Este es un episodio en donde quiero hacer una reflexión sobre un texto titulado “La supervivencia del más amable” de Catalina Segú, Gonzalo Brito y Claudio Araya en su libro, “Presencia plena. Reflexiones y prácticas para cultivar mindfulness en la vida diaria”. 

El planteamiento de estos autores me pareció muy interesante puesto que todos conocen la común frase de “la supervivencia del más fuerte” como si fuera el slogan de la teoría darwiniana de la evolución. como todo lo que se vuelve slogan, sufre de la degradación en un pensamiento simplista que instaura en piedra el malentendido. ¿Qué significa “el más fuerte”? ¿De qué fortaleza esencial han requerido los humanos para sobrevivir? Y es ahí donde esto autores señalan que la teoría de selección natural de darwin ha sido interpretada como una justificación biológica para la agresividad, como si éste fuera el principio que organiza la vida y la permanencia de las especies. De hecho no podemos negar que ha justificado ideologías políticas y económicas que sustentan sistemas opresivos como normalizando que al ser el más fuerte el que sobrevive pues la fuerza arremetedora del ser humano es una característica natural que parece hasta admirada y apoyada socialmente. 

Sin embargo estos autores rescatan que las ideas de Darwin eran opuestas a las ideas de lo que se ha conocido como “darwinismo social”, pero que en realidad se basa en las ideas de Herbert Spencer, y no de Darwin. Spencer fue quien acuñó la frase de “la supervivencia del más fuerte (o apto)”, usualmente atribuida a Darwin. Y ahora bien, también cabe señalar que la sola frase une dos nociones diferentes y las equipara como sinónimos; una cosa es ser fuerte y otra ser apto. Apto proviene de la idea de adaptación, y de que es precisamente en los procesos de adaptación donde reside la fortaleza del ser humano que nos permite sobrevivir. 

No obstante, dejando un poco este tema de lado, los autores plantean que las ideas darwinianas tal vez podrían resumirse en una máxima bien diferente; “la  supervivencia del más amable”. Ellos lo profundizan trayendo a colación una cita bastante significativa del libro El origen del hombre y la selección en relación al sexo, en la cual se considera «a la fuerza mayor del instinto social o materno por sobre cualquier otro instinto o motivación», que no está solamente presente en la humanidad sino también en nuestros predecesores homínidos y otros mamíferos. Así pues, cada especie con gran funcionamiento social o evolucionada, tendría la compasión como instinto central. Continúa Darwin: «[…] pero por complejo que sea su origen, como es de gran importancia para todos aquellos animales que se ayudan y defienden mutuamente, [la compasión] habría aumentado por selección natural; porque aquellas comunidades que incluyen el mayor número de miembros más compasivos, habrían florecido mejor y criado el mayor número de retoños».

Esto también lo encontramos en los estudios de Psicología Evolutiva que han engrosado las filas del estudio sobre la empatía humana posteriores a Darwin y que fundamentan la psicología social. 

Así también el Dalai Lama por ejemplo se refiere a la «semilla de la compasión» señalando que de forma natural el ser humano se siente incómodo al ver a otro sangrar, morir o sufrir. Esta es la semilla pues de esa compasión universal que hace que nos sintamos impulsados a aliviar el sufrimiento de los otros de manera que nuestros propios sentimientos dolorosos sean aliviados. 

Leamos de nuevo a Darwin:

«La compasión más allá de los confines humanos, una humanidad extendida hacia los animales inferiores, parece ser una de las más recientes adquisiciones morales… esta virtud, una de las más nobles con las que el ser humano está dotado, parece surgir de

nuestra compasión que se vuelve más tierna y más ampliamente difundida, hasta que se extiende a todos los seres sintientes. Tan pronto como esta virtud es honrada y practicada por algunos pocos hombres, se propaga a través de la enseñanza y el ejemplo a los más jóvenes, y, finalmente, a través de la opinión pública». 

Así que si nos damos cuenta que la compasión es el rasgo evolutivo de la humanidad, sin él no hubiéramos sobrevivido, sin que nuestras madres y comunidades -desde las primitivas hasta las de hoy- no hubieran desarrollado un sentido de cooperación, apoyo y cuidado a las criaturas más indefensas, y entre comunidades o sistemas, tribales o familiares, la adaptabilidad que hemos tenido como especie y la capacidad de desarrollo de nuestras habilidades e inteligencia para transformar el entorno y apoyarnos en sobrevivir, no habría sido posible. 

Comparto profundamente la postura de estos autores, quienes señalan que quizás nuestro mayor desafío personal y global no consista ya en tener que ver de frente nuestra maldad —ya los noticiarios hacen lo suficiente al respecto— sino que comenzar a ver de frente y asumir nuestra bondad, ternura y capacidad de cooperación, que es nuestro legado evolutivo por derecho y probablemente nuestra única puerta de salida de los problemas globales en que nos hemos metido.

Para muchos puede que estas ideas no les parezcan viables ni factibles. Sabemos que el ser humano ha lidiado toda su historia con un entorno hostil, duro, difícil. Aún así tu y  yo estemos en la comodidad de nuestras casas y tengamos nuestras necesidades cubiertas, esto no viene sin la sensación permanente de estrés por una sociedad que igual nos presiona fuertemente y con hostilidad y agresividad, en la que seguimos luchando por sobrevivir. Así que nos es difícil soltar la idea de fuerza como rasgo evolutivo esencial y consideramos que aquellas palabras como compasión o empatía suenan al rasgo de fragilidad con el que muchos inocentes caen víctimas de otros más perspicaces, astutos y agresivos. 

La perspectiva de la compasión tiene este estereotipo de ser una imagen de las personas piadosas, lastimeras, pálidas y sufrientes, siempre autosacrificadas por la ayuda y el servicio a los demás. Pero esto es por otro malentendido y uso de palabras confuso. Compasión es una palabra muy usada en el contexto religioso católico refiriéndose a estas cualidades casi que de santos, y abnegadas monjas. Pero a lo que los psicólogos que están introduciendo la compasión o autocompasión como parte de sus perspectivas, se refieren, es a un sentimiento de hermandad por los otros que nos lleva a interesarnos genuinamente por el sufrimiento del otro y a desear aliviarlo, así como a la comprensión amplia de que todos sufrimos, pero rescatando algo que también llaman estos autores como un “sabio egoísmo”, en el que te das cuenta del bien personal que te reportará tu propia compasión puesta hacia el otro.

En el egoísmo común nos centramos exclusivamente en nuestras propias necesidades y en

las de nadie más, pero si uno es sabiamente egoísta, comienza a tratar a todos tan bien como trataría a sus más cercanos. ¿Por qué? Todos queremos ser felices y evitar el sufrimiento. Si eres amable, empático y respetuoso hacia los demás, ellos responderán amablemente; de esta manera tu felicidad aumentará.

No se trata por tanto de que ser compasivo sea ser un abnegado salvador de los demás, dejando de lado tus propias necesidades. Otro autor, Jack Kornfield, psicólogo y monje budista, nos recuerda que la compasión es un círculo; no puedes ser compasivo si no eres autocompasivo. También están tus propias necesidades y deseos, y de tus sufrimientos también debes querer encargarte. 

Pero si muestras rabia, odio y agresividad con los otros, ellos responderán igual y perderás tu propia felicidad. A largo plazo, la estrategia del egoísmo sabio te traerá más satisfacción y más felicidad. Así, incluso desde un punto de vista egoísta, tendrás mejores resultados respetando a los otros, sirviendo a los otros y reduciendo el egoísmo.

Así, como dijo Darwin, estamos manifestando una cualidad inherentemente humana:

nuestro cuerpo y nuestra mente evolucionaron para deleitarse en el amor y la cooperación, y esto nos beneficia a todos.

Por Emma Sánchez

Escrito por:Emma Sánchez

Emma Sánchez, creadora del podcast Simple de Mente y conferencista sobre estrategias de bienestar emocional a través del mindfulness y la psicología.

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