Cultivar una vida que se sienta propia, que se experimente como “bien vivida” o plena hace parte de nuestras necesidades humanas compartidas. Esta es posible de vivir, no tienes que ganarte la lotería genética, -o la de dinero-, asistir 15 años a terapia, o ir a donde todos los guías espirituales juntos para poder sentir que eres parte de una vida así. Solo tienes que darte cuenta que esta vida es más que ir de viaje en crucero, o seguir los consejos de “Cómo se debe vivir en 10 pasos para ser feliz sin tropiezos”. No funciona así. Cultivar una vida que te permita vivir desde tu ser auténtico, implica que estés dispuesta(o) a vivir una vida con el corazón abierto a la vulnerabilidad. Sí, es decir, una vida que duele, en la que eres abiertamente imperfecta(o).

Simple, ¿no? Sé que no lo es. Brené Brown en su libro Los regalos de la imperfección, señala tres fundamentos para una vida que se viva “Wholehearted” o lo que yo diría: con apertura de corazón y equilibrio emocional. Si nos apegamos a la definición de esta palabra por el diccionario Merriam Webster, sería algo como “completa y sincera, determinada o entusiasta”. Ella en su investigación en el campo de la Vergüenza (artículo relacionado), nos señala que las personas que viven una vida que cabe en esta categoría o definición, son personas que han cultivado estos 3 fundamentos esenciales:  Coraje, Compasión y Conexión.

En realidad creo que de esto se tratan todos los procesos terapéuticos, de trabajar en estos tres aspectos: en lograr un coraje que no niegue la vulnerabilidad; una compasión que sea autoaceptación capaz de poner límites; y una conexión que no intente cambiar a otros, u obligarse a encajar y complacer sacrificando la autenticidad, sino vincularse desde la empatía y respeto a lo que somos. 

Y para hacer todo este proceso no podemos dejar de lado el proceso del amor, del amor propio. El amor y experimentar la pertenencia a algo en nuestra vida, son aspectos esenciales en la experiencia humana. Nos encanta amar a otros, pero  para sentir el amor y la conexión verdadera lo único que necesitamos es creer que somos valiosos, que la merecemos. Y sé que ustedes saben que esto no es para nada simple. Ahora podemos reconocer socialmente que aprender a amarnos a nosotros mismos es un proceso obligatorio que nos toca desarrollar, así como tuvimos que aprender a multiplicar, dividir o debemos aprender inglés. Así de incómodo. Implica adueñarse de nuestra historia y de nosotros mismos. No distanciarnos más de quien somos en realidad con el fin de actuar un rol que se espera de nosotros, probarnos ante otros o complacer. 

La pertenencia, es el deseo humano innato de ser parte de algo más grande que nosotros. “Estamos biológicamente, cognitivamente, físicamente y espiritualmente atados al amor, a ser amados, y a pertenecer. Cuando esas necesidades no están satisfechas, no funcionamos cómo estamos destinados a hacerlo”, nos lo recuerda Brené Brown. Así que si pensamos que esto en realidad es un deseo innato, y lo contrastamos con lo difícil que es cultivar autoaceptación en nuestra sociedad perfeccionista, pues no es raro entonces ver por qué la gente se pasa la vida buscando encajar para ganar aprobación. 

Así que el reto que tenemos es creer que somos valiosos en este preciso instante, no cuando adelgacemos más, o estemos embarazadas, obtengamos un ascenso, un título académico más, nos casemos, o dejemos de estar solteras. Cuando experimentamos que somos valiosas en este presente, sin prerequisitos, sin condicionalidades; ahí nos estaremos valorando. Es increíble cómo las personas están tan dispuestas a decir que aman incondicionalmente a otros, sintiéndose orgullosas de esa virtud, como si eso las hiciera mejores personas, pero cuando se trata de quererse a sí mismas, el “sin condiciones” queda en el olvido. 

Una vida con el corazón abierto a la vulnerabilidad
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Ahora bien, ¿por qué es difícil amarte y autoaceptarte sin condiciones? Hay varias respuestas a esto, y por eso no podemos recurrir a respuestas psicológicas demasiado simplistas porque todo depende del contexto de cada individuo,  pero sabemos que pueden ser factores que van desde las características de tu entorno, sus valores y creencias, sus patrones en que fuiste criada(o), la misma sociedad poco empática y que nos presiona para dar siempre un poco más, tu contexto cultural. Hacer este proceso de adueñarte de tu historia de vida, es también iniciar la introspección, -ojala la hagas por escrito- sobre los eventos de vida, o filosofías de vida que han tenido las personas cercanas a ti, que te han ayudado a construir esta historia que tienes de ti misma(o) como poco valioso, digno de amor, o insuficiente. Solo tu puedes ir echando luz sobre tu historia para conocerla y te propondría empezar a escribir “la contra historia”. Si te decidieras a vivir mañana un poco más afuera de ese cuento que te has echado, entonces ¿qué aspecto estarías empezando a aceptar de ti?

Te mereces experimentar el coraje, esa valentía para decir en voz alta: “estoy soy”; la compasión para decir: “acepto quién soy con todo lo que eso implica”; y la conexión para buscar a otros y decir: “¿ustedes también están en este barco conmigo, sufren por esto también?”. Una vez lo hagas, el peso que cargas será alivianado. Y no solo lo puedes hacer una vez, lo debes repetir una y otra vez, porque eso es vivir; tropezarse y seguir con el corazón abierto.

Por Emma Sánchez

Escrito por:Emma Sánchez

Emma Sánchez, creadora del podcast Simple de Mente y conferencista sobre estrategias de bienestar emocional a través del mindfulness y la psicología.

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