La trampa de la pasión

Es una de las frases más escuchadas en nuestros tiempos. “Encuentra tu pasión y síguela!” “Trabaja en lo que te apasiona!”, “Busca tu pasión!” etc. Y cuando socialmente tenemos un discurso que supone un cambio de paradigma, pero que además también es aprovechado de forma salvaje por la industria del marketing, se merece al menos que interpongamos unos cuestionamientos. Esto de buscar la pasión viene de lo aburrida que estaba la sociedad de las anteriores generaciones con la vida tan organizada y llena de esquemas cuadriculados y convencionales que los metían a todos en sacos del “deber ser”. Entonces obviamente, como quien sale de un mal matrimonio en el que no puede hacer nada, luego se desata y quiere hacer todo con su libertad. Dentro de toda esta confusión humana, el marketing ha hecho de las suyas porque nos ha ofrecido ideas específicas de lo que debe ser esto de “encontrar la pasión”, lo cual se vuelve como buscar el santo grial. Esta imagen tiene filtros espectaculares y hermosas fotografías de playas o lugares de aventuras, digital nomads en pinta viajera riendo sin haberse lavado el pelo, emprendedores con tiempo para vivir (porque el trabajo de oficina sí que se parece a un mal matrimonio), y así, todos confundidos, hemos iniciado una búsqueda como exploradores ciegos en el terreno de nuestros talentos y deseos para ver si alguno se corresponde con esta anhelada pasión, nos toca la fibra tan fuerte como se supone debe ser, o nos hace tener la perseverancia maníaca de los emprendedores exitosos que hoy dan charlas en TED o que seguimos por redes, auténticos incansables apasionados que parecen mantenerse en un orgasmo larguísimo que ya no sabemos si no tenemos por malos amantes o porque no estamos diseñados para semejante cadena de logros, todos proviniendo de la bendita pasión inalcanzable.

Paul O’Keefe, profesor adjunto de Psicología en el Yale, quien participó en un estudio sobre la pasión, nos dice que “los seres humanos suponemos que nuestras pasiones o intereses solo necesitan ser ‘encontrados’ o revelados. Además, creemos que al descubrirlos estarán desarrollados por completo”, pero advierte que esto es una tontería. “Según esa lógica, al dedicarnos a nuestra pasión, la motivación debería ser inagotable y la tarea debería parecernos relativamente sencilla”, señaló. ¿Van viendo la trampa de la “pasión”? Nos hace creer que la cosa es fácil, que si voy a seguir mi pasión que podría ser la actuación de teatro, o el skateboarding, ya debo tener los talentos y capacidades adecuadas, y que simplemente por el hecho de que soy “super apasionado”, las cosas seguro se me van a dar.

Cinco estudios examinaron teorías sobre el “interés”, o pasión, categorizando la forma de pensar de las personas en dos: está la idea de que los intereses personales son relativamente fijos (teoría fija), o la de que se desarrollan (teoría de crecimiento). Se encuentra que las personas que siguen la teoría fija son más propensas a desalentar o moderar intereses que estén afuera de los intereses ya existentes para la persona, y también son más propensos a desconectar la motivación de su pasión cuando el camino de las pasiones se encuentra con obstáculos que no se pudieron anticipar. Por tanto cuando se vuelve difícil comprometerse con un nuevo interés, la motivación languidece significativamente en las personas que tienen esta idea “fija” de la pasión, en contraste con los que tienen una perspectiva de crecimiento, quienes estarían dispuesto a encontrar nuevas pasiones, y además a comprender que ellas crecen y se perfeccionan con un trabajo que toma tiempo. Por esto, según los autores de estos estudios, apurar a las personas a encontrar su pasión puede hacer que ellos “pongan todos los huevos en la misma canasta pero luego boten la canasta entera cuando se vuelve difícil de cargar”. (https://www.ncbi.nlm.nih.gov/pubmed/30188804)

Entonces así se nos va complicando el tema que parecía de solo cerrar los ojos y explorar en tí mismo para encontrar el santo grial que después de esto te sacaría de todos tus problemas en un camino “placentero” directo al éxito. Pues no, porque tener una pasión no significa que seas bueno para eso, o al menos “bueno” al nivel de perfeccionamiento que te requeriría un mayor éxito en la materia. Y “Si por naturaleza no somos buenos para algo, es muy fácil ponernos una etiqueta y convencernos de que sencillamente no servimos para eso. Si conservamos esta mentalidad de impotencia aprendida hasta nuestra edad adulta, cuando no conseguimos algo al primer o segundo intento, creemos que es mejor claudicar”. Es por esto que pongo el énfasis en “placentero”, y más aún diría que muchas veces asociamos “placentero” con “fácil”. Cuántos de ustedes tienen un interés que les encantaría desarrollar pero al pensar que “no son buenos naturalmente”, es decir que no tienen el talento, o que les implicaría un proceso displacentero e incómodo de aprendizaje, lo abandonan porque supuestamente la pasión a la que deberían dedicarse es algo que ya debe estar más desarrollado, más completo.

Así que tendemos a internalizar ese miedo intenso de ser muy malos para algo y no poder hacerlo, y ese miedo nos impide disfrutar las dificultades y batallas por lo que son en realidad: elementos necesarios y sanos de cualquier proceso de crecimiento para alcanzar el éxito. Pero si piensan en ustedes cuando eran niños y estaban aprendiendo a caminar, se darán cuenta que tal como todos los niños se cayeron miles de veces, y hubo unos padres o adultos alentándolos a seguir, y ustedes, tal como los demás niños, se volvieron a poner de pie con una sonrisa emocionada cada vez que dieron un paso, hasta su siguiente caída. Si de niños hubieran tenido esta mentalidad fija, o limitada en las pasiones, o esta idea de que para invertir emocional y físicamente en algo se debe tener la garantía de ser bueno para que salga rápido y fácil, pues ninguno de ustedes hubiera aprendido a caminar, o a hablar, o a montar en patines.

Entonces, como dice Varda Konstam, otra teórica que analiza los problemas de los adultos emergentes que en sus 20s están enfrentándose a su mundo laboral y además a esta imperiosa necesidad de encontrar la pasión, para así “autorrealizarse”. Pero ella nos pone sobre la mesa que el impedimento para esta realización es asociar la pasión a la idea de perfección. Si las separas, tal vez puedas perseverar mucho más, desalentarte menos, permitirte explorar más pasiones y por tanto abrir tus caminos, y volverte a levantar sonriendo como el niño que YA fuiste y que se volverá a caer solo unos pasos más adelante.

Publicado por Emma Sánchez

Mg. Psicología Clínica y Guía certificada de "Baños de Bosque" (Shinrin Yoku). Trabajo en construcción de resiliencia, autoestima y manejo emocional a través de la naturaleza, el arte, el mindfulness y el minimalismo emocional.

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