La dificultad de la Autocompasión y el problema de la Autoestima

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La Autocompasión es un concepto que encuentro crucial hoy en día para nuestra salud emocional. Está relacionado con nuestra capacidad para querernos, acogernos y darnos soporte a nosotros mismos y apoyarnos, sea que hagamos las cosas bien o mal, que nos equivoquemos o nos duela sentir lo que sentimos. ¿Parece una posición muy difícil de asumir, cierto? Pero eso no es lo más complejo, sino que parece una posición que no “deberíamos” asumir, puesto que va en contravía con lo que creemos que nos ayudará a mejorar, o a corregirnos; la autocrítica, autoevaluación o juicio de nuestras fortalezas y debilidades. Incluso, en nuestro uso común del lenguaje confundimos autocompasión con autocompadecerse, noción que está más relacionada con la autovictimización, o el ser condescendiente con nuestros errores sin esforzarnos al cambio.

Leyendo sobre Autocompasión a autores que han relacionado las ideas budistas u orientales con la psicología, me permito utilizar otra palabra que tal vez aclara un poco más el tema al menos al nivel del lenguaje. Debido a nuestra tradición cristiana, la compasión tiene un tinte frecuente de otra palabra que es la “lástima” o “pesar”. Nos compadecemos del pobre, el afligido o el enfermo. Y a nadie le gusta sentir -o que sientan- lástima de sí mismo. Podemos sumar a esto que vivimos en una sociedad que valora altamente la fortaleza, y ésta sí muy mal entendida, como la negación de las vulnerabilidades y emociones. Por tanto, creo que la palabra asociada aquí podría ser la de “benevolencia”.

¿AUTOCOMPASIÓN = AUTOBENEVOLENCIA?

Para Tim Desmond, autor y discípulo del monje Tich Naht Hanh, la autocompasión se trata de ir “celebrando y disfrutando de ti mismo cuando la vida está yendo bien, así como ser amable y perdonarte a tí mismo cuando la vida está siendo dura”. Por esto, cuando pienso en la benevolencia lo considero porque ésta implica una actitud benévola, es decir de “no daño” y afecto, de indulgencia, apoyo y tolerancia hacia alguien, en este caso, tu mismo.

Y Tim Desmond completa: “autocompasión es el reconocimiento de que no importa lo que esté pasando en nuestras vidas, nosotros somos dignos de amor”. Pero ¿cómo? si me han dicho que yo soy el responsable de mi vida, y además he crecido educado por una sociedad que castiga el error hasta con humillación pública. No puedo sentirme orgulloso, ni benévolo ni tolerante con mis errores o fracasos porque con ellos no suelo ser amado. El problema es que hemos crecido en una sociedad anti-autocompasiva.

La compasión no es algo que tenemos que ganarnos, pero el problema es que creemos que el amor sí. Si lo analizas, la forma como se nos ha enseñado sobre el amor viene a ser central en este problema de aprender a tratarnos amablemente. Usualmente de pequeños nos dijeron que nos iban a querer más o a admirar más si nos “portabamos bien”, o éramos “buenos”. Si nos portabamos “mal” tendríamos que pedir disculpas, y eso está bien hasta cierto punto, pero muchas veces en medio de la desesperación los padres generan una sensación en sus hijos de que les están retirando el afecto por lo mal que se portaron, “estoy muy molesto contigo y ya no te quiero” incluso llegan a decir algunos, no pocos. Es una medida desesperada para hacer que un niño “se comporte”, ¿como adulto? Si, lamentablemente nos es difícil la crianza de los chicos porque estamos esperando que analicen las consecuencias de sus actos como adultos. Si nosotros mismos no somos capaces de hacerlo bien, ¿qué nos hace pensar que un niño sí?. Pero por otro lado, también se nos ha dicho que se nos amará y respetará si somos “mejores”, en la escuela nos califican con una escala, los trofeos se los llevan los número 1, así que entro en la dinámica de la competencia para sentirme reconocido. La profesora me califica con rojo el error, y mis compañeros se burlan de él, y en casa me miran con bastante desaprobación por no interesarme por las matemáticas. Aprender se vuelve tensionante, y aceptarme a mí mismo en ese proceso, que de por sí es difícil, se vuelve una tortura porque internamente me estoy exigiendo como la sociedad me está exigiendo. Puede que para mejorar y aprender tenga que esforzarme, ¿pero no han pensado que ponemos resistencia a lo que nos presiona demasiado? Aprender y ser mejor en esta sociedad ya se ha vuelto traumático. Ese esfuerzo desde el temor de ser “el último en la cola”, y no desde el deseo de simplemente aprender, es el que empieza a generar la autocrítica como el mecanismo interno por el que creo que voy a “mejorar”, a llegar al estándar deseado. Y esto marca nuestro sentido de autoconcepto y amor propio.

Es decir que planteo que nuestros problemas con la compasión y la autocompasión vienen de crianza y de la sociedad en la que vivimos. Nos pasamos la infancia pidiendo disculpas sin sentirnos arrepentidos, y además muchas veces asustados por el enojo de los adultos y sus consecuencias sobre nosotros. Yo aún no creo que me haya sentido arrepentida por ese cable del teléfono (teléfono fijo antiguo de mi casa) que corté para poder usar el auricular como un inalámbrico, que fue un walkie talkie muy importante en la misión de espionaje que estaba teniendo con mi primo a los 7 años. Era muy importante tener un inalámbrico y se me ocurrió en la época en que aún no había visto el primero real en mi vida; eran los principios de los 80s en una casa de clase media colombiana. Si lo analizo bien, ¡fue una genialidad!

AUTOCOMPASIÓN VS. AUTOESTIMA

Ahora bien, ustedes podrían pensar que la Autocompasión es igual entonces a la Autoestima, sin embargo esto no es del todo acertado. Todos sabemos que la baja autoestima es algo negativo que genera muchos problemas de salud emocional y mental. Pero no todos saben que la alta autoestima también puede ser un problema. La Autoestima es el conjunto de percepciones, ideas y sentimientos que tienes hacia tí que te hacen dar una valoración positiva o negativa de tí mismo. Por ejemplo si crees que tu eres una “buena persona”, te vas a identificar con tus fortalezas, con lo que sea que esa idea de “buena persona” representa para tí. Sin embargo, también se ha visto que creer que somos muy buenos está fuertemente relacionado con sentirnos mejor que otras personas. Esto sería una autoestima agrandada que proviene aún de una pobre valoración de sí mismo y la necesidad de competencia con el otro (declarada o velada) para reafirmar mi juicio positivo. Como siento que necesito ser bueno para ser valorado, pues no voy a querer que las personas vean mis flaquezas o vulnerabilidades.

La Autocompasión en cambio no tiene que ver necesariamente con una valoración positiva que sigue poniéndose en juego en el plano de la dualidad positivo/negativo, sino que aquí ni siquiera importa si eres mejor, peor o igual a todos los demás. La autocompasión sólo significa relacionarse contigo mismo con amabilidad y en actitud de perdón sea lo que sea que pase. Es decir, no necesitamos ser perfectos para ser amados. Con autocompasión eres consciente que eres capaz de hacer grandes cosas, igual que cualquiera. Reconoces que tu tienes fortalezas y debilidades, y puedes desarrollar nuevas fortalezas si lo deseas. No necesitas ser fuerte en cada cosa para ser amado, sino que parte de amarte a tí mismo es ver de lo que eres capaz.

“Cuando tienes autocompasión no necesitas cambiar, pero te gusta crecer” (Tim Desmond)

Por esto es muy importante poder entrenar esta habilidad para la que no siempre hemos sido educados y solo lo logramos con consciencia y paciencia autocompasiva, apoyándonos benevoléntemente en el proceso. La autocompasión nos permite tomar un buen cuidado de nosotros mismos cuando nos enfrentamos con las dificultades inevitables de la vida. Es decir, sin culpa. Es un reto difícil de asumir, pero el necesario para superar los problemas de la autoestima y el amor propio.

Por Emma Sánchez

Publicado por Emma Sánchez

Mg. Psicología Clínica y Guía certificada de "Baños de Bosque" (Shinrin Yoku). Trabajo en construcción de resiliencia, autoestima y manejo emocional a través de la naturaleza, el arte, el mindfulness y el minimalismo emocional.

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