No te escondas de los duelos. Afróntalos con 8 apoyos emocionales

Hacemos procesos de duelo constantemente en nuestras vidas. No solo cuando un ser querido fallece estamos experimentando un duelo, también cuando terminamos una relación, cambiamos de ciudad o país, o de etapa de vida. El duelo es un proceso curativo y de crecimiento. No te escondas de los duelos que debes hacer porque así será más difícil que crezcas en tu proceso de maduración.

El duelo es un proceso normal de dolor, aceptación y adaptación ante una pérdida significativa. No es una situación “anormal”, y aunque en muchas ocasiones se vive desconsoladamente o con mucha angustia, el duelo en realidad sana, está curando y limpiando aspectos de tu mundo interno que al fortalecerse te ayudarán a seguir adelante.

¿Por qué es tan difícil el duelo?

Puede darse por una pérdida, cambio o desapego impuesto desde el mundo externo, como una muerte, una enfermedad, una distancia de un ser amado que no fue producto de mi decisión. Y este tipo de duelo comporta una frustración mucho más fuerte, pues algo que deseas no se da, o alguien en quien tenías puestos muchos afectos ya no está. Has vivido una ruptura violenta y se siente como si perdieras tu piso, tu norte, no entiendes la situación, o no sabes cómo continuar.

Por otra parte, también está el duelo que puede sobrevenir de una decisión tuya, como el que viven personas que deciden emigrar de su país, pero aun así se encuentran a veces tristes, nostálgicos y angustiados por este desarraigo. Aunque lo hayan decidido, o sea un ciclo nuevo de la vida, se requiere un proceso de despedida del estado anterior, una reconfiguración de la anterior identidad construida, una pregunta sobre ¿quién voy a ser ahora?,¿qué me espera?

En todo caso, el duelo implica una despedida, enfrentar un vacío, decir adiós, avanzar sin una presencia en tu vida. Nos reta a comprender la impermanencia de todas las situaciones, relaciones y personas que nos rodean. Y esto va en contravía natural con lo que deseamos. Cuando amamos algo, o tenemos una situación que nos es familiar, es también normal que queramos que permanezca en el tiempo, pues nos provee seguridad emocional, estabilidad, confianza. Algunas personas cuentan con más herramientas emocionales para vivir las pérdidas, mientras que otras sienten a veces por muchos años que no olvidan con facilidad o no superan el dolor.

Implica una despedida, enfrentar un vacío, decir adiós, avanzar sin una presencia en tu vida. Nos reta a comprender la impermanencia de todas las situaciones, relaciones y personas que nos rodean

Por esto, crear el aprendizaje para vivir tus duelos personales, sean los que sean, del modo más compasivo contigo mismo, más sano posible para tu crecimiento, es muy importante. Si de verdad quieres aprender a vivir mejores duelos y procesos, debes preguntarte

– ¿Qué ha hecho en tu historia de vida que sea tan doloroso para ti el desprendimiento?

– ¿Qué ideas tienes con respecto a los cambios y las despedidas?

– ¿Cómo afrontaban los cambios y los duelos los miembros de tu familia?

– ¿Cómo alimentas tu mismo la nostalgia o el “exceso de pasado”?

– Si identificas un apego tal vez no muy sano, pregúntate ¿de qué te enganchaste con esa situación o persona?

Esto tal vez te ayude a tener más claridad sobre ti. Como si fueras un investigador un poco externo, escribe estas preguntas y registra lo que llegue a tu mente sin filtrarlo. Hacer un poco de Escritura Expresiva, solo dejando fluir las emociones en un journal, te va a ayudar a ir teniendo una perspectiva sobre las características particulares de este proceso emocional en ti.

Proceso del duelo

Habrás escuchado ya las famosas etapas del duelo. Pues bien, vengo a decirte que aquellas etapas (negación, ira, negociación, depresión y aceptación) fueron establecidas por Elisabeth Kübler-Ross investigando el proceso de ajuste emocional de personas con una enfermedad terminal, y extendiendo luego esta idea como un proceso de transición que también puede vivir alguien ante una pérdida importante. Yo pude confirmar -cuando trabajé años con pacientes con Insuficiencia Renal Crónica, Diabetes, y Trasplante renal-, que estas etapas se viven, pero también que cada persona puede vivirlas de diferentes maneras, en diferentes duraciones y hasta en desorden. Entonces me parece importante que si bien comprendas que es un curso o tránsito hacia la curación en donde te vas a sentir de diferentes formas, también quiero invitarte a vivir tus duelos sin presiones externas sobre cómo es “normal” o “no-normal” experimentarlo.

Lo que vas a vivir es un proceso de adaptación -no una enfermedad-, puede que estés triste más no eres «depresivo», que estés angustiado y eso no te hace «ansioso», que necesites apoyo más de lo normal y eso no te convierte en un «dependiente».

Trata tu proceso con la comprensión de que el dolor sana un poco más con cada día que te des más apoyo a ti mismx. Ayúdate con autocompasión, sin crítica ni presiones de tiempo o escapes para evitar sentir el dolor. Quédate más en ti y menos en el afuera, y así, como si guardaras reposo de un virus, haciendo algunos actos de autoayuda cada día, irás sanando y saldrás de nuevo a tu vida con un sistema inmune emocional más fortalecido.

Para tener un buen duelo necesitas darte todo tu apoyo:

1. Descubriendo tu forma particular de vivirlo y respetándola: Que no importe tanto cómo dicen los demás que debes vivirla. No siempre tendrás que “ser fuerte”, o irte de fiesta, o tirarte a llorar sin comer. Tu encontrarás cada día la forma en que puedas irlo viviendo.

2. Recordando todas las veces que ya te has salvado antes (escribe la lista): Recuerda todas las ocasiones donde has sufrido, cuando pensaste que no ibas a resistir más dolor. ¿Qué pasó luego?, ¿Qué hiciste, qué te sirvió?, ¿Cómo fuiste tú mejor salvador(a)? Y si no lo fuiste en el pasado, entonces pregúntate ¿qué sería más sano para ti hacer ahora diferente?

3. Permitiendo que te duela sin temor al dolor (él pasará, tu quedarás): No le temas, del dolor emocional muchos podemos salir. Confía y siéntelo. Es tu sistema nervioso y emocional mostrándote que hay aspectos de ti que curar y atender. Abrázalos.

4. Estableciendo límites claros con los demás: Permítete buscar ayuda solo cuando la necesites, o también estar en soledad sin culpa. A veces los demás quieren ayudarnos con su presencia, pero nos llenan de muchas conversaciones u opiniones. Sin embargo, tampoco te aísles completamente. Elige de tus cercanos a quién sientas que te apoya mejor, e incluso explícale claramente lo que te serviría en este momento.

5. Permitiéndote progresivamente imaginar una vida sin lo que pierdes: A veces da culpa imaginarse una vida sin lo que pierdo, en especial cuando ha habido una muerte, o cuando alguien decide emigrar dejando a su familia atrás. A veces también en el apego del amor, creemos que no podríamos tener una vida feliz con nadie más como la tuvimos con esa persona. Esas ideas provienen muchas veces de aspectos infantiles sin resolver, de apegos inseguros, y de poca autoconfianza. Poco a poco, hacer el ejercicio de imaginar algo diferente, algunas nuevas posibilidades, puede ir abriendo un poco tu mente hacia la aceptación.

6. Agradeciendo por lo que tuviste y reconociendo lo que trajo a tu vida: Agradecer es un acto salvador. Es potente el efecto emocional que puede tener en nosotros, tomarnos unos minutos de agradecimiento, de sonrisa interna y profunda hacia lo que me trajo la vida con cada experiencia. Inténtalo diariamente, y vuelve también la mirada hacia el presente, a lo que está, esto te ayudará a tomar una mejor perspectiva de la continua evolución de la vida.

7. Sacando poco a poco los objetos sentimentales (o cortando contacto si es un duelo de relación): Hay que sacar, “eliminar para iluminar” como dicen por ahí, y este proceso va a movilizar emociones, así que debes hacerlo con autocompasión, con mindfulness, con presencia en tus emociones, llorar, sentirlas, ir poco a poco y al final, ir dejando objetos y elementos del recuerdo en lugares de más difícil acceso para ti. Vendrá el lugar vacío –real o virtual, o emocional-, pero ver el vacío, es al menos dirigir intencionalmente tu atención hacia otro lugar.

8. Practicando ejercicios de respiración, meditación o un nuevo hobbie relajante: Y esto me lleva a la última, que en realidad tiene que estar presente en todas las anteriores. Respirar y hacer momentos de mindfulness, es la dosis perfecta de sanación que puedes darte. Cuando sientas el dolor, ubícalo en el cuerpo, intenta cerrar los ojos, inhalar enviando aire hacia esa zona, y exhalar imaginando que el aire sale expelido desde ahí. Toma breaks de respiración constantemente, observa que tu exhalación sea más larga que la inhalación, y si te es difícil calmar un poco el mar de pensamientos, concéntrate en el conteo de los ciclos de tu respiración. El dolor lo vas a sentir, pero si le das unos minutos, también vas a sentir cómo se aliviana. ¡Y esto te muestra el camino!. Adicionalmente, intenta un hobbie nuevo, o una actividad que ponga tu mente un poco en calma o te relaje.

Recuerda que debes tenerte paciencia, no todos sanamos al mismo ritmo y para algunos el camino es más difícil. No te enojes contigo, compréndete, pero date un voto de fe de que sobrevivirás, y construirás una nueva vida después de tu pérdida.

Si necesitas ayuda en este proceso, puedes escribirme al mail emmasanchez@gmail.com y pedir información sobre mi psicoterapia online.

Por aquí te dejo la imagen a manera de un buen recordatorio para ti o para compartir con tus seres cercanos.

Publicado por Emma Sánchez

Mg. Psicología Clínica y Guía certificada de "Baños de Bosque" (Shinrin Yoku). Trabajo en construcción de resiliencia, autoestima y manejo emocional a través de la naturaleza, el arte, el mindfulness y el minimalismo emocional.

Deja un comentario

A %d blogueros les gusta esto: