El rechazo al llanto: Una idea que ha cobrado vidas sobre un acto que nos salva

¿Cuál es la función de que lloremos? ¿De dónde viene la idea tan esparcida en nuestra sociedad de que “llorar es debilidad”?

Una profesora de psicología clínica una vez hizo un chiste sobre el proceso de habilitación de su consultorio por parte de los estamentos de salud pública, los cuales indican que todo recinto de atención de salud debe tener una papelera verde, una gris y una roja, para desechar residuos orgánicos, papeles y por último, deshechos biológicos. Esta profesora se reía diciendo que para qué tendríamos nosotros que tener tanto esmero en papeleras si el único residuo biológico que sale de un consultorio de psicología son los mocos. Y sí, los mocos que vienen con el llanto son el material biológico más significativo de un proceso terapéutico, y para mí, -aunque se rían o les asquee-, algo que DEBE salir en una terapia igual a como en una cirugía sale sangre. Solo que aquí el responsable de tirarlo a la papelera al terminar la cita es el paciente. No sé por qué, pero a mí me da mucha felicidad observar ese acto de la persona de soltar ese despojo, respirar, acomodarse, sonreír (si se logró una buena sesión) y salir al mundo otra vez. Es como si el consultorio fuera él mismo el abrazo de una madre, una vasija contenedora de líquido que se desborda, de vapor emocional que necesita salir, y esa intimidad ofrece un lugar seguro. Afuera, en la calle, otra cosa se espera de nosotros. Allá no está bien visto llorar, o genera una sensación abrumadora en los demás, quienes no podrán guardar silencio y correrán a decirnos alguna frase que terminará en “no llore”. ¿Por qué? ¿Por qué aplacar el llanto?

El llanto es una capacidad compartida por humanos y mamíferos, es decir, por las especies más evolucionadas de este planeta. Un bebé humano y un mamífero joven lloran para lograr la proximidad de la madre, el apoyo y la protección que necesitan. En esa protección reside prácticamente toda la base psicológica del ser humano. Pero si esta necesidad humana es tan valida y necesaria, ¿por qué el llanto es nombrado entre los adultos como un símbolo de debilidad que se reprocha en muchos casos? Hay una narrativa con la que aún hoy siguen llegando muchas personas al consultorio -y no solo hombres, que bien sabemos que han cargado el peso terrible de no habérseles permitido llorar por muchos siglos como muestra de hombría-, sino mujeres también que repiten una y otra vez que en momentos críticos deben ser “fuertes” y por tanto no derramar ni una lágrima. Y a mí esta narrativa, esta forma de expresión que representa tan bien nuestra creencia y marco social que nos ha restringido emocionalmente, me golpea mucho en el corazón porque yo misma cuando pequeña creé una identidad personal y familiar de fortaleza y valentía que me impedía llorar. Aún recuerdo a mi mamá sanándome una herida a mis 6 años aproximádamente, mirándome extrañada y diciéndome: “Emma, si te duele puedes llorar”. Esa frase me la tuve que repetir muchas veces cuando adolescente pues ya no soportaba el dolor emocional y mi sentido de vida se iba marchitando. Hasta que poco a poco fueron saliendo lágrimas y mocos mezclados con palabras atragantadas que me inundaron, y que con ayuda de mi propia terapeuta, lograron tumbar a fuerza de agua esa vieja identidad de muro que había construido para defenderme.

Por esto, por una parte el llanto ha sido visto como un síntoma de tristeza, pero para expertos en el tema como el Dr. Vingerhoets de la Universidad de Tilburg, éste es disparado por un rango de sentimientos que pueden ir desde la empatía y la sorpresa hasta la rabia y el dolor, y a diferencia de esas mariposas en el estómago de los enamorados que son invisibles a los ojos, las lágrimas son una señal que los otros pueden ver. Pero si lo pensamos por un momento, la gran mayoría de las personas no se siente cómoda llorando frente a otros, llorar es un acto que requiere cierta intimidad. Es un acto que nos acerca a nuestros seres queridos que son quienes en realidad nos pueden ofrecer el apoyo y protección que en dicho momento necesitamos. Por esto alguna gente puede llorar frente al terapeuta, porque éste le hace una promesa de empatía incondicional. Es decir, es un lugar de no ataque en el que la persona puede permitirse su vulnerabilidad.

Buscando sobre el tema, me preguntaba por la historia de nuestra significación sobre el llanto como debilidad. En un artículo de la Revista Times en donde se recopilaban algunas ideas del dr. Vingerhoets, también me quedó más claro que alrededor del año 1.500 a.c., la gente pensaba que las lágrimas se originaban en el corazón. En el Antiguo Testamento se describen las lágrimas como un resultado del debilitamiento del corazón que se volvía agua. Posteriormente en el tiempo de Hipócrates, se pensaba que la mente era la que generaba las lágrimas. Una teoría de 1600 decía que las emociones, en especial el amor, calentaban el corazón, lo que generaba vapor de agua que luego se condensaba en la cabeza y escapaba como lágrimas. Es en 1662 que Niels Stensen, un científico danés, descubre que la glándula lagrimal era el punto de origen de las lágrimas. Es ahí cuando los científicos empiezan a pensar en posibles beneficios evolutivos que podría tener este fluido extraño. Para Stensen en realidad las lágrimas solo eran una forma de mantener el ojo hidratado, pues muchos científicos -bastante racionales-, como Darwin, no le vieron un sentido evolutivo al llanto.

Pero afortunadamente mucha agua ha corrido de esa época a la actual, y la evidencia es contundente en soportar nuevas teorías. Una es que las lágrimas disparan el vínculo social y la conexión humana. Mientras que muchos animales han nacido totalmente formados, los humanos llegan al mundo sintiéndose vulnerables y físicamente poco equipados para lidiar con todo por su propia cuenta. Nos volvemos más capaces de lidiar física y emocionalmente con el mundo a medida que maduramos, pero los adultos siempre van a tener que enfrentarse a nuevos retos y crisis y por tanto emociones de vulnerabilidad, que son las que precisamente alimentan el proceso de aprendizaje y re aprendizaje que nos hace evolutivamente superiores. Como lo señala Johathan Rottenberg, un investigador de la emoción y profesor de psicología de la Universidad de South Florida, “llorar es una señal para ti mismo y para los otros de que hay algún problema importante que está, al menos temporalmente, más allá de tu capacidad de afrontamiento”. Las lágrimas también muestran a los otros que somos vulnerables, y la vulnerabilidad es critica para la conexión humana. El profesor emerito de la University College London, Michael Trimble, señala que “las áreas neuronales del cerebro que son activadas al ver a alguien emocionalmente alterado son las mismas áreas que se activan al sentirnos emocionalmente alterados nosotros mismos”. Concluye que “debe haber existido algún punto en el tiempo, evolutivamente, en donde las lágrimas se convirtieron en algo que automáticamente desata empatía y compasión en otro. De hecho, ser capaz de llorar emocionalmente, y ser capaz de responder a ello, es una parte muy importante de ser humano”.

Otras teorías menos reconfortantes, consideran que llorar es útil para manipular a los otros pues tiene un efecto de poder en los demás, que puede neutralizar la rabia y por esto es tan común en las peleas de los amantes, particularmente cuando alguien siente culpa y desea el perdón del otro. Tal vez la una no niegue la otra. Todos los humanos también tenemos la capacidad manipulativa a través de muchos comportamientos, no solo el llanto.

Pero algo definitivo es que el “buen llanto” lleva a la catarsis. El llanto tiene un efecto positivo de mejora del estado de ánimo, por tanto es una manera efectiva de recuperarse de un fuerte shock emocional. Por tanto, las lágrimas son, como Vingerhoets dice: “de extrema relevancia en la naturaleza humana. Necesitamos llorar porque necesitamos otras personas“.

Tal vez el origen de la actitud social de rechazo a las lágrimas tiene que ver con la herencia de modelos de comportamiento social de una civilización y cultura de la guerra, de la rudeza, del patriarcado. En donde el poder se gana con fiereza y las emociones de “necesidad” o vulnerabilidad se volvieron sinónimo y equivalentes de inferioridad. Así pues, otra creencia enraizada en nuestra forma de relacionarnos con nuestras más hondas emociones termina teniendo un impacto en trastornos emocionales de mucha gravedad hoy en día como la depresión, la ansiedad, las múltiples formas de mecanismos de defensa, la baja autoestima, las dificultades en nuestras relaciones, la incapacidad para saber regular y manejar las emociones, porque ¿cómo podríamos hacerlo si aún nos criticamos internamente por sentirnos vulnerables?.

Ayudémonos a llorar por favor y seamos empáticos con nosotros y con los otros para poder ser vulnerables sin que sea tan mal visto.

Por Emma Sánchez

Publicado por Emma Sánchez

Mg. Psicología Clínica y Guía certificada de "Baños de Bosque" (Shinrin Yoku). Trabajo en construcción de resiliencia, autoestima y manejo emocional a través de la naturaleza, el arte, el mindfulness y el minimalismo emocional.

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