Podcast Episodio 9

Cuando el dinero te hace feliz, el materialismo hace lo opuesto

El dinero, qué maravilloso es poseerlo, qué deliciosa excitación la de estrenar objetos, qué exuberante sensación la de tener lujos, degustar los placeres de la vida, decir que “si” a todo lo que te dicte el deseo, y qué sutil y oculta expansión del pecho y la sonrisa cuando ves en los ojos de los demás la admiración encantada que te ofrecen debido a tu estatus, el que ganaste gracias a tu dinero… el que te mereces gracias a tu esfuerzo, el que invertiste a costa de todo; a costa de obsesionarte con el logro, con el dinero, con el status, con la necesidad de mostrarle a los demás “tu estilo” de vida para que te admiren, para sentirte valioso; y finalmente el que invertiste a costa de tu salud emocional, tu tiempo de ocio, de familia o de conexión con lo significativo de la vida. 

Esa seguridad que te da el dinero de que nada te falta, de que todo lo puedes poseer. Parece que ni siquiera comprará la felicidad, sino que fuera la materialización de la misma. Pero un momento, ahora que lo tienes y pareces estar experimentando niveles de felicidad más elevados que los de los demás mortales, ahora… ¿es suficiente? ¿No? ya lo tengo y ahora quiero otra cosa, y otra más, y otra más. Y siento que tengo que ser más reconocido, más apreciado y por supuesto más poderoso. Lo interesante de las investigaciones de Daniel Gilbert, profesor de la universidad de Harvard, acerca de la felicidad, es que te permiten ver que las personas tienen un sesgo cognitivo evaluando la felicidad que consideran van a experimentar cuando tengan ciertos logros, objetos, o cantidad de dinero. En general creemos que seremos más felices y que esta emoción nos durará más tiempo de lo que en realidad ocurre cuando obtenemos esto. 

Así que puede que sientas felicidad con lo que adquieres con dinero; eso es innegable, pero el creer que debes perseguir una felicidad efímera con más, siempre un poco más, es lo que empieza a hacer que tus posesiones terminen por poseerte, que en tí se instale un estilo de vida materialista -excesivamente centrado en los bienes materiales-, y que, actuando en concordancia con lo que este estilo de vida demanda de ti, continúes en una escala de insatisfacción sin parar. Es decir que tu mismo estilo de vida siempre te ubica en la posición de alguien deseante, o insatisfecho; infeliz. ¿Y quién elige por sí mismo una forma de vivir que lo hace infeliz? Por esto sostengo que el estilo de vida materialista te arruinará esa “felicidad”.

La investigación sobre el Bienestar Subjetivo, comúnmente conocida como felicidad o satisfacción, se ha convertido en un campo dinámico que atrae a muchos investigadores de una gran diversidad de disciplinas como psicología, economía, ciencias políticas, sociología y antropología. El Bienestar Subjetivo se trata de las apreciaciones y evaluaciones generales de las personas sobre sus propias vidas y sus experiencias emocionales y, por lo tanto, se relaciona con cómo las personas sienten y piensan sobre sus vidas. Es un término amplio que se divide en bienestar afectivo y cognitivo. El bienestar afectivo es la presencia de respuestas emocionales positivas y agradables (afecto positivo), como el disfrute o la gratitud, y la ausencia de respuestas emocionales negativas y desagradables (afecto negativo), como la ira o la preocupación, ante acontecimientos y circunstancias de la vida. El bienestar cognitivo consiste en los juicios cognitivos reflexivos de la vida en general (por ejemplo, satisfacción con la vida global), pero también de dominios de vida específicos, como la satisfacción laboral o con la salud. Por lo tanto, un individuo con alto Bienestar Subjetivo experimenta más afecto positivo, está relativamente satisfecho con la vida pues la evalúa como apropiada. Dada su naturaleza subjetiva, los elementos que contribuyen a la satisfacción con la vida y, de manera similar, qué eventos y circunstancias se evalúan como deseables, son determinados únicamente por el individuo, y por supuesto pueden ser maleables y cambian con el tiempo.

Un creciente cuerpo de evidencia también se enfoca en los resultados generalmente beneficiosos de un alto Bienestar Subjetivo en una variedad de actividades de la vida. Las personas con un BS alto parecen gozar de mejor salud y se benefician de una mayor longevidad. Además, mejora las relaciones sociales ya que el afecto positivo se relaciona positivamente con la calidad de la interacción social y hace que las personas se sientan más sociables. Un bienestar subjetivo alto también conduce a un comportamiento más prosocial ya que las personas son más cooperativas, muestran una mayor confianza. 

Entonces, ¿podemos seguir afirmando que el bienestar subjetivo dependerá del dinero y posesiones? si al tener un estilo de vida materialista siempre estoy insatisfecho, ¿puedo tener bienestar?. Pues bien, vemos que los individuos en las sociedades occidentales luchan por la felicidad tanto como luchan por la riqueza y las posesiones. Además, la gente tiende a creer que serían más felices si fueran más ricos y, por lo tanto, que el dinero puede comprar la felicidad. Sin embargo, un cuerpo sustancial de evidencia indica que el dinero o más bien tener riqueza, popularidad, y la apariencia física como elementos muy importantes, degradan el bienestar personal individual y la salud psicológica. De hecho, “los estudios documentan que unos fuertes valores materialistas están asociados con un debilitamiento generalizado del bienestar de las personas, -debido a la baja satisfacción con la vida y la felicidad-, con la depresión y la ansiedad, con problemas físicos como dolores de cabeza y trastornos de la personalidad, narcisismo y conducta antisocial”(Kasser, 2002). 

Además, los valores  materialistas también afectan negativamente la salud y la felicidad de muchos otros porque hay menos empatía e intimidad en las relaciones de personas con valores materialistas. Ellos incluso pueden conducir a más consecuencias destructivas para la comunidad en general cuando aquellos en el poder buscan objetivar a otros en su búsqueda de riqueza y estatus. Y por último aunque para nada el menos importante, los valores materialistas conducen a consecuencias destructivas para la Tierra, ya que aumentan nuestra vulnerabilidad a graves problemas sociales y ambientales al tiempo que perjudican la cooperación y los procesos de búsqueda de soluciones para trabajar contra estos problemas. Para un ejemplo pueden remitirse a Donald Trump.

Por esto vivir una vida con valores minimalistas o de Simplicidad Voluntaria, o “Downshifting” como es conocido en inglés, viene a ser una alternativa para encontrar una vida significativa con menos, muchos menos objetos, posesiones, ambiciones y obsesiones, pero muchísimo más valor, centrándonos en lo realmente importante. Así realmente aportamos a nuestro bienestar subjetivo y por tanto a nuestra salud mental. El minimalismo como un estilo de vida se trata de una «reevaluación de sus prioridades para que pueda deshacerse del exceso de cosas -las posesiones, las ideas, las relaciones y las actividades, que no aportan valor a tu vida » (Wright, 2010). Es un estilo de vida opuesto al materialismo, y por eso, para mí, es un estilo de vida de felicidad.

Por Emma Sánchez

@esmindful | @lluviadebosque

Publicado por Emma Sánchez

Mg. Psicología Clínica y Guía certificada de "Baños de Bosque" (Shinrin Yoku). Trabajo en construcción de resiliencia, autoestima y manejo emocional a través de la naturaleza, el arte, el mindfulness y el minimalismo emocional.

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