Seamos imperfectos sinvergüenzas

Es la naturaleza humana querer sentirnos valiosos, dignos de amor y pertenecientes a un vínculo importante con otros. Cuando nos sentimos avergonzados de nosotros mismos, nos desconectamos y desesperamos por el sentimiento de valía y las muestras de ésta que queremos encontrar en los demás. Esta dependencia afectiva que se va generando alimenta aún más la necesidad de ser suficiente para los demás, de ganarnos el amor de otros y ser buenos para ellos. Así se echa a andar el círculo de autocrítica, necesidad de esfuerzo o perfección, y miedo al error o el juicio ajeno. Trayendo más vergüenza a nuestras vidas.  

Imperfect hand writing sign on blackboard

Brené Brown, investigadora social, lleva más de una década investigando la experiencia de la vergënza en las personas. Ella nos dice: “La vergüenza es básicamente el miedo de no ser amado; es lo totalmente opuesto a adueñarte de tu historia y sentirte valioso. De hecho, la definición de vergüenza que he desarrollado a partir de mi investigación es: La vergüenza es el sentimiento intensamente doloroso, o la experiencia de creer que somos defectuosos, y por tanto, indignos de amor y pertenencia(Brené Brown, The gifts of imperfection)

Así ha propuesto un concepto que sería “la resiliencia de la vergüenza”, la cual significa esa capacidad para reconocer la vergüenza, moverse hacia ella constructivamente mientras se mantiene la autenticidad y la valoración propias, y para finalmente desarrollar mayor coraje, compasión y conexión como un resultado de nuestra experiencia. 

La vergüenza es el sentimiento intensamente doloroso, o la experiencia de creer que somos defectuosos, y por tanto, indignos de amor y pertenencia”

Brené Brown, The Gifts of Imperfection

“La primera cosa que necesitamos entender acerca de la resiliencia de la vergüenza es que entre menos hablemos acerca de la vergüenza, más la tendremos”, nos explica. Y es que el camino para salir de este sentimiento esclavizante y angustiante que miles y miles de personas sostienen con ellos mismos día tras día, como cargando el mundo a sus espaldas, es el de sacar a la luz nuestra vulnerabilidad. Me gusta imaginar la vergüenza como un monstruo que le tiene miedo a la luz, a la vista pública, al ojo ajeno que se cierne sobre él al estar afuera, en la calle con otros, así que se esconde en el closet, en el sótano de nuestras emociones. Nos enviamos al rincón de la vergüenza y desde ahí creemos que mantendremos el control, para que el otro no se entere de nuestros defectos e imperfecciones, para no quedar en ridículo, para evitar la posibilidad de rechazo y desamor. Pero en esa oscuridad el monstruo se alimenta de galletas ocultas y se crece, se crece al punto de ya no caber más el agujero, y más nos asusta que lo descubran pronto, así que más intentamos por todos los medios mantenerlo a raya, hasta el desgaste emocional, hasta la depresión incluso. 

La vergüenza -nos lo enseña Brené Brown- necesita tres cosas para crecer fuera de control: 

  • El secreto
  • El silencio
  • El juicio

Las tres galletas del monstruo, las que le damos todos los días en su closet de nuestros tormentos. El monstruo ya no es solo un sentimiento de culpa, o una leve consciencia crítica sobre algo a mejorar de mi mismo, no, él ya no me dice: “hiciste algo mal, cometiste un error”, él ahora me grita: “eres mala”. Y esos gritos ya no se van de mi mente. 

La verdad es que la vergüenza nos consume al mantenerla en silencio, necesitamos compartir nuestra experiencia. Si hemos encontrado a alguien que se ganó el derecho a escuchar nuestra historia, necesitamos decirla, narrarla. Así, el monstruo de la vergüenza pierde poder, sale a la luz sin miedo, -o con miedo- pero lo halamos hacia afuera. Único lugar donde lo dejaremos mirar a su alrededor y dignificar su derecho a ser. Brené nos dice: “Necesitamos cultivar nuestra historia para salir de la vergüenza, y necesitamos desarrollar la resiliencia de la vergüenza para cultivar nuestra historia”.

Brené concluye de sus investigaciones que las personas con esta resiliencia comparten estos cuatro elementos:

  1. Entienden la vergüenza y reconocen qué mensajes y expectativas disparan la vergüenza en ellos.
  2. Practican una crítica consciente por medio del chequeo de los mensajes y expectativas de la realidad, que nos dicen que ser imperfecto significa ser inadecuado
  3. Analizan y comparten sus historias con personas en quienes confían.
  4. Hablan de su vergüenza -¡usan la palabra vergüenza!-, hablan acerca de cómo se sienten, y se preguntan por lo que necesitan.

Según la Dr. Linda Hartling, para lidiar con la vergüenza, algunos de nosotros se mueven hacia atrás, retirándose, escondiéndonos o silenciándonos a nosotros mismos, y guardando secretos. Otros se mueven hacia adelante buscando agradar y complacer. Y otros se mueven en contra tratando de ganar poder sobre otros, siendo agresivos o usando la vergüenza para pelear la vergüenza. Todos podemos usar estos en diferentes momentos y por diferentes razones. Todas estas estrategias nos alejan de nuestra historia; la verdadera, la completa, la que tiene subidas y bajadas, aciertos y errores. La comprensión plena del personaje que somos en nuestra aventura personal. 

La vergüenza es acerca del miedo, culpa y desconexión, y esa historia también viene ligada a nuestra educación. Nada más observemos que en el lenguaje popular hay una expresión despreciativa hacia “los sinvergüenzas”, como aquellos que no sienten pena y culpa por sus actos. Se nos educa haciéndonos sentir -no solo que nos equivocamos- sino que somos malos por equivocarnos y nos debemos sentir mal de quienes somos. 

Pero restituyamos una historia completa. La historia de nuestras vidas también es acerca de valía, y para hacerle justicia nos requiere abrazar las imperfecciones, lo que nos trae coraje, compasión y conexión -con otros y con nosotros-. “Si queremos vivir plenamente, sin el constante miedo de no ser suficientes, tenemos que adueñarnos de nuestra propia historia” -Brené Brown. 

Así que te propongo que seamos imperfectos sinvergüenzas, que reconozcamos el valor de nuestras imperfecciones, y nos apoyemos para que podamos reaccionar a ellas con intención. Que tengamos el supuesto descaro de reconocernos completos, y seamos libres, en una sociedad llena de ojos que atemorizan y monstruos en el rincón.


Si quieres seguir trabajando en el proceso de superar tu autocrítica, te dejo este video con algunas de mis reflexiones sobre el tema en mi canal de youtube

Por Emma Sánchez – Psicóloga Clínica y Guía de Shinrin-Yoku (terapia de bosque) –@esmindful & @lluviadebosque

Publicado por Emma Sánchez

Mg. Psicología Clínica y Guía certificada de "Baños de Bosque" (Shinrin Yoku). Trabajo en construcción de resiliencia, autoestima y manejo emocional a través de la naturaleza, el arte, el mindfulness y el minimalismo emocional.

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