Los 3 estados que encuentro en mi viaje de Mindfulness

¿Por qué lo hago? ¿Qué placer encuentro cada mañana (o casi cada mañana) sentándome en un cojín (o en mi sofá), enderezar la espalda, cruzar las piernas, cerrar los ojos y respirar ? Para muchos la meditación es un acto esforzado y difícil, para mí el lugar donde encuentro uno de los mayores placeres de mi día a día: la calma sin esfuerzo.

Hoy encuentro que solo quiero referirme a lo que experimento al meditar. Siento que muchos otros han explicado los beneficios físicos, mentales y emocionales de meditar, pero lo que encuentro interesante es compartir con ustedes mi experiencia, mi sentir cuando vivo esta práctica. La primera palabra que viene a mí es Liberación. La segunda, Aceptación. La tercera, Protección. Cada una llegó a mi después de unos minutos de mindfulness frente a esta pantalla en la que escribo.

Voy a referirme a cada una:

LIBERACIÓN: Sé que has sentido la sensación de llegar muy atareado(a) al aeropuerto, cargando o arrastrando maletas, hasta que puedes ponerlas en el counter, hacer tu check-in y dejar que la banda se las lleve hasta el avión, al que te subirás sin peso. Cuando practico mindfulness y llego con mi equipaje, algunos pensamientos desordenados, la respiración agitada o superficial, emociones punzantes… me doy cuenta que al permitirme concentrarme (o anclarme) en la sensación del aire que entra y sale de mi cuerpo, se va sintiendo lentamente como si entregara maletines uno por uno, a alguien que se los lleva. Después de un momento mi espalda está más erguida, mis hombros tienen menos sensación de pesadez, mi cavidad abdominal recibe más aire sin esfuerzo, mi pecho no se siente forzado, mi boca se relaja, nada obstruye la garganta y así ocurre que mi mente también empieza a relajarse, aún deambula por pensamientos que vienen pero poco a poco (atención a los impacientes!) estos pensamientos van durando menos tiempo, y así se van sintiendo más como brisas que rozan mi rostro, y no como pesadas maletas sobre los hombros.

ACEPTACIÓN: Una vez los pensamientos se aligeran (no es que me quede en blanco, solo que pasan como brisas que luego se pueden convertir casi en imperceptibles), ocurre en mi una aceptación natural. Es normal si lo piensas en cuando dejas tus maletas en el counter, de pronto puede que caigas en cuenta que dejaste en ellas algo que crees que vas a necesitar, pero te toca dejarlo ir, ya ni modo, ya están camino al avión. Esto me pasa cuando practico mindfulness, estoy atendiendo plenamente a mi ser interno, me he ido dejando llevar por el vaivén de la respiración, he aligerado y por tanto puedo aceptar más fácilmente, incluso los mismos pensamientos que tal vez quieran volver persistentes, puedo aceptar fácilmente que ellos creen que vienen a mí para traerme un mensaje importante de alarma o de preocupación, o de anticipación, pero que yo puedo mirarlos y posponerlos. Al fin y al cabo me voy a subir al avión!

PROTECCIÓN: Esta fue la palabra que más me sorprendió cuando hice un momento de mindfulness frente a este computador antes de empezar a escribir. Me sorprendió gratamente que me sienta protegida hoy en día al entrar en la atención plena de mi cuerpo y mi ser. ¿Cómo te sientes cuando te subes al avión? Muchos sienten ansiedad, su vida queda a merced de la maestría del piloto y el buen cuidado que haya tenido del avión la aerolínea. Demasiadas variables sin control! ¿No es la misma ansiedad y estrés con la que viven? Intentando controlar, como si se sentaran a pujar en la silla del avión para lograr que éste ande como debe hacerlo. Y no pasa. Toca confiar, otro sabrá lo que hace y afortunadamente muchos terminamos aceptando esa realidad y por eso podemos atravesar el atlántico diez horas durmiendo en el camino. Sentir que estoy a salvo, protegida en mi práctica de mindfulness me da mucha alegría. Cuando estoy en el mundo de mi “monkey mind”, de mis pensamientos sin pausa, de mis lógicas irracionales, de mis emociones surgidas desde el miedo, la culpa o la vergüenza, no me siento a salvo, no me siento cómoda, casi que no soy yo. Cuando medito y entro en la calma de la aceptación, paso a la dicha de la protección, mi seguridad -que es de las necesidades emocionales más importantes que tenemos los seres humanos-, se ve satisfecha y plena, en el simple ejercicio de no retener el aire, los pensamientos, las preocupaciones, y simplemente darme sustento corporal a mi misma. Soy mi piloto, mi avión, mi pasajera y hasta mi propio cielo. Esta es mi última protección: me tengo, aquí y ahora, en este aire que entra y este que sale me tengo a mí. Abro las alas y vuelo. “Soy sólida y soy libre”, como diría Thich Nhat Hanh.

Estos son mis encuentros en la meditación, mi ser se encuentra en la liberación, la aceptación y la protección. Es mi medicina, por esto me la regalo continuamente, una vitamina gratis, un viaje que puede ser placentero mientras que en el que estás atrapado por tu mente se te hace tan incómodo. Por esto quiero seguirla compartiendo al mundo. Coméntame cómo es tu viaje en la experiencia de la meditación, y acompañémonos juntos.

Gracias por leerme,

Emma Sánchez

Publicado por Emma Sánchez

Mg. Psicología Clínica y Guía certificada de "Baños de Bosque" (Shinrin Yoku). Trabajo en construcción de resiliencia, autoestima y manejo emocional a través de la naturaleza, el arte, el mindfulness y el minimalismo emocional.

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