Cómo estar más presente en el presente

Habrás escuchado o repetido muchas veces la siguiente frase: “El ser humano es un animal de costumbre”. Al menos es un dicho muy popular en Colombia. Y es cierto. Nuestro cerebro crea canales de activación neuronal que están claramente reforzados por lo que hacemos una y otra vez diariamente. Y esto tiene un impacto inmenso en nuestras emociones y el modo cómo las afrontamos. Así que no es cualquier cosa revisar nuestras costumbres para echar luz sobre lo que puede estar determinando toda nuestra vida. 

En el inmenso inventario de las costumbres modernas -en el cual no planeo detenerme a profundidad- tenemos dos costumbres dentro de muchas que a mi me preocupan, pero que he decidido destacar en este artículo: la de hacer y la de estar conectados. 

Hacer más y mejor

El sistema social en el que vivimos nos ha diseñado, a partir de sus necesidades económicas, una “política de vida” en la que debemos hacer, hacer sin parar, hacer mucho y hacer mejor cada vez. Extrajo de la maravillosa diversidad y versatilidad del ser humano para actuar la versión extrema que llega hasta a hacernos sentir culpables si no estamos haciendo. Impuso en nuestras mentalidades una “necesidad” entre comillas de productividad como sinónimo de éxito, y felicidad. 

Estar Conectados

¿Conectados a qué? A todo, diría yo. A los otros, vía redes sociales, fotos, mensajes de chat, videos, mails y teléfonos inteligentes que nos traen el mundo a nuestros bolsillos y unas vitrinas de conexión con miles de personas, ideas, mensajes, publicidad imparable. Tanto es esto que ahora existe el “Síndrome de disponibilidad”, como la preocupación excesiva de estar disponible para los otros, y el llamado “FOMO” por sus siglas en inglés (Fear of Missing Out), que es básicamente el miedo a quedar excluido o perderte algo; un evento, una reunión de amigos, una conversación grupal o las tendencias de nuestras redes. Cualquier cosa que sea un sentimiento de estar “desconectados” de nuestros “aparatos de conexión”, es decir celulares, se siente desestabilizador para la salud mental. Tanto que te sientes incómodo si se te olvida el celular en casa, como si te faltara algo, empiezas a pensar: “¿Qué tal que me necesiten?”, o te sientes vulnerable: “¿Qué tal que yo necesite y tenga una emergencia?”

Pues bien, las costumbres de hacer sin pausa y estar conectados, ha tenido un enorme impacto ya innegable en nosotros, “seres de costumbres”. Al ser una costumbre más de las que podríamos llamar dañinas, es importante que iluminemos otra tendencia, que construyamos otras costumbres. 

NUEVAS COSTUMBRES

¿Qué tal introducir dos nuevas costumbres: hacer menos y más significativo; y estar conectados con nosotros mismos y el momento presente? ¿No sería magnífico estar más presente, gozar más cada contacto, cada desayuno, cada caminar pausado hacia la oficina, estar atento a cada sonrisa y cada mirada de nuestro interlocutor en una conversación?

Photo by Ketut Subiyanto on Pexels.com

Aquí les dejo algunas ideas que yo misma he intentado poner en práctica por un buen tiempo, y que por supuesto me han costado trabajo e ires y venires, pero que considero valiosas, para convertirnos en nuevos seres, más presentes y vivos en cada momento. 

  1. Practica entregarte completamente en cada acto. Esto tiene que ver con traer el mindfulness a tu vida, y es el intento de estar completamente presente en cada acto; si estás sentado en tu silla, estar completamente ahí, no con tu mente en otro lugar; si estas cepillándote los dientes o comiendo, estar completamente inmerso en esa actividad. Esta es una práctica que nos cuesta mucho trabajo pues implica precisamente dejar de estar disponible mentalmente para otras demandas e ir en la vía contraria de la costumbre que nos ha determinado, pero es increíblemente poderosa. Se siente empoderador y liberador el expresar todo tu ser en cada cosa que haces. 
  1. Haz consciencia de las demandas variadas de conexión y elige la esencial. Si no empiezas a intentar tomar el control de la ansiedad o estrés que experimentas ante las demandas de disponibilidad, productividad o conexión con una gran cantidad de personas, actividades y plataformas virtuales diariamente, siempre vas a estar “desconectado” de ti, de tus necesidades de autocuidado, o de los seres importantes a tu alrededor. Toda conexión con tu entorno y contigo necesita tiempo, así que tu debes ser el CEO de esa distribución de tiempo y energía. Toma el control y elige… ojalá lo que sea esencial y te lleve a una vida significativa. 
  1. Toma consciencia de la divinidad y dignidad de las personas con las que interactúas en cada momento. Cuando me refiero a divinidad, sea la que sea tu filiación religiosa o incluso si no la tienes, hago referencia a reconocer el regalo misterioso pero muy especial de ser seres humanos en este tiempo y espacio. Darte un momento para reconocer lo valioso de cada ser humano, te ayuda a entrenarte en otra costumbre más que necesaria: encontrar la belleza en todo. Y llevar esta consciencia puesta en tu cabeza cada vez que hablas con alguien, lo cual te hace sentir más vivo.
  1. Observa tu necesidad de aislamiento y desconexión. Empieza por reconocer que todos las tenemos. Si haces consciencia o mindfulness de tus sensaciones corporales, podrás identificar esa pesadez que sientes al ver el número de notificaciones de Whatsapp, o de correos sin leer, o al observar tu agenda del día. Así que escucha tu cuerpo y haz consciencia de que eres merecedor(a) de autocuidado, de tiempo para ti, de silencio mental o físico, de pausa, de ir a tu ritmo. Acostúmbrate a respetarte. Otra para la lista de costumbres a reforzar!
  1. Permítete expresar tus emociones de forma física o creativa. Lamentablemente llegamos a una costumbre bastante nociva que la tradición social nos ha impuesto; no permitirnos expresar nuestras emociones. Sentimos temor de nuestras emociones y lo que la expresión de éstas puede causar en los demás. Así pasamos por la vida acumulando una cantidad abrumadora de emociones sin darle una salida. Utilizar el cuerpo o la creatividad es una herramienta muy poderosa para darle un lugar a nuestro sentir y a nuestras necesidades. Puede ser que descargues la rabia con un saco de boxeo o una carta que nunca entregues, pero que al escribirla te ayude a aclarar lo que de verdad quieres y necesitas decir verbalmente. O puede ser que al darte tiempo para la expresión artística logres entender símbolos y conexiones importantes entre tus emociones y sentimientos, ayudándote a ti mismo(a) a sanar.  
  1. Abre tu corazón. No nos neguemos que pasamos los días con los corazones cerrados, llenos de quejas, críticas, pensamientos negativos, muy concentrados solo en nosotros y nuestras situaciones de vida. Así interactuamos con los demás sin curiosidad por sus realidades y sufrimientos. Abramos el corazón y de esta manera también empezaremos a valorar el estar presente para otros y a cultivar reciprocidad en nuestras interacciones. 

Todas estas son prácticas de consciencia e intención que puedes intentar una a la vez, para irlas convirtiendo en nuevas costumbres y hábitos que cambien tu vida. Y creo que después de un tiempo experimentarás esa sensación de estar más vivo en cada momento de tu día.

Publicado por Emma Sánchez

Mg. Psicología Clínica y Guía certificada de "Baños de Bosque" (Shinrin Yoku). Trabajo en construcción de resiliencia, autoestima y manejo emocional a través de la naturaleza, el arte, el mindfulness y el minimalismo emocional.

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