“Los Necesitados”… de amor

Últimamente escucho mucho la palabra “necesitada”, “necesitado”. La escucho en términos peyorativos. La escucho en mujeres y en hombres jóvenes. La escucho en tono de burla. La escucho con el fin de agrupar en esa categoría a un pedazo de la población soltera. La escucho atada a la frase “qué pena ser…”, “no quiero ser…”. Pero lo más preocupante: la escucho vinculada al concepto de amor.

Para darles un poco de contexto les diré que para la mayoría de los jóvenes universitarios que atiendo, la idea de “necesitar amor” es una vergüenza peor que la de orinarse en los pantalones. Inmediatamente entras en una categoría terrible que se llama “necesitado” y andar con ese letrero en la cabeza te hace estar en el ojo del huracán de los comentarios de los demás. Es algo que debe evitarse a toda costa. ¿A qué costo? Al de no llegar a mencionar, aceptar, insinuar, o actuar de algún modo que pueda dar pie a que los demás piensen que yo “necesito amor”, incluso al costo de no reconocerlo ante mi mismo, o de sentirme avergonzado si lo acepto en una conversación confidencial con la psicóloga, y ni qué decir de una charla entre amigos.

“¿Y por qué esto es un costo preocupante?” podrían pensar ustedes. Pues bien, lo preocupante no es solo que una persona se sienta vulnerable al admitir que tiene una necesidad, humana además; sería ideal que no, pero vale, podemos entenderlo, no es fácil. Pero lo que me parece tan preocupante es que se trate del amor y de relacionarse con otro para construir un vínculo amoroso. Esto porque el amor es la más importante de las necesidades humanas. Y si se convierte en moda avergonzarse y atemorizarse de la necesidad más vital que tenemos, ¿qué nos queda como humanos?

Ya lo sé, me van a decir que la libertad, por la cual nos hemos abanderado todos en una lucha incansable contra todo lo que parezca dependencia. Ya sé que las mujeres teníamos que luchar, ya sé que tenemos que cambiar el paradigma tan romántico y hasta nocivo del amor de “sin ti no puedo vivir”, pero siempre volveré a insistir sobre este punto en todos los aspectos sociales en que lo encuentro, ¿por qué diablos para que los humanos rompamos con un paradigma tenemos que pasarnos para el extremo opuesto?. Ahora es una moda ser soltero, y es una moda que debe gustarte como hasta hace poco toda mujer creía que debía usar tacones o lucir maquillaje porque sino perdía su potencial femenino o algo así. El tema de querer una relación se convierte en automático sinónimo de “personalidad dependiente”, de soltera desesperada, o de mujer influida aún por la ideología patriarcal y los micromachismos. Hasta las amigas posmodernas saltarán rápidamente a una falacia lógica concluyendo que entonces no disfrutas de tu soledad, de tu vida, de tus amistades, de tu ser mujer moderna e independiente. Pero el tema es este: la gente cree que puede permitirse decir que no necesita el amor porque no sabe absolutamente nada de lo que es ser persona que habla y piensa, se relaciona, funciona y sueña en el mundo. Y no crean que desconozco que el amor no es solo el amor de pareja, (lo he dicho aquí muchas veces) pero aún así, el amor romántico también constituye parte de ese amor tan importante en el ser humano.

Déjenme explicarlo mejor. No hay manera de que el ser humano hubiera evolucionado en esta especie extraña y a veces insípida que es hoy en día sin la presencia del amor, no solo de la atracción de los sexos, sino de todo lo que de ahí para adelante constituye el relacionamiento amoroso; la elección de pareja, la creación de un vínculo desde la compañía, la colaboración entre sexos, la priorización del espacio del amor pasional y romántico. Desde que naces necesitas el amor más que la leche materna. No serías sujeto, no hubieras desarrollado capacidades cognitivas, emocionales y humanas si no hubieras recibido el influjo de un vínculo amoroso. Y no importa cuánto te llenés de amigos, el ser humano, desde que tumbó la idea del matrimonio por conveniencia económica y le dio lugar al matrimonio por sentimientos de amor, hizo un viraje muy importante hacia la permanencia del relacionamiento con el otro en tanto diferente pero válido, para ser compañero y complemento. Ese viraje es el que creo que esta nueva generación no sabe cómo sostener.

Creo que no sabe cómo sostenerlo más por desesperanza que por falta de deseo. Lo que esta generación ha visto es que en el matrimonio, el amor, no sobrevive a largo plazo, y eso frustra. Amar es una inversión alta, inviertes tiempo, sentimientos, vulnerabilidad, das acceso a otro a tu mundo interno, confiesas secretos, expectativas, complejos, dolores e inseguridades, inviertes también exclusividad, -en el mayor de los casos aún-, dejas de estar libre para otros posibles compañeros de vida y de futura reproducción, -si es lo que quieres-, y eso es un costo alto hasta desde el punto de vista evolutivo. Si a esta apuesta le sumas que vivimos en un mundo cada vez más diseñado para nuestra individualidad, en donde pensar en coordinarse con otro, -y sí, la palabra para mí es coordinarse, tener que unirse de modo armonioso- es peor que una tragedia, pues entiendes que ésta sea una elección insostenible. La manera como hemos concebido la idea de independencia y autonomía, pináculo de nuestros ideales actuales es incompatible intrínsecamente con lo que demanda el amor para poder existir; vínculo, coordinación, y por qué no decirlo, a veces renuncia.

Esta renuncia está tan mal entendida como mal comprendida me parece la idea de la independencia y la libertad. Estamos atrapados entre la elección imposible por la aparente magnífica autonomía versus la horripilante cárcel de las relaciones. Y, como lo dice Zygmunt Bauman en Amor Líquido:

“A TRAVÉS DE LA EXPERIENCIA DE OTROS LECTORES, RECICLADA POR LOS COUNSELLORS, LOS LECTORES SE ENTERAN QUE PUEDEN INTENTAR ESTABLECER “RELACIONES DE BOLSILLO”, QUE “SE PUEDEN SACAR EN CASO DE NECESIDAD”, PERO QUE TAMBIÉN PUEDEN VOLVER A SEPULTARSE EN LAS PROFUNDIDADES DEL BOLSILLO CUANDO YA NO SON NECESARIAS. O DE QUE LAS RELACIONES SON COMO LA RIBENA: SI SE LA BEBE SIN DILUIR RESULTA NAUSEABUNDA Y PUEDE SER NOCIVA PARA LA SALUD -AL IGUAL QUE LA RIBENA, LAS RELACIONES DEBEN DILUIRSE PARA SER CONSUMIDAS-. O DE QUE “LAS PAREJAS ABIERTAS” SON LOABLES POR SER “REVOLUCIONARIAS QUE HAN LOGRADO HACER ESTALLAR LA ASFIXIANTE BURBUJA DE LA PAREJA”. O DE QUE LAS RELACIONES, COMO LOS AUTOS, DEBEN SER SOMETIDAS REGULARMENTE A UNA REVISIÓN PARA DETERMINAR SI PUEDEN CONTINUAR FUNCIONANDO. EN SUMA, SE ENTERAN DE QUE EL COMPROMISO, Y EN ESPECIAL EL COMPROMISO A LARGO PLAZO, ES UNA TRAMPA, QUE EL EMPEÑO DE “RELACIONARSE” DEBE EVITARSE A TODA COSTA”

Pero no sólo es la cuestión de tener que elegir a un otro para relacionarse y entrar en la supuesta nefasta decisión de cerrar otras puertas, sino que también hay un elemento innovador; la velocidad. Bauman nos regala este otro fragmento: “Tal vez como lo señaló Ralph Waldo Emerson, cuando uno patina sobre hielo fino, la salvación es la velocidad”. Creo que no se pudo haber dicho mejor, cuando la calidad no ayuda, buscamos consuelo en la cantidad. Si las relaciones y compromisos no tienen sentido, no hay que buscarlas, ni decirlo a viva voz en una reunión social en donde todos están tan a la moda con la independencia y el descompromiso. Si las relaciones ya no son confiables y probablemente no duren, entonces cambiemos la pareja por “las redes”. Una vez hecho esto, “sentar cabeza” es más difícil pues no se tienen las habilidades para hacerlo, así que seguir en movimiento se vuelve una obligación. E incluso, si antes mantenerse en movimiento entre un compañero sexual y otro podría ser una experiencia gozosa, ahora también comporta el desgaste de un deber agotador. Para ver que la confusión y la incertidumbre que la velocidad ahuyentarían, aún sigue ahí. Como dice Bauman, “la facilidad que ofrece el descompromiso y la ruptura a voluntad no reducen los riesgos, sino que tan sólo los distribuyen, junto con las angustias que generan, de manera diferente”. Así que ahora podemos atrincherarnos en nuestra estrechura de miras compadeciendo, entre amigos y cocktails, a esos honestos y vulnerables “necesitados” de relación en un mundo de veloces conexiones y desconexiones. Pero por otro lado, ¿cuántos hay que quieren amor pero ya no saben cómo conseguirlo en un mundo que los mira mal por necesitarlo?

Emma Sánchez

Publicado por Emma Sánchez

Mg. Psicología Clínica y Guía certificada de "Baños de Bosque" (Shinrin Yoku). Trabajo en construcción de resiliencia, autoestima y manejo emocional a través de la naturaleza, el arte, el mindfulness y el minimalismo emocional.

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