónoma si se encuentran en un ambiente propicio. Sin embargo, para aspirar a las metas de autorrealización o autoactualización (desarrollo de necesidades internas, el desarrollo espiritual, moral, la búsqueda de una misión en la vida, la ayuda desinteresada hacia los demás, etc.), antes han de cubrirse las necesidades anteriores como la alimentación, la seguridad, etc. 

Sin embargo en algunos estudios se ha puesto a prueba la idea de secuencialidad de Maslow, identificando que las necesidades de reconocimiento y autorrealización también eran importantes pese a que no estuvieran cubiertas las necesidades más básicas.

En todo caso, Gewirth nos resalta el carácter inherente del ser humano que nos quiere empujar en toda la búsqueda de satisfacción de necesidades humanas, y que en ese viaje nos puede llevar a realizar algunas de nuestras aspiraciones y a desarrollar nuestras mejores capacidades. Esto, si la sociedad y el medio, como lo plantea Maslow, nos ayudan y nos propician un entorno que nos permita contar con los elementos necesarios para hacer una elección en ese sentido. Por esto, pedirnos como cultura que aprendamos a vivir “una vida plena” va más allá del discurso marqueteado de: “dejé mi trabajo porque estaba esclavizado al escritorio y ahora soy bloguero de viajes viviendo plenamente”. Pero aunque implique más que esta frase de cajón, la verdad es que esta frase no sería tristemente popular si no viviéramos en una sociedad que no nos permite explorar con tranquilidad, -y con las necesidades básicas aseguradas-, nuestros talentos, capacidades y deseos; y que no nos apoya en la búsqueda de estos. Nos toca hacer actos de renuncia, de saltos al vacío, ante los que no todo el mundo resulta tan bien parado, como suelen verse los blogueros de viajes de los anuncios de vida plena y feliz. 

Escrito por:Emma Sánchez

Psicóloga que escribe, dibuja, lee en voz alta y respira en bosques. Estudiante de MA. Creación literaria. Trabaja como Trainer internacional en el campo de Forest Therapy (@lluviadebosque) colaborando con el Forest Therapy Hub.

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