Hablamos y hablamos constantemente de una vida significativa, de una vida plena de sentido, que será la que te dará felicidad, paz, plenitud. Yo misma promuevo este constructo por saber que el ser humano necesita esta búsqueda de sentido como parte primordial de su existencia en esta tierra. Pero a veces cuando me pregunto qué es una vida significativa, cómo mostrarle ese camino a tantos que carecen de ella, me he llegado a preguntar; una vida significativa, ¿utopía?, ¿acaso será una utopía?.

En mi viaje de vida yo arremetí con fuerza por muchos años con aquellas preguntas por una vida con significado. ¿Por qué estamos aquí? ¿Qué sentido tiene esforzarse tanto por vivir y hacer cosas, lograr cosas, si nuestro paso por este mundo es bastante corto y la sociedad parece que ya va por el camino ella sola hacia la autodestrucción. Todas estas preguntas hacían parte de mi cabeza, a la vez que coexistían con aquellas que me invitaban a responsabilizarme de esta vida, de este tiempo limitado, de este cuerpo minúsculo, de estas diminutas acciones en el enorme accionar del universo. 

Cuando leía hace muchos años siendo estudiante de psicología, a Viktor Frankl en su libro El hombre en busca de sentido, y daba con ese fragmento en donde dice: “una vida cuyo último y único sentido consistiera en superarla o sucumbir, una vida, por tanto, cuyo sentido dependiera, en última instancia, de la casualidad, no merecería en absoluto la pena de ser vivida”, siempre me sentía como si este psiquiatra que estuvo en campos de concentración atravesando todo el horror humano, ya hubiera puesto en palabras la sensación permanente de mi corazón. ¿Pero acaso no vivimos así, pasando nuestro tiempo de vida en devenires y angustias que parecen reducirse al juego de superar la vida o sucumbir en el más enorme fracaso? ¿Y no está entendido en nuestra sociedad -a veces tan estrecha de miras-, que la superación de la vida será como la superación de escalones que nos darían siguientes niveles de plenitud, pero cuyas categorías no pasan de ser meras presiones materiales y muchas veces vacías? Tener estudios, tener trabajo, tener carro, tener casa, tener posesiones para adornarte y adornar tu casa, tener lujos, tener nuevos cargos, tener más posesiones. Y así se va pasando la vida, en el afán de superarla o el terror de llegar a sucumbir. 

Y entonces ahí es donde surgen las crisis humanas, porque en realidad el hombre siempre se ha preguntado por su sentido. Frankl nos lo recuerda diciendo: «La búsqueda del significado del hombre es la motivación principal de su vida y no una «racionalización secundaria» de los impulsos instintivos. Este significado es único y específico en el sentido de que debe y puede ser cumplido por él solo; sólo entonces alcanza un significado que satisfaga su propia voluntad de significado»

Y es que Frankl plantea que lo que mueve al hombre este “will of meaning”, que por un lado es “voluntad” en su traducción literal pero que me parece que para el autor toma un matiz más de impulso vital básico. Es nuestro impulso, el de buscar qué le hace sentido a nuestra existencia y así convertirnos en precursores y seguidores de ese camino, sintiendo la plenitud del aporte, de la importancia, de nuestra vida. 

Y por supuesto que rescata que ese camino es único, y me encanta porque precisamente nos invita a restituir nuestra libertad. Nos dice que la libertad fundamental del ser humano, “La última de las libertades humanas -la elección de la actitud personal ante un conjunto de circunstancias -para decidir su propio camino”.

En nuestra decisión, por supuesto, recae la búsqueda de lo que nos da significado en la vida. Pero lo que me problematiza y me hace a veces sentir desesperanza  es que para poner a andar esa actitud intencional de la voluntad de sentido, se requiere -al menos desde mi punto de vista como psicóloga-, el desarrollo de la capacidad para reflexionar sobre tu propia vida, para construir un pensamiento crítico y una liberación emocional de las creencias o condicionamientos de tu contexto social que te permita poner a marchar esta voluntad y motivación de dirigir tu vida intencionalmente hacia un significado valioso. Y el desarrollo de esa capacidad requiere tiempo y educación que ayude a compensar creencias muy fuertes sociales. 

Hoy en día, las personas se encuentran muy vulnerables y enganchadas por propuestas que se marketizan y se publicitan de una forma que manipulan grandemente la toma de decisiones de las personas sobre lo que deben hacer o tener en su vida. La posibilidad de juicio crítico, y de tiempo para desarrollarlo, se esfuman a mi parecer, entre el embobamiento y encantamiento que todos sufrimos en frente de la excesiva información y conectividad del mundo actual. 

Si bien la construcción de sentido es individual, también parte de los valores que la persona ha establecido, y estos valores son permeados por su contexto cultural y sus instituciones sociales. No somos tampoco seres aislados de todos los otros seres, preguntándonos por el significado de nuestra vida sin tener ningún referente. Así que nuestra elección de referentes y el desarrollo de cierta liberación emocional y capacidad de pensamiento analítico y crítico también son fundamentales. 

Viktor Frankl explica que hay tres formas de descubrir el significado: valor creativo, valor experiencial y valor actitudinal. El valor creativo se refiere a encontrar significado dando algo al mundo, haciendo. El valor experiencial se refiere a encontrar un significado a través de los diversos encuentros que presenta el mundo. Los seres humanos pueden encontrar significado a través del encuentro con sus seres queridos, la naturaleza, el arte y la cultura, o Dios. (Mira Kim, Ph.D., RCC). Y por último, sugiere que el valor actitudinal es el más difícil de lograr, y por lo tanto es superior a los otros dos valores para encontrar significado. El valor actitudinal se puede lograr determinando qué actitud tomará uno ante el sufrimiento inherente de la vida, que él menciona relacionado con la culpa, el dolor en sí o la muerte. 

vida significativa
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Entonces según esta perspectiva, se trata de no olvida que los seres humanos son seres positivos y creativos que pueden cambiar el inevitable destino humano como el dolor, en un logro humano; seres espirituales que pueden madurar a través de la culpa hacia la compasión; y seres con libertad de voluntad que pueden conocer la naturaleza finita y transitoria de la vida, y reconocer lo que es más importante en el momento presente a través de la muerte. La muerte se presenta como una oportunidad para descubrir el sentido de la vida que siempre ha existido dentro de nosotros pero aún no se ha descubierto. 

Por esto, esta unicidad y resolución o determinación intencional que diferencian a cada individuo y dan un significado de su existencia, tienen su infuencia en dos aspectos: en la actividad creativa y en el amor. Él nos dice: “El hombre que se hace consciente de su responsabilidad ante el ser humano que le espera con todo su afecto o ante una obra inconclusa no podrá nunca tirar su vida por la borda. Conoce el porqué de su existencia y podrá soportar casi cualquier cómo”. 

Y pienso que es muy interesante que él nos hable de hacernos conscientes de nuestra responsabilidad con el amor y la capacidad creativa que son inherentes a los seres humanos. Y me hace pensar que definitivamente para que la construcción de una vida significativa para cada uno, exista como posibilidad realizable, necesitamos ir construyendo una sociedad que vuelva a dignificar el amor y la capacidad creativa del ser humano. Dos cosas que se van desfigurando en el sentido de que mucho de la capacidad creativa se pierde en las presiones de vida, carrera y laborales que impulsan a que las personas sigan órdenes y lineamientos, al punto de que hablar hoy en día de que tu puedes crear tu propia vida es todo un discurso de motivación, que se tuvo que imponer para recordarnos nuestra libertad de acción. ¿Y el amor? Bueno, es más apego por recibir seguridad y llenar vacíos emocionales, que ese espacio de crecimiento para expandir mi potencial para dar, y además por eso también existe hoy en día el discurso del amor propio, para recordarnos la dignidad que tenemos como seres humanos que merecen tratarse con autocompasión para darse lo que les aporte sentido. 

Entonces creo que la cuestión de construirnos una vida con sentido, propósito, significativa, sí requiere del apoyo social que como comunidad nos podamos dar para recordarnos que ante la presencia del dolor y la muerte, nosotros somo seres que aman y pueden ser amados, y que crean realidades que pueden hacerlos sentir libres e importantes. Es la invitación a todos a repensar nuestros valores como seres creativos, compasivos y con libertad. Así que la divulgación de todos nosotros de una nueva narrativa que muestre la importancia de que cada uno continúe en su búsqueda de sentido es lo que nos ayudará precisamente a llegar a mi verdadera utopía ideal: un mundo en el que todos puedan experimentar la tranquildad en su alma de sentir su vida como significativa para sí mismos y para los demás.

¿Una utopía? Tal vez, pero que me le ha dado significado a mi vida

por Emma Sánchez

Escrito por:Emma Sánchez

Mg. Psicología Clínica y Guía certificada de "Baños de Bosque" (Shinrin Yoku). Trabajo en construcción de resiliencia, autoestima y manejo emocional a través de la naturaleza, el arte, el mindfulness y el minimalismo emocional.

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